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Teatros y Teatreros

Alonso Alegría

Alonso Alegría

Tengo 51 años de teatrero, soy hijo de novelista y de pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio, y sigo estudiando y enseñando teatro, en Artes Escénicas de la PUCP y en mi taller personal.

Escribo teatro lo más que puedo, soy buen amigo de mis buenos amigos, hago caminata por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago bromas y escribo piezas sobre la muerte, trato de ser justo, me compro pleitos cual kamikaze, caiga quien caiga —y con frecuencia quien cae soy yo – y en este blog diré lo que pienso y todos harán lo mismo.

ROJO de JOHN LOGAN en LA PLAZA

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El sábado pude ver ROJO, del norteamericano John Logan  en LA PLAZA-y-punto.  Es que LA PLAZA ya no es LA PLAZA-ISIL, es simplemente LA PLAZA, porque el ISIL y LA PLAZA se han separado amigablemente.  Para LA PLAZA tener una identidad clara e independiente es importante al comenzar una nueva etapa de crecimiento. Y por otro lado, el ISIL, empresa sensible a las necesidades de la comunidad, buscará otras vías de proyección que se acerquen más a su visión de empresa. Y miren ustedes que los alumnos de ISIL conservarán durante este año los beneficios que tenían con LA PLAZA.  Dicho esto, vamos al estreno.  

ROJO es una muy premiada obra que describe la relación entre Mark Rothko, el gran pintor abstracto-expresionista norteamericano -- y un joven pintor a quien él ha contratado como asistente.  
Esta relación, vertical al inicio, se va horizontalizando, como era muy de esperarse, hasta que el joven le pone el pare al genio y le hace ver un par de cosas importantes.  Esto sucede al final.  En el camino aparecen (como señala un crítico norteamericano) la obligatoria Confesión del Gran Secreto del Pasado* (un momento estructuralmente innecesario) y la obligatoria Gran Pelea Entre Maestro y Pupilo, que...  

Pero en  fin, no voy a contar el final.  El caso es que fui a ver ROJO, con Alberto Ísola y Rómulo Assereto en La Plaza y, de entrada, me pareció que sería un buen montaje de una obra interesante, si bien un poquito intelectual.  Luego me fui dando cuenta de que la obra estaba evidentemente escrita por alguien que no tiene, ni ha tenido nunca, mucho contacto con grandes artistas de verdad. Comenzó a cargarme la manera como Rothko hablaba de sí mismo y de sus obras.  Lo hacía convencido de su propio tremendo significado filosófico como persona (ojo: su propio significado como persona), y también, por supuesto, del significado filosófico y hasta teológico de sus obras.




El joven pintor (su asistente, que se llama Ken) le sigue esa onda.   Y dale con hablar de Nietzsche y de la relación de El origen de la tragedia con la pintura en general y las pinturas de Rothko en particular, y dale con Rothko hablando de sus pinturas como si fueran personas conscientes, como si estuvieran vivas, pero sobre todo como si significaran mucho más de lo que significa una obra de arte, cualquier obra de arte, desde las de Miguel Ángel hasta, pues, las de Rothko y más acá.



Mi problema es que yo sé cómo conversan acerca de su propia obra los genios famosos, los grandes pintores, los premios Nóbel, los supremos intérpretes, los Rubinsteins de este mundo.  Los he escuchado.  No conversan como conversa este Rothko de mentira.  No se dan tan suprema importancia.  No aparentan --quizás porque no tienen-- esa extraordinaria e inverosímil lucidez respecto a si mismos y a su obra (lucidez de ensayista o de crítico) que aquí Rothko exhibe.  Puede ser que los artistas escriban ensayos sobre su propio arte con gran riqueza de conceptualización.  Pero su conversación no está llena de Profundos Conceptos.  Los genios antes hablan de plata, de deporte, de comida y de mujeres que de las teorías de Schopenhauer y de Freud con relación a su propio trabajo.  Tanta ostentación intelectual se la dejan los genios a los artistas jóvenes y/o mediocres cuando son entrevistados en la televisión y tratan de lucirse pretendiendo estar totalmente seguros de sus propósitos artísticos, y totalmente lúcidos respecto a lo que su obra significa.  

