Una lagrimita, por favor

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Hacer llorar a la gente es un arte difícil. No cualquiera tiene la fineza de tocar la llaga sin producir escándalo, ni de ahondar en los sentimientos más dolorosos y sacar con fineza una lágrima de la herida. Hay que decir las palabras adecuadas en el momento indicado y, lo más importante, no dejar nunca que te quiten la careta de rufián.

Vampiros

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Hubo un tiempo en el que me decían Vampiro. Y era verdad: me gustaba la sangre.

Para ser sinceros, me gustaba mucho la sangre.

Puro show

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Las mentiras siempre funcionan.

La gente prende su televisor, abre el periódico por las mañanas y solo quiere entretenerse, relajarse. Huevear, en el sentido más peruano [perruno] de la palabra.

Me resfrié en Brasil

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El maestrito tenía 15 años, era un ajedrecista aventajado y se había hecho famoso porque se revolcaba en Brasil con una señorita que le doblaba la edad. Yo, como siempre, todavía era un reportero púber y ansioso, y me había colgado pronto de su fama cuando dije que la señorita era puta y la mostré ebria y quizá drogada, a la luz de un mediodía, en Sao Paulo.

Yo te descubrí

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"Siete años de universidad para que este infeliz me pregunte de quién es ese culo". Eso pensaba un martes de febrero al mediodía. Empezaba el 2008 y yo ya me quería largar: el problema es que no sabía adónde. Lo que sí sabía es que, al menos por un tiempo, quería dejar de hacer cojudeces en televisión. 

Tilsa y yo

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Hace mucho tiempo que dejé de ser periodista.

Yo creo que ocurrió la tarde en la que grabé una sesión de estudio con Tilsa Lozano. Yo tenía 23 años y ella, solo un año más. Yo era reportero de televisión y ella, conejita de Playboy. Ella vendía su cuerpo; yo, mi alma.

"Mamá, papá, los quiero"

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El adolescente todavía tenía la sonrisa de un niño e iba ya como un mes secuestrado. No lo sabía, pero afuera era casi-casi una estrella de rock.

El niño héroe - I

La historia es decadente y El Feo suele contármela solo cuando está borracho [y poco o nada le da vergüenza]. Pues bien, como hoy es su cumpleaños, ayer estaba borracho y me la volvió a contar. En El Bolivariano de Pueblo Libre, yo solo escuchaba sus gritos en mi oído y una horrenda cumbia a todo decibel. El pisco [cinco chilcanos bien cargados] también hacía efectos en mí, así que -por favor- no me pidan que sea preciso con los detalles.

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Acto de contrición

penelope.jpgMe gusta reírme de mí mismo. Me encanta que piensen que soy un rufián. Me divierte que me odien y que me envidien, en ese orden o al revés: da lo mismo. Esa es mi careta en la vida y también [y sobre todo] aquí, en mi blog. Ni yo mismo sé si la disfruto tanto como digo, pero soy así: burlón, cachaciento, irónico y honesto hasta la brutalidad, y contra eso no puedo hacer nada. No me culpen. Si Dios existe, él es el único culpable. A mí solo me toca ser como quiso él [y felizmente no soy Osama Bin Laden].

Aviso de servicio público

Este blog está en reestructuración por voluntad, obra y gracia de su propio autor. Vuelve al ruedo con una justificación para sus escasos lectores el lunes 10 de mayo.