RSS

Teatros y Teatreros

Alonso Alegría

Alonso Alegría

Tengo 51 años de teatrero, soy hijo de novelista y de pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio, y sigo estudiando y enseñando teatro, en Artes Escénicas de la PUCP y en mi taller personal.

Escribo teatro lo más que puedo, soy buen amigo de mis buenos amigos, hago caminata por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago bromas y escribo piezas sobre la muerte, trato de ser justo, me compro pleitos cual kamikaze, caiga quien caiga —y con frecuencia quien cae soy yo – y en este blog diré lo que pienso y todos harán lo mismo.

LA FIACA ES UN ÉXITO GRANDE DE UNA PIEZA MAESTRA

Compartir:
Es una maravilla el segundo acto de LA FIACA, comedia dramática del argentino Ricardo Talesnik que hace poco estrenó Plan 9 en el Teatro Larco.  Es con este acto que las actuaciones llegan a su perfección, los sucesos se encadenan sin pausa alguna, los personajes nos llevan con ellos adonde quieren y las sorpresas van en aumento hasta llegar a la gran sorpresa final --sorpresa total pero que procede de una lógica perfecta-- dejándonos muy satisfechos y al mismo tiempo con ganas de más.  

LA FIACA es una obra de primera que vale la pena verse sin esperar un día.  [SIGUE]

El primer acto también es interesante, por cierto, pero su desarrollo se extiende un tanto, los personajes se reiteran un poco, se pierden alguito en un juego de situaciones estables que entretiene, por supuesto, y que está muy bien planteado y actuado, pero que no alcanza la vertiginosa velocidad del segundo acto.  ¿Hubiera valido la pena cortar?  Quizás.  Pero si el primer acto se miró un poco el ombligo y en algo se mordisqueó la cola, lo hizo sin daño y para deleite nuestro.  Y para dejar paso a un segundo acto que quita el aliento y satisface totalmente.

Todo comienza un domingo por la noche cuando a Néstor Vignale se le ocurre no ir a trabajar el lunes.  Y duerme feliz, despierta feliz, y le anuncia feliz a su esposa que no se moverá de la cama.  ¿Es que está enfermo?  No, no, está perfecto, lo que pasa es que está con la fiaca, con la flojera, con ganas de no ir a la chamba, nada más.  La esposa quiere avisar al trabajo que el empleado más cumplido y obediente de la empresa no acudirá ese día, pero Néstor se lo prohíbe terminantemente: avisar sería como pedir permiso, y eso arruinaría el gusto de hacerse la vaca, de contravenir el sistema, de tomar una decisión libertaria de manera totalmente independiente.  ¿Es que acaso Néstor está loco?  No, para nada, está con la fiaca.  ¿Volverá al trabajo?  Más adelante, seguramente.  ¿Y hoy?  Hoy no, porque está con la fiaca.  Y con la fiaca se queda Néstor más allá de lo esperado tanto por su esposa como por El Sistema, que acusa el golpe hasta un extremo insospechado, insólito, casi absurdo pero, por supuesto, totalmente verosímil.  Y contundente. 

Después del momento final el público arranca a aplaudir con el mayor entusiasmo y luego se queda conversando largo --esto me consta-- acerca de los momentos felices y decidores de la pieza, de sus implicaciones y de sus deleites.  Una experiencia teatral plena, por cierto, para cualquiera que guste de un teatro tan lleno de risueñas sorpresas como de ideas.  

Demás está decir que el montaje también es de primera.  Es perfecto el casting, y son perfectas las actuaciones de Óscar López Arias como Néstor, Karina Jordán como Marta, Grapa Paola como La Madre, Lucho Cáceres como Peralta y como Jáuregui (hace los dos papeles), así como la pequeña e inmejorable actuación de Pedro Olórtegui como el definitorio y autoritativo Gerente General Señor Balbiani.  El decorado (de época: la acción transcurre en 1970) está perfecto y el vestuario y la utilería son totalmente apropiados.  

Giovanni Ciccia ha dirigido la obra con absoluto buen gusto y exquisita precisión, comprendiendo hasta el último detalle del texto para ponerlo sobre el escenario con imaginación, claridad, gracia y eficacia extremas.  Esto no me extraña para nada, por supuesto, pero es siempre una satisfacción presenciar el desarrollo de un artista de primera agua. 

Es ahora, es hoy más que evidente que en Plan 9 --en David Carrillo / Gionanni Ciccia y su muy profesional y comprometido equipo-- tenemos un elemento de primera aportando de manera constante y sostenida al desarrollo del teatro peruano y de su público.  El repertorio que ponen en escena jamás flaquea (puede gustar o no gustar, pero es siempre interesante), los elencos que congregan son siempre de primera línea y los montajes que nos presentan son siempre eficaces, apropiados y expresivos.  Sin Plan 9 el panorama del teatro en Lima luciría un bello y alto edificio menos.  

Mis felicitaciones reiteradas, entonces, para estos artistas y también, cómo no, para BBVA BANCO CONTINENTAL.  Desde hace años --desde las épocas de la Biblioteca Nacional-- estos banqueros vienen siendo sus principales auspiciadores, acompañando y apoyando a Plan 9 a través de vacas gordas y también flacas.  Hay alguien, o quizás algunos  en ese buen banco que saben muy bien lo que hacen cuando de apoyar al Teatro se trata.   Felicitaciones para todos, entonces, deseándoles el público inteligente, risueño, comprometido y numerosísimo que merecen.  

