Me llamo Raquel, soy psicóloga, viajera, conversadora y buena oyente. Me gusta el chupe de camarones, las frutas en la mañana, los animales, el mar y las montañas, la compañía y la soledad también. Ahora empiezo un nuevo viaje, sin mapas ni brújulas, pero con muchas ganas y algunas recomendaciones de amigos.
Será un viaje de descubrimientos de "afuera" y de "adentro". Un viaje en el que se tiene que confiar en extraños, escuchar nuestra intuición y estar abiertos. Un viaje donde todos estamos invitados, para quienes tienen ganas y todavía no se deciden...
En Amritsar conocí a dos mujeres, Ivonne y Sanmia. Ambas viajaban solas entre 5 y 8 meses en India. ¡Qué grande es este pais! Hicimos muchas cosas juntas. Fuimos a la piscina, visitamos los museos, los parques y compartimos tambien la comida... uhm!!!! En especial, la comida del Free Kitchen del Golden Temple.
No hay mesas ni sillas, solo unas alfombras muy largas que sirven para sentarte con las piernas cruzadas, porque si dejas los pies relajados o las piernas estiradas, viene alguien a "corregirte". Bueno, así en filas van pasando los voluntarios para servir el agua, el chapatti, el arroz y el dal (menestras), de verdad muy rico y sano también. Aquí no hay tiempo para conversar, es un lugar para comer e irse, porque afuera hay otro grupo grande de personas esperando.
Como sea, estuve muy curiosa de ver cómo preparaban todo, así que me hice voluntaria por un día. Fui al área de cocina para la preparación de los vegetales. ¡Oh no! Tuve que poner mi paciencia a prueba con la pelada de ajos que me mandaron, los más chiquitos que he visto en toda mi vida. Y a eso añádele el hecho de tolerar las risas descaradas de mis compañeras tambien. Finalmente, una de ellas me dijo el secreto, remojarlas en agua. ¡¡¡Eureka!!!
Luego me encontré a Ivonne en el área de lavado de platos. Claro, esa era la bulla que escuchaba todo el día en la calle. Habían cientos o tal vez miles de platos apilados y listos para ser utilizados por el siguiente grupo de comensales. Al otro lado estaban los sucios y, para lavarlos, se habian organizado tres canales. Cada uno contenía una fase del lavado (agua-jabon-agua otra vez) y luego volver a apilarlos. Pero más allá de la tarea de lavar y -claro, hacerlo con rapidez- era interesante vivenciar el ánimo y el entusiasmo contagiante de la gente que estaba allí, de verdad fue muy reconfortante.
Más tarde me fui a los hornos donde preparaban el chapatti. No fue tan difícil, era cuestión de amasar y hacer los pancitos que se apilan y se llevan en canastas al salón. Y al otro lado vimos cómo hacian el "dal". Oh, daba la impresión de una fotografia a escala de una zona desértica tomada desde un avión. Olía muy bien. ¿La razon? Era una olla enorme cocinándose en leña. Nunca vi tanta leña junta y menos unas ollas y utensilios tan grandes, parecía una cocina hecha para gigantes.Hola Raquel!
Es muy interesante seguir tu viaje desde tu blog! Contigo veo una parte de la India que no vi cuando estaba alla... Gracias!
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