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Spain is pain

Francisco Estrada

Francisco Estrada

Ahora que prácticamente me he quedado sin amigos latinoamericanos en España, pues hasta los mismos españoles se están yendo del país, mi inminente nacionalización española solo demuestra que mi amor a estas tierras es sincero (o estúpido, según la perspectiva de cada quién). Soy periodista, músico y bailarín frustrado. Vivo en Barcelona hace siete años, y si bien me siento como en casa, nunca dejo de sorprenderme con lo que sucede en el día a día de esta ciudad. Fui dueño de un bar, donde las historias nocturnas se reproducían monstruosamente como Gremlins y con inevitables consecuencias diurnas. Terminé tan agotado, que tuve que pasar varias semanas en Lima para descansar. Actualmente, me dedico a la música y trabajo en una galería de arte de Barcelona, donde las anécdotas siguen sucediendo, pero más pausadamente.

Si te vi, no me acuerdo

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Por el momento, me gano la vida escribiendo en blogs, lo que me permite trabajar desde cualquier lugar. Yo he elegido la Biblioteca del Clot, ubicada en el muy audaz edificio Disseny Hub Barcelona, el cual me hace sentir en la nave espacial Enterprise, de la serie Star Trek

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La peculiar forma de esta construcción hace juego con la arquitectura del barrio, conocido como "22@" o "Distrito de la Innovación". Sin embargo, como consecuencia de la crisis, la transformación de esta antigua zona industrial en un referente europeo de la tecnología y de la informática se ha ralentizado. Es por ello que algunas de sus refulgentes construcciones se encuentran prácticamente vacías o siendo usadas para fines distintos a las que fueron concebidas. A pesar de todo ello, se puede decir que la superficie es impecable y que las obras avanzan. 

Mi único reparo con esta biblioteca es que, exactamente debajo de ella, está la estación de metro de Glòries. ¿Cuál es el problema con esta parada? ¿Hace ruido? ¿Es caótica? No, en absoluto. Mi inquietud con esta terminal es una mujer que pide limosna de rodillas. Ahora la llamaré simplemente 'N', y la primera vez que la vi en la estación nos quedamos mirándonos idiotizados. Ella es ucraniana y la conocí hace cinco años, cuando me traicionó por preferir creerle a un explotador y no denunciarlo, como sí hice yo. 

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En teoría, los dos íbamos a denunciar a un 'empresario' africano que nos hacía trabajar sin pagarnos y sin papeles. La escena era surrealista, no solo porque éramos una ucraniana y un peruano indocumentados trabajando para un africano casi al lado del templo de la Sagrada Familia, sino porque, paradójicamente, la 'empresa' en cuestión era una revista que defendía los derechos de los inmigrantes y denunciaba los abusos de que eran víctimas. 

Yo escribía en esa revista, y ella era la mejor maquetadora con la que había trabajado hasta ese entonces en Barcelona. Además, dominaba perfectamente el español. La denuncia al 'empresario' aún estaba en pañales y, justo antes de que ella me acompañara por primera vez al abogado, me dijo que prefería quedarse trabajando con el explotador. Yo me indigné y opté por olvidarla hasta que, luego de varios meses, me escribiera un e-mail que apenas decía: "Adivina quién ya no trabaja en la revista". Yo le respondí con un escueto "Felicitaciones". 

Pocos meses después, ese mismo año, la vi saliendo de un lugar que asesoraba a emprendedores. Me explicó que iba a formar su empresa. Su mirada desafiante y gesto corporal semejante al de un banderillero a punto de torturar a un toro, me hizo creer que le iba de maravilla. Me alegré sinceramente y nunca más supe de ella hasta hace dos semanas.

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Ahora, que me encuentro escribiendo en la Biblioteca del Clot y con ella unos metros más abajo y de rodillas, me pregunto qué tan mal puede estar Ucrania. ¿Qué historias ocultas tendrá 'N'? ¿Por qué preferirá ella mendigar acá que estar en su país? ¿Y sus familiares? Recuerdo que tenía un hijo, aunque en su cartón de indigente ella afirma ser madre de tres niños. 

Perú es más desigual que Ucrania, así que su PBI per cápita es más real que el nuestro. Según la Wikipedia, Ucrania produce carros, aviones, lanza satélites y diseña naves espaciales, pero según las noticias que rebota en España el diario El País, la cosa allá está lo suficientemente peluda como para que muchos ucranianos ahora mismo estén luchando para cobijarse bajo el manto de Angela Mérkel y rebelándose contra la tutela del poderoso Vladimir Putin. 

Yo no me atrevo a preguntarle nada, ni siquiera a dejarle una moneda, pues cuando me ve, baja la mirada... Inclusive, últimamente se cubre la boca y la nariz con un pañuelo. Hace frío, pero no es por eso que lo hace. Ahora estoy guardando mi laptop, porque la biblioteca acaba de poner a todo volumen Rock Around the Clock para indicar que todos debemos salir de ahí en diez minutos. Yo me dirigiré a la estación de metro de Gloriès y, como siempre en estas últimas semanas, 'N' y yo haremos como si no nos conociéramos.  

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