* * *

3 comentarios

Alonso,
Aún no he visto la obra pero me comentan que en la reseña no mencionan su estreno en Lima, que justamente recuerdo haber ido cuando tenía unos 10 años a inicios de los años 70 en el Teatro Felipe Pardo y Aliaga. Los protagosnistas eran Enrique Victoria y Anita Martinez. Guardo un especial cariño por esta obra que fue una de las primeras que ví y fue como parte de un curso del colegio Claretiano, así que fuimos en mancha a verla, lo cual creo que finalmente fue un error, porque juntar muchachos de 10 a 12 años en un teatro serio fue contraproducente. Mis compañeros se reían mucho viendo a Enrique Victoria en cama, sin ganas de ir a trabajar, hasta que en un momento Enrique Victoria se sentó en la cama y se dirigió al público para llamarnos la atención. Esto lejos de calmar a los muchachos los hizo reir mas.
Saludos,
R. Rey

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Efectivamente, tengo recuerdo de que se presentó este montaje con Enrique Victoria, que no pude ver --o no recuerdo haber visto. Interesante su comentario sobre las masivas invasiones de escolares al teatro, que rara vez terminan bien. No culpo a los alumnos sino más bien a los organizadores, pese a que el reto de mantener atento a un grupo grande de estudiantes es tremendo. Varios grupos pequeños de distintos colegios parece ser la voz, para no querer matarlos desde el escenario! Gracias por su contribución. AA

Me complace ver su Blog de vuelta con nosotros. Mucha falta nos hacía. Tuve ocasión de verlo en la función sabatina de La Fiaca y fue agradable encontrar su opinión en Perú 21. Aunque tengo un punto de vista, algo diferente si me disculpa. Es cierto que La Fiaca es una obra que merece ser recomendada, pero creo que el primer acto (que es casi de una hora) es muy bueno y me gustó más que el segundo acto (algo menos de una hora). A mi me interesa la idea detrás de la obra como abogado (pero no laboralista): ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?.
¿En qué momento de nuestras vidas, la necesidad de subsistir hace que matemos al niño que llevamos dentro? ¿Por qué es tan fácil confundir "madurar" con envejecer"?
Si me preguntan, uno de los momentos más felices de la obra es cuando los dos colegas de trabajo bailan y juegan. El espíritu de la obra está allí. En un tiempo de "Indignados" en todo el mundo es muy fácil interpretar la obra en una clave social (cuán poco hemos avanzado ¿o cuánto hemos retrocedido? en el respeto y la dignidad debida a los trabajadores) aunque me parece que el autor no quería que pasemos por alto el peligro de la monotonía que fácilmente nos atrapa cuando nos hacemos mayores. Me gustó tanto la obra que vencí mi fiaca para opinar aquí e incluso me animé a comentarla en mi blog personal. Ahora creo que me voy a la camita porque hace frío y tengo más fiaca que nunca.

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Muchas gracias, doctor Mendoza Luna, por un comentario tan bien escrito, preciso, acertado y lleno de humor. Me alegro que discrepemos, al parecer, solamente en el énfasis que le damos a un acto respecto al otro. Por otro lado, es muy natural que la profesión le de forma a nuestro gusto personal.

Y le cuento, a manera de chiste teatral, uno que circula mucho en Estados Unidos: se dice que cuando por primera vez se presentó LA MUERTE DE UN VIAJANTE en Hartford, Connecticut, el público de esta ciudad, que muy mayoritariamente estaba compuesto por gente de seguros, salía del teatro comentando "Muy buena la obra, pero... ¿la viuda habrá cobrado ese seguro?

Muchas gracias nuevamente por su contribución y, por favor, ¡no se pierda! AA

Estimado don Alonso:
No sabe como me divirtió la anécdota de los vendedores de seguro. ¡Porque me venció el abogado interior y empecé a verle las consideraciones jurídicas al asunto! Al extremo que olvidando la fiaca que tengo para escribir otra cosa que no sean soporíferos (pero redituables) escritos legales, me animé a comentar la Obra... en un Blog Jurídico.

Hablando un poco menos formalmente, me parece que la obra nos toca a cada uno de manera distinta. Eso es lo maravilloso de una obra de arte. Admite varias interpretaciones. No todos vemos a La Gioconda de la misma manera (y mucho menos los miopes como yo o la Hermana Wendy Beckett).

Agradezco sus palabras y sus entusiastas comentarios a las representaciones teatrales limeñas.

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Qué simpático comentario de un abogado aficionado al teatro! Tengo a por lo menos DOS abogados profesionales en mi Taller PRIMAVERA, y estoy contentísimo de que así sea. Y efectivamente, la sensibilidad de cada persona es particular y muy personal, y una obra tiene que ser muy buena, pero igual presionar ciertos resortes universales, para que le guste --siempre un poco más o un poco menos-- a casi todo el mundo.

Steven Spielberg, el más exitosos cienasta del Siglo XX, ha declarado que él de ninguna manera tiene la clave del éxito. Que lo que le pasa es que hace las películas que a él le gustan, y tiene la inmensa suerte de que algunas le gusten a mucha gente. Spielberg no intenta, como hacen los publicistas, descubrir y estudiar el gusto del público para adecuarse a él y darle lo que quiere. Esa es la clave del fracaso. Para tener éxito el artista corre riesgos como creador y se atiene a las consecuencias. La inocencia del creador es fundamental.

Gracias por su agudo y divertido comentario. No deje de escribirnos! AA

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.