Mientras más geniales son los artistas, más incertidumbres tienen y más se preguntan qué podrá significar y cuánto podrá durar el arte que están haciendo.  Nunca he escuchado a un gran pintor (ni a ningún otro gran artista) vaticinando en serio (no como metáfora) que sus cuadros (sus obras) se acompañarán entre sí en el futuro, o se susurrarán mutuamente consuelo.  Y menos los he escuchado preguntarse, angustiados, si sus obras habrán de perdonarlos cuando ellos hayan muerto.   

"Son sólo pinturas" dice Ken...

Gracias a Dios, llegado a este punto máximo de la autocomplacencia de Rothko, la obra comienza a entrar en razón.  El joven Ken inicia una contraofensiva del sentido común, que acaba causando en Rothko un par de válidas reflexiones y llevándonos, con éxito, al final de la pieza.  Y quedamos, cómo no, contentos de la dramaticidad alcanzada por la obra cuando llega a plasmar  una verdadera confrontación, que es cuando la verdad, la verdadera verdad del arte verdadero, queda al descubierto.  Ese arte que mientras más grande es, se toma cada vez menos en serio.  

Alberto Ísola está, como siempre, magistral, aunque pude escuchar por breves momentos (esa seguidilla de tipos de rojo) palabras que salían de la memoria de Alberto y no del cerebro encendido y del corazón intenso de Rothko. Lo mismo es cierto con Rómulo Assereto, quien también se luce en esta obra para dos actores en la que ambos personajes tienen igual importancia.  

El decorado está perfectamente a la altura de cualquier decorado de La Plaza y algo más, por lo bien resuelto que ha sido el tema de la indispensable reproducción facsimilar, en tamaño natural, de los tres o cuatro cuadros famosos de Rothko que aparecen en escena.  

ROJO es, en fin, un  trabajo teatral importante que interpreta  una obra eficaz y de buenas intenciones.  La obra --para mi gusto-- es imperfecta por pretenciosa, pero llega a pisar tierra para convertirse en lo que, en el fondo, quiere ser: un comentario veraz acerca de un importante pintor moderno y del contexto artístico y humano en el que le tocó vivir.  

***
*Yo por cierto tengo, en el NIÁGARA, mi propia Confesión del Gran Secreto del Pasado (la historia de Carlo y el ferrocarril), sólo que la mía está estructuralmente integrada: lo que Carlo confiesa es parte de lo que motivaría a Carlo a hacer el cruce.  Vale decir (usando términos técnicos) la confesión de Carlo es 'concéntrica' a la Acción Dramática, que por cierto es 'cruzar el Niágara (juntos)'. 
4 comentarios

Alonso,
Fui a ver ROJO. Antes de entrar a la sala, ya me imaginaba que iba a ser algo parecido a la obra ART, es decir la discusión, casi sin sentido, de lo que en gustos y colores la gente nunca se pone de acuerdo, aunque en ART, el tema de fondo era la amistad.

En ROJO, el tema central si es el arte. Bueno, y aparte de lo previsible para mí que era la eterna discusión de gustos y colores, creo que en ambos casos lo rescatable es la asombrosa capacidad del teatro de representar una historia, aún en casos como La Fiesta de Cumpleaños, en la que no hay una historia convencional.
En este caso, concuerdo en parte en su crítica al autor de la obra, en el sentido de que no se puede ser filosófico con una pintura, a menos que quiera fanfarronear. Pero quizá Rothko, si era un fanfarrón y así lo tomé yo en la obra, pero no se me pasó por la cabeza que el autor no conocía a artistas de verdad. Otra explicación para mí era que Rothko, a pesar del encargo de pintar para un gran restaurante, estaba en decadencia o como algunos artistas plásticos, estaba medio chiflado y Ken era su “pie a tierra”, que inicialmente se subió al coche de Rothko, quizá para aprender, pero que al final lo hizo aterrizar.

