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Teatros y Teatreros

Alonso Alegría

Alonso Alegría

Tengo 51 años de teatrero, soy hijo de novelista y de pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio, y sigo estudiando y enseñando teatro, en Artes Escénicas de la PUCP y en mi taller personal.

Escribo teatro lo más que puedo, soy buen amigo de mis buenos amigos, hago caminata por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago bromas y escribo piezas sobre la muerte, trato de ser justo, me compro pleitos cual kamikaze, caiga quien caiga —y con frecuencia quien cae soy yo – y en este blog diré lo que pienso y todos harán lo mismo.

PREGUNTITAS: ¿PARA CUÁNDO SABERSE LA LETRA?

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El uso común en el teatro de nuestra tierra es que los actores se sepan la letra un par de semanas antes del estreno.  En algunos casos recién se saben la letra la semana misma del estreno.  En casos extremos --son los menos-- no se la saben nunca.  

En cierta época esto último era normal.  Recuerdo haber sido el apuntador personal de Luis Álvarez durante toda la temporada de una obra de época titulada El acusador público, de Fritz Hochwalder, en la que don Lucho hacía el papel principal, que tenía un montón de letra. Recuerdo haberme parado 
detrás de todos los bastidores de tela de ese decorado pintado, buscando el lugar óptimo para soplarle directo al oído a mi maestro.  Que el gran don Lucho no se supiera la letra no nos llamaba la atención.  Esto era tan normal en Lima que las compañías profesionales usaban apuntadores profesionales.

Más adelante (años 70s) me encontré en Alemania nuevamente con el oficio de apuntador profesional, que en Lima ya había desaparecido.  Eran apuntadoras, en realidad, porque en Alemania el oficio de suffleuse ('sopladora' en francés) lo ejercen sólo mujeres --al parecer la voz femenina se presta para ello.  El funcionamiento de los teatros de repertorio de Alemania --casi todos los teatros alemanes lo son-- obliga a los actores a tener cuatro, cinco, ocho personajes en la cabeza todo el tiempo.  No pueden tener todas esas letras totalmente presentes en la memoria y las sufleusses se vuelven tan importantes como en la ópera. 

¿Hay todavía 'sopladores' en Lima?  Sólo durante los ensayos.  El oficio --que no es fácil-- lo ejerce el Jefe de Escena o, de preferencia, el Asistente del Jefe de Escena.  Al principio el actor pide letra --es feo, muy feo, pero de verdad muy mala forma, extremadamente impertinente chasquear los dedos para pedirla-- y la letra poco a poco se le va quedando al actor, hasta que por fin, y a la larga, acaba sabiéndosela.  

¿Dije "a la larga"?  Pues sí.  Porque, mientras que en Nueva York los actores se saben la letra al cabo de la primera de cinco semanas de ensayo, en Lima...  pues no se sabe cuándo se la van a aprender.  Vale decir que no se sabe cuándo el actor tal o cual va a poder comenzar a ejercer de verdad su arte, que es algo que sólo sucede cuando el actor se sabe su letra tan bien, o mejor que el mismísimo Padrenuestro. 

Las tres etapas del trabajo del director
El trabajo de aprender la letra hace que el trabajo del director en Lima se pueda dividir en tres etapas.  

Una primera etapa es muy agradable y consiste del análisis de la obra, con lecturas en mesa del libreto, para luego pasar a marcación sobre el escenario, libreto en mano.  Esta etapa puede durar un mes.  

Luego viene una segunda etapa en la que el Director es testigo de cómo el elenco se va aprendiendo la letra sobre el escenario, repitiendo la marcación, al principio libreto en mano.  Para no sentirse inútil, el Director corrige su marcación un poquito aquí, otro allá, y ajusta alguna actitud de algún personaje o aclara algún malentendido de  motivaciones o voluntades.  Esta etapa, la más larga, puede durar mucho.  Demasiado.  
 
La tercera etapa, que es la etapa verdaderamente artística, es de longitud variable.  Comienza cuando los actores por fin se saben la letra y, normalmente, termina el día del estreno.  A lo mejor se la saben un mes antes del estreno y las actuaciones quedan todas estupendas, porque han gozado de todo un mes completo de verdadero ensayo.  Pero a lo mejor los actores se saben la letra sólo tres días antes del estreno y en este caso... pues que Talía se apiade de ellos.  Y del público también, claro está, porque mucho trabajo artístico, pero artístico de verdad, no pueden haber hecho el director y los actores con sólo tres ensayos con la letra sabida. 

