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Teatros y Teatreros

Alonso Alegría

Alonso Alegría

Tengo 51 años de teatrero, soy hijo de novelista y de pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio, y sigo estudiando y enseñando teatro, en Artes Escénicas de la PUCP y en mi taller personal.

Escribo teatro lo más que puedo, soy buen amigo de mis buenos amigos, hago caminata por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago bromas y escribo piezas sobre la muerte, trato de ser justo, me compro pleitos cual kamikaze, caiga quien caiga —y con frecuencia quien cae soy yo – y en este blog diré lo que pienso y todos harán lo mismo.

CENANDO CON LOS MEJORES ACTORES DEL MUNDO

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COMENTARIO DE ALONSO ALEGRÍA

Hay una escena, en el primer acto de CENANDO ENTRE AMIGOS, que me puso los pelos de punta. Un matrimonio se acaba de separar. Entre ellos se arma, en su propio dormitorio y sin saber bien cómo comenzó, una bronca tan fuerte que casi los lleva al mutuo asesinato. Pero la rabia se convierte en sexo. Sexo sin ningún amor, por supuesto, y de eso se trata la obra: del amor conyugal y del sexo conyugal, del desgaste de las parejas y de la libertad dentro de la pareja. Y también de la amistad entre parejas de casados, y de lo que pasa con las amistades cuando un cuarteto de dos parejas se convierte en dos dúos casi independientes.

Donald Margulies (1954), el dramaturgo norteamericano, se ha ganado el Pulitzer con esta pieza. Lo merece, porque su obra ilumina profundos y escondidos niveles de la realidad de los seres humanos. La pieza nos cuenta cómo, cuando aparecen la separación y el divorcio, el proceso de reconciliación con la nueva realidad no sólo atañe a la pareja separada sino también a la pareja más amiga. Y nos deja muy claro que, dentro de una pareja, hace falta mantener viva la ilusión sexual --sí, el sexo es muy importante-- y la sinceridad y la inmediatez en la comunicación. Hace falta tocarse físicamente sin reparos ni dobleces, y decirse la verdad en toda circunstancia. Entre otras necesidades del amor, por supuesto, tan imperiosas como --con frecuencia-- desatendidas.

Simplificando mucho, contaré que una de las parejas es conservadora y formal. Y la otra pareja se ha separado: Tom (convincente y emotivo César Ritter) ha encontrado otra mujer, con la que llegará a consolidar una relación a todas luces mejor que la que tenía antes. Y pensamos esto pese a que su esposa Betty (maravillosa Vanessa Vizcarra) es una bella y buena mujer que nos cae muy bien. La pareja de los amigos que comprenden todo, salvo cuando no comprenden nada, son Gabriel (Fabrizio Aguilar descarnado y sutilísimo) y Karen (Sandra Bernasconi llena de conmovedoras aristas).

Todos los personajes son amables, con todos ellos podríamos pasar felices un fin de semana largo, todos tienen las mejores intenciones, aquí nadie es malo, menos aún hay un 'malo de la película', y sin embargo... ¿qué pequeña virtud, qué tolerancia mínima, cuál sutil comunicación personal estuvo ausente del matrimonio de Tom y Betty para que pudiera irse al diablo, pese a diez años de apariencias de felicidad? ¿Cuál es el secreto de las relaciones entre Tom y su nueva pareja, esa mujer --antigua amante-- que parece estar haciéndolo más feliz que nunca? Y si uno ya está doce años casado, como Gabriel y Karen, y no piensa separarse, ¿puede acaso tolerar bien la felicidad alcanzada por el mejor amigo, alcanzada a costa de la ruptura de su matrimonio? Porque ahora Tom está más feliz que nunca, con una nueva pareja, y también su exesposa Betty está a punto de casarse. ¿Es que acaso sólo con un segundo matrimonio resulta posible ser feliz? La idea se le mete a Gabriel. Y no es una idea feliz.

En fin, de éste y mucho más material tan inflamable como íntimo está hecha esta bella pieza que se está dando en el Teatro de Lucía. Con los mejores actores del mundo bajo una dirección experta.

La frase 'son los mejores actores del mundo' se me vino a la cabeza mirando la escena en la que Tom (Ritter) casi mata a Betty (Vizcarra) sobre la cama. Estar mirando ese escenario era estar viendo la realidad de la vida cruda y peluda, tal como es, en toda su terrible complejidad. La magia y el bien que hace el teatro está en que logra que estas terribles y complicadas circunstancias se vuelvan comprensibles y analizables --sin dejar de ser profundamente turbadoras y emocionantes. Y de todo esto son responsables los actores, que nos convencen totalmente de que los personajes están vivos y viviendo lo suyo delante de nuestros ojos. He dicho muchas veces que los actores peruanos son los mejores del Mundo --o por lo menos del mundo hispano. Esto para mí estuvo más claro que nunca anoche, al mirar CENANDO ENTRE AMIGOS.

Para aún mayor virtud, esta obra no reparte recetas para alcanzar la felicidad conyugal, poniéndose del lado de alguien. La pieza --como toda buena pieza-- argumenta los dos lados de la ecuación con la misma verdad, idéntica firmeza. Y al final sentimos que somos demasiado frágiles, que el amor conyugal es casi un milagro, y que de la vida y del amor no sabemos absolutamente nada.

La dirección de Roberto Ángeles es sabia precisamente porque no es perceptible para los ojos. Conduce al elenco a través de escenas de extremo realismo con mano muy segura, logrando el ideal de todo director serio: que parezca que son los personajes, y no el director ni menos los actores, quienes hacen y deshacen por cuenta propia, sin que parezca nunca que un director que les ha sugerido nada. Por cierto Donald Margulies, el autor, es el primero en desaparecer, y lo hace porque este texto no parece haber sido escrito por nadie, sino más bien parece estar siendo inventado en el fragor de la batalla por los propios personajes. Esto, y no otra cosa, es el buen teatro, y Ángeles lo pone a manos llenas sobre el escenario del Teatro de Lucía.

También logra Ángeles un montaje impecable, usando a la perfección el minimalismo multiuso de la muy elegante y apropiada escenografía en tonos de blanco del experimentado y muy artista Carlos Mesta. La iluminación, el vestuario y la utilería no pueden ser mejores.

Conmovido, encantado e iluminado por este espectáculo quedé. CENANDO CON AMIGOS estará hasta el 22 de octubre en el bellísimo Teatro de Lucía, preciosa y muy elegante bombonera teatrera de gusto impecable que ha aparecido, para nuestro bien, frente al Teatro Británico, y viene haciendo teatro del mejor, todo gracias al tesón y el empeño de la Irurita y de sus dos bellísimas Bernasconis. Gracias a ellas y al espectáculo por una velada conmovedora y luminosa.

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