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Teatros y Teatreros

Alonso Alegría

Alonso Alegría

Tengo 51 años de teatrero, soy hijo de novelista y de pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio, y sigo estudiando y enseñando teatro, en Artes Escénicas de la PUCP y en mi taller personal.

Escribo teatro lo más que puedo, soy buen amigo de mis buenos amigos, hago caminata por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago bromas y escribo piezas sobre la muerte, trato de ser justo, me compro pleitos cual kamikaze, caiga quien caiga —y con frecuencia quien cae soy yo – y en este blog diré lo que pienso y todos harán lo mismo.

UN VERSO PASAJERO es un interesante presagio

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Gonzalo Rodríguez Risco es un dramaturgo bien formado y ahora ya maduro que, hace nada menos que diecisiete años, escribió su primera obra.  Esta es Un verso pasajero, drama que ahora dirige nuevamente  el director del estreno de entonces, Carlos Acosta.  El montaje ha comenzado a verse en El Olivar de San Isidro.  

Gonzalo me cuenta que, salvo algunos detalles cuya melodramaticidad lo molestaban (¿quién no es melodramático de chico?) no ha querido variar en nada el texto original, escrito de manera totalmente intuitiva hace casi dos décadas, cuando de teatro él aún no sabía nada.  

Por otro lado Carlos Acosta (director del montaje original) me confía que no recordaba casi nada de aquella puesta, y que por ello --y porque los tiempos y los espacios han cambiado-- éste es un montaje totalmente nuevo y distinto.  

Interesante contraste, del que se desprenden más preguntas que respuestas, por supuesto.  

El meollo de la obra es éste: Un inteligente joven ha sufrido un accidente de tránsito que lo ha dejado en coma.  En su cuarto de la clínica, adonde está postrado desde hace tiempo, toda su familia --padre y madre, hermano menor y hermana púber-- le va contando sus más íntimos secretos, confiándole a este hermano e hijo que no escucha, todo aquello que jamás le confiaría si acaso pudiera escuchar.   Sólo que el hermano en coma sí puede escuchar, y a veces comenta --hay saltos de realidad-- lo que cada quién le va revelando y que jamás pensó --ni hubiera querido-- saber. 

Como resulta natural en una primera pieza, esta obra es perfectamente perfectible como dramaturgia. Y como también es natural en una pieza escrita hace casi dos décadas, la obra contiene dilemas que eran muy fuertes en ese entonces, pero que ahora resultan algo blandos.  

Que un jovencito gay de dieciocho años se angustie por su circunstancia y por tener que enfrentar una prueba de sangre es algo que podemos compartir ahora igual que entonces.  Que un padre se vea abrumado por los costos terribles de la clínica y por su precaria circunstancia laboral y económica es una situación dramática perdurable a través de las décadas.   

Pero que una niña de quince años --quince añazos-- revele hoy que ya no es virgen no puede afectar a nadie, menos aún descomponerla totalmente a ella misma.  Que la madre/esposa revele que, a los tres años de casada y en un momento de inseguridad conyugal, ella se hizo practicar un aborto, ya no nos afecta en lo esencial --luego su vida siguió adelante, ella tuvo dos hijos más, de esa experiencia sólo le queda el mal recuerdo y la culpa, que hoy parece relativa. 

¿Debió Rodríguez Risco modificar los dilemas de sus personajes para que su pieza tuviera más eco en nosotros hoy en día?  ¿Vale la pena presentar la primera versión de un texto ya envejecido pero no todavía clásico?

Mi muy controvertible opinión es que Gonzalo debió reescribir la pieza, reteniendo su muy útil y significativa premisa, pero modificando por lo menos algunos de los dilemas que los personajes enfrentan.  Quizás así la obra hubiera reverberado en nosotros como merece --y como seguramente en su momento reverberó. 

Pero aún admitiendo que Un verso pasajero es una obra en parte 'anticuada', el hecho es que tiene suficiente interés.  La escritura contiene muchos momentos muy acertados, los personajes están bien desarrollados y la circunstancia es productiva de apasionantes situaciones.     

Que con su primerísima obra este autor no haya llegado a más resulta natural.  Este primer texto revela muchos de los puntos ciegos y temores dramatúrgicos típicos de los autores que recién se inician.  

Pero que con su primerísima obra este autor haya llegado a tanto resulta sorprendente.  Hoy podemos ver Un verso pasajero como un presagio de lo que el dramaturgo Rodríguez Risco ahora es. 

Las actuaciones, de Luis Alberto Urrutia, Lilly Urbina, Willy Guerra, Vera Castaño y Carlos Mesta, son todas muy apropiadas, y la dirección de Carlos Acosta le da al espectáculo el toque de modernidad que esta obra 'vintage' necesita.

En EL OLIVAR de San Isidro, de jueves a domingo a las 8 pm.  
2 comentarios

Fuií a ver la obra en su estreno, y literalmente quedé impactado por el guión y las actuaciones. La temática a mi parecer siguen siendo actual, quizá ya no tan controversial como antes y aún así funciona. Carlos Mesta, Lilly Urbina y Luis Alberto Gutierrez hacen una excelente labor, al igual que los juveniles Willy y Vera. No puedo dejar de decirle que siento que su reseña es un resumen de la obra, quizá sin tantos detalles del trama podría ser igual de objetivo! Muchos saludos y nos vemos obviamente en el teatro!

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Gracias por su bonito comentario! Efectivamente, las actuaciones de todos son buenas. ¿He hecho un resumen de la obra? Fue sin querer, y solamente porque no de otra forma podía yo comentar la obra, si lo comentable era precisamente su historia! No deje de escribirnos! AA

Estimado Alonso,
Me gustó la obra en su contenido y puesta en escena. Me pareció interesante y original la propuesta, un accidentado en coma que en paralelo está muy lúcido y que es el detonante para una catarsis familiar.
Discrepo en que se pueda considerar anticuada y se tenga que reescribir, por los 17 años de “antigüedad”. Aparte de que hay bastantes ejemplos de obras antiguas que siguen teniendo vigencia, no me gustan las obras que son “actualizadas”, sean o no clásicas. Así tendríamos a Cyrano de Bergerac hablando en prosa y otros malos ejemplos que no quisiera ni siquiera imaginarlos.
De otro lado, en mi humilde opinión, creo entender que la obra trata no de los grandes problemas de la sociedad, que si pueden verse ridículos si los sacamos de su tiempo, sino mas bien de los pequeños grandes dramas familiares, que si tienen vigencia. ¿A qué quinceañera, perder su virginidad, no es este un hito en su corta vida?. ¿A qué madre no le es traumático abortar?.¿A que gay no le cuesta actualmente aceptar su homosexualidad?. Todos estos “pequeños” dramas son efectivamente, en la sociedad actual, casi el pan de cada día y ya nadie se ruboriza, porque en los noticieros y en las películas tiene que verse sangre, violencia, travestismo y matanzas con ametralladora para que podamos asombrarnos.
De alguna manera esta obra rescata al individuo o a la familia común y corriente, de este auge de todo lo social, sino mire como las famosas redes sociales todo lo banaliza.
De las actuaciones todas me parecieron excelentes. Solo la madre del accidentado decayó en su monologo, pero me parece que fue por su voz un poco apagada o el volumen alto de los efectos de video y sonido.
Saludos,
R. Rey
P.D. Fue un gusto saludarlo personalmente en el estreno de la obra.

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Pero una cosa es un clásico de verdad antiguo como Cyrano, estrenado a finalitos del Siglo XIX, y otra es una obra estrenada hace 17 años. No son comparables! Gracias por su comentario! AA

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