¿Por qué los actores no se aprenden la letra pronto, si sabérsela es la base de su trabajo, el fundamento indispensable de su arte?  Yo tengo una sospecha, que es casi una teoría, pero no la voy a revelar.  También tengo demasiados buenos amigos que son actores.

La receta de Edgard Guillén
Un joven actor se acerca a Edgard Guillén y le pregunta: --Maestro, ¿cómo hago para aprenderme la letra?  Edgard (quien hoy todavía recuerda letra que se aprendió hace cincuenta años) lo mira a los ojos y le dice, totalmente en serio;  --Es sencillo.  La picas bien chiquito... la viertes en una olla pequeña de agua... la hierves y te la tomas.

* * *
5 comentarios

Estimado Alonso,
Es un tema interesante que siempre tengo curiosidad de saber.
Sería bueno que usted también nos de su secreto para aprenderse la letra de un guión. Creo que esto es muy útil, no solo para el teatro, sino también para la vida diaria. He conocido gerentes que no pueden hacer una presentación a un directorio, por ejemplo, no solo por no saberse el tema, sino también por pánico escenico.
En el caso de Cirano, cómo se logró la fluidez del guión en verso. Se aprendió Paul Vega todo de memoria?
Saludos,
R. Rey

ALONSO ALEGRÍA RESPONDE: Paul Vega se aprendió todo de memoria, esto es totalmente indispensable para un texto en verso y Vega es un actor responsable. Por otro lado, no hay que asombrarse de que los actores se aprendan su letra. Y menos hay que felicitarlos por eso. ¡Es su chamba, por el amor de Dios!

El pánico escénico es un síndrome bastante común, pero no creo que sea sólo cosa de gerentes: hay actores que se sienten muy tranquilos en escena representando un personaje, pero que son presas de ese mismo pánico escénico cuando tienen que ser ellos mismos y lo que dicen no es memorizado sino de su cosecha.

Yo no tengo mi secreto para aprender letra, no. ¡Ojalá lo tuviera! Soy muy malo aprendiendo letra, y quizás sea por eso que escribo la letra de otros (escribo obras de teatro) y también dirijo. Gracias por sus muy bienvenidas preguntas y comentarios. Léanos siempre y escríbanos. Hasta pronto! AA

TOTALMENTE DE ACUERDO MAESTRO. SUPONGO QUE LO QUE DIJO GUILLÉN FUE QUE HIERVA EL AGUA, NO QUE LA HIERBA.
A PROPÓSITO, UN CHISTE QUE PASABAN EN LA RADIO, CUANDO LA EPIDEMIA DE CÓLERA: DOCTOR DOCTOR ¿QUÉ HIERBA ME DIJO QUE LE DIERA A MI BEBÉ?. Y EL DOCTOR RESPONDE: QUE HIERVAS EL AGUA, HIJA, QUE LA HIERVAS!

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Tu chiste no es el fin del mundo de gracioso, pero funciona perfectamente y debe haber tenido un fuerte efecto durante la epidemia del cólera. Gracias por el chiste y por tu comentario, Coco Silva y Demás Hierbas. AA

Muy cierto profe, la base de toda buena obra reside en haberse aprendido de memoria los textos y tener un tiempo más o menos holgado para realizar el verdadero trabajo artístico de pulir las escenas, pero quería consultarle algo: en total desde el inicio de la primera etapa, ¿a los cuantos meses antes del estreno es recomendable comenzar con el proceso? Muchas gracias por la respuesta y saludos desde Cusco, en donde la actividad cultural es muy pero muy fuerte...

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: Saludos al Cusco! Gracias por el comentario. No es posible poner un plazo en meses, porque al mes se puede ensayar cinco o cincuenta horas. Pero si lo 'normal' es tres ensayos de tres horas por semana (nueve horas por semana), me parece que con nueve horas por semana durante seis semanas (54 horas) con toda la letra aprendida puede ser suficiente para hacer un buen proceso, si la obra no es demasiado difícil, claro, y hay un montón de variables más, como la importancia del papel, la cantidad de letra, etcétera, pero en fin, no quiero dejar la pregunta sin respuesta. Gracias por el interés y mucha suerte con el trabajo siempre. AA

Estimado Alonso:

Me gusta escrbir obras de teatro, aunque no soy escritor ya que nunca estudié. Y las escrbo porque no me gusta que me dirijan, además improviso demasiado y eso enardecía a mis compañeros y al director. Recuerdo que la primera obra de teatro que escribí, al no saber su estructura, la saqué de un ejemplar de "Ña Catita" que había en el librero de mi hermana. Ahí comprendí que había escenas, actos, etc. y fue toda en verso, escrita del final hacia el principio literalmente (creo que fui el propulsor involuntario y totalmente anónimo de Pulp Fiction )

La pregunta es, Alonso, ¿se puede hacer carrera así ? ¿Es normal? ¿Es sano? Sé que tengo talento para crear, pero hasta Pelé necesitó de una pelota, un club y un equipo para ser lo que fue

Gracias


ALONSO ALEGRÍA COMENTA: No, no se puede hacer carrera así, por tu cuenta. El teatro es un arte grupal, en el que cada quien contribuye su parte, y todos tienen que coordinar su trabajo con el de todos. También el dramaturgo necesita del trabajo de los actores y de un director. Que no te guste que te dirijan y que improvises demasiado sobre el escenario son de verdad malas señales, y tu director y tus compañeros de escena tenían toda la razón del mundo en enardecerse. ¡Yo te hubiera botado del montaje! Creo que tu caso es una de dos: o maduras rapidito y entiendes y cumples las reglas del juego, o te interesas por otra cosa. Suerte! AA

Querido Alonso, y que hay de los actores de reemplazo?
son famosas las historias que a último momento el actor o actriz principal enfermó o no pudo asistir y fue reemplazado por alguien. (Ese "alguien" según las historias románticas termina siendo un gran actor o actriz luego de destacar en esta primera y accidental oporuntidad).
Es que siempre hay "actores de repuesto" que se saben el guión por siaca?
Gracias!

ALONSO ALEGRÍA COMENTA: En los medios más avanzados siempre hay actores de reemplazo, que se saben la letra, que han ensayado (por lo general ensayan con el Jefe de Escena) y que están siempre listos para subir a escena en caso de que el principal no pueda hacerlo.

He conocido a una actriz que era reemplazo de dos personajes en dos obras distintas (ambas en Broadway). Esto no era, ni es, 'legal', pero nunca le sucedió que la misma noche la llamaran a reemplazar los dos personajes. Mi amiga recibía un sueldo por estar disponible todas las noches hasta cierta hora, que no era mucho pero ayudaba.

En nuestro medio normalmente no hay actores de reemplazo. Si Rómulo no puede salir a escena, se cancela la función. En el Teatro Nacional Popular, cuando yo fui director (1971-78), sí teníamos reemplazos, pero todos eran de la misma compañía y funcionaban escalonados. Por ejemplo, en "Hamlet" el Actor-Rey reemplazaba al Rey Claudio, el Capitán Noruego reemplazaba al Actor-Rey, un soldado reemplazaba al Capitán Noruego y que hubiera un soldado menos no importaba demasiado.

Cuando salimos en gira nacional con 'Cuadrando el círculo' (1996) en un teatro rodante especialmente construido, también usé este sistema. Recuerdo que Osvaldo Álvarez reemplazaba a Jorge Villanueva y alguien del coro reemplazaba a Osvaldo. Se debe usar reemplazos siempre que el costo de cancelar una función sea muy alto, y por supuesto que se avisa al público antes del inicio de la función y a quien no quiera quedarse a ver al reemplazo se le devuelve el valor de su entrada.

Los reemplazos son también un gran incentivo para que los actores --todos los actores-- se aprendan su letra rapidito y lleguen a las funciones muy a tiempo. Recuerdo la desubicada indignación de Hudson Valdivia llegando a La Cabaña a diez para las ocho y encontrando a Tito Cacho ya vestido para hacer Claudio. Nunca más llegó tarde --o por lo menos no tan tarde, que yo recuerde.

En el teatro saltar a la fama como reemplazo no sucede mucho, quizás porque cada función --de las ocho que se dan cada semana-- no es todo un evento, como sí lo es una función de ópera o de danza, o un concierto. Muchos cantantes han saltado a la fama reemplazando y el gran Leonard Bernstein saltó a la fama reemplazando a Bruno Walter, el titular de la Filarmónica de Nueva York. Lo hizo a última hora y sin ensayo en un concierto transmitido por radio. Este reemplazo hizo titulares al día siguiente en todos los diarios, convirtiendo a Bernstein en toda una celebridad.

No tengo recuerdo claro de que, en el Perú, alguien haya saltado a la fama con un reemplazo pero, por supuesto, para eso están ustedes, los lectores: para suplir las muchas lagunas en mi información. Hasta pronto! AA

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