Por lo demás, las actuaciones y el escenario fueron impecables.
Saludos, R. Rey

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: muy interesante y apropiadísimo su comentario. Es cierto que el verdadero Rothko puede haber sido un gran fanfarrón, y puede ser cierto que efectivamente hablaba de su propia obra de esa manera tan autosuficiente, pero en la obra el joven Ken cae en esa trampa e incurre en esa charla llenecita de interpretaciones abstractas. Esto es lo que menos me convence.

Quizás el autor piensa que los grandes artistas hablan así entre ellos. Pero en cualquier caso hay una 'actitud crítica' de la obra respecto a esto.

Esa actitud podría estar encarnada por Ken, ahora que lo pienso. Ken podría mantener, desde temprano en la obra, una visión crítica de todo este floro artístico de Rothko para luego, en el momento preciso, bajarlo a tierra y decirle, entre otras cosas, que es un vendido y un iluso al creer que podía convertir el Four Seasons en un templo para el arte. Ken lo cuestiona muy tarde en la obra y ese cuestionamiento es quizás lo que yo desearía que hubiera desde temprano.

El problema es de la escritura, por supuesto, pero quizás la dirección podría ayudar en esto: todo estaría en la actitud de Ken respecto a Rothko.

Visto de esta forma, el tema central no sería el arte, como usted señala, sino más bien la integridad del artista: 1) Rothko se ha estado vendiendo, se ha estado engañando a sí mismo acerca del poder y el valor filosófico y ético de su pintura. 2) Ken lo desengaña. 3) Rothko cambia. Fin de la pieza.

Gracias por su perspicaz comentario y hasta pronto! AA

Me gustó tu comentario, sobre todo en aquello del rollo intelectual es de artistas noveles y mediocres. La dupla Isola-Assereto es garantía de una buena obra...

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Gracias! Vaya a ver la obra y coménteme qué le parece. Son buenos actores y la obra sí tiene mucho interés. AA

Como persona no muy intelectual, viendo los comentarios anteriores, digo que me gusto mucho la obra, inclusive la volvería a ver con mis sobrinos para que se culturicen un poco. Me gustaron ambas actuaciones y la escenografía. Me enganché con el dialogo al instante. Ojala los padres llevaran al teatro a sus hijos e incentivaran la cultura, sobre todo que hablan mucho de pintores, autores. Las luces me fascinaron, que tal cambio con la luz blanca en un momento de la obra, me impresiono. Gracias!

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Gracias por escribirnos! Me alegro de que esta obra le haya gustado. Me atrevo a conjeturar que usted no va con mucha frecuencia al teatro, pero tiene usted muy buen gusto. Vaya con sus sobrinos al teatro, y si son pequeños llévelos a La Plaza donde, las tardes de los sábados y domingos, siempre hay teatro para niños de muy alta calidad. Hasta pronto! AA

Hola Alonso, fuimos a ver la semana pasada la obra y simplemente nos encantó. Las actuaciones, muchos de los diálogos (también nos encantó la parte de los tipos de rojos! y el simple "rojo" al final de la obra!! ) y la puesta en escena nos parecieron impecables.

Quería hacerte una pregunta, ¿has visto la obra en otras ciudades? ¿en alguna otra ciudad en español? nos gustaría saber si la puesta en escena local está a la altura de otras plazas más desarrolladas teatralmente hablando. Sería interesantísimo conocer tu opinión como hombre de teatro que ha visto mucho teatro fuera.

un abrazo!

Álvaro

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: no he visto tanto teatro afuera, pero estoy seguro de que los actores peruanos son de primera. Este viernes viajo a Colombia para el Festival Internacional de Teatro, y pienso ver sólo obras latinoamericanas. Creo que confirmaré mi opinión. No hay actores de habla hispana (incluyo los españoles y los argentinos) que superen, como promedio, a los actores peruanos. Los mejores actores peruanos tienen virtudes inimitables, irreplicables que vienen con la raza y la cultura: transmiten verdad con gran sencillez, no fabrican sino que se dejan llevar por la emoción y nunca, pero nunca se disfuerzan. Son así porque los peruanos somos así. Gracias por la interesantísima pregunta. Escríbanos siempre! AA

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