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Resistencia21

Franco Boggiano & Mario Zapata

Franco Boggiano & Mario Zapata

Dos generaciones se unen para instalar la trinchera del metal peruano en Perú21. Resistencia21 ofrecerá información y opinión sobre el pasado y presente de este género extremo que se mantiene activo en nuestro país desde hace 30 años. El periodista Franco Boggiano y el fotógrafo Mario Zapata estarán a cargo del blog, donde también podrás encontrar información sobre el acontecer del metal mundial.

Ataque Metal: el último bastión

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Por Franco Boggiano de las Casas

 

Treinta años no se cumplen todos los días, menos si se tiene en consideración que se trata del festival del metal nacional más longevo, el único que ha perdurado a lo largo del tiempo.


En el ya lejano verano de 1988 se dio la primera edición por partida doble. Luego de la accidentada y suspendida versión en la Universidad Garcilaso de la Vega de la avenida Arequipa (donde solo llegó a tocar Curriculum Mortis), se dio finalmente -un mes después- irónicamente en el Túnel de la Salsa. Por eso la tarde/noche del último sábado y madrugada del domingo era una cita histórica. Dieciséis bandas de todos los estilos y generaciones compartieron escenario con el único propósito de celebrar tan significativo concierto para la historia del metal peruano. Lamentablemente la celebración se vio empañada por la escasa concurrencia. Se podrán elaborar mil argumentos del por qué los headbangers no acudieron a la cita. A la luz de los fríos números y experiencias anteriores (Lima Metal Fest, por ejemplo), ha quedado demostrado que este tipo de formato de festivales (por el número de bandas y que comiencen en la tarde) no están hechos para la idiosincrasia de metalero limeño. Una lástima porque los festivales fueron hechos con bandas de calidad, locales adecuados, buenos equipos, seguridad, etc. 

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Pero vayamos a los 30 años del Ataque Metal. Llegué a las 6 de la tarde cuando empezaba su show Fornix, la tercera banda del cartel. Al frente del escenario un puñado de fotógrafos haciendo su trabajo mientras que el resto del local lucía casi vacío (30 personas a lo sumo). Pese al panorama desolador, Fornix tuvo una buena presentación. Arrancó con La Enfermedad, thrash con músculo, a la vena, que se está convirtiendo en el tema emblema de la banda. Tocaron cinco temas, desplegando mucha energía y actitud sobre el escenario. Cerraron su presentación con Guerra en la parada. 

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Al caer la tarde, llegó el turno a Arsenal. Con un poco más de gente (150 personas). Tocaron Redención, Cabeza de León, No hay futuro (muy acorde para la situación actual que vive el país y la "escena"), El Fin de Nuestra Era, Lo Adverso y remataron con Entre el Bien y el mal. Arsenal sigue promocionando su segundo álbum que está cosechando buenas críticas y en cada presentación dejan todo sobre el escenario. 

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 Entrada la noche, tocó Contracara. Arrancó con Más que ellos y le siguieron Existir para Morir, Manipulado... cerrando con broche de oro su performance con En Nombre del Mal. Concierto a concierto la banda demuestra su consolidación. La solidez de los hermanos Bogani en las guitarras, el corazón que le pone Teddy en la batería y la madurez de Sara Monzón como front woman, ha hecho de Contracara una de las propuestas más sólidas de la escena. Lo único criticable fue una frase que soltó la vocalista -que no vale la pena repetir- que en lugar de abonar a la buena reputación de la banda, solo contribuye al machismo que impera en la escena. Un consejo, hasta de un conejo. 

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Luego llegó el turno de Fallen Symmetry. Una de las mejores apariciones de los últimos años en la escena. Melodía, pasión, técnica, fuerza. Desfilaron Renacer en la tormenta (temón), Reflejos de la ilusión, entre otras, cerrando con El Último Despertar, otra gran canción que mantiene viva la llama del heavy metal como dice su vocalista. La noche se tornó violenta, grotesca y gutural con Desvirginizagore. El intro con los gemidos de una fémina dieron paso al brutal death gore metal. Bajo la arrolladora batería de Joe Hoyle (Anal Vomit) originaron los primeros pogos de la noche. Brutalidad y gore sin descanso. 

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Siguió el thrash de Estigma. Con nuevo guitarrista ante la sorpresiva salida de Koko Rengifo y el regreso de Paul Pinto en la batería, se mostraron afilados y atacaron con Revenge para luego dar paso a los clásicos de siempre: Sordid tale, Internal Violence, Hellgarden y Hatred Land. Demoledores!!! 

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Con las pulsaciones a mil, subió Sepulcro al escenario y nos transportó a finales de los 80s, principios de los 90s. Ellos junto con Hadez fueron las únicas bandas que tocaron en el primer Ataque Metal del 88. Sin duda el ingreso de Renato Lozano (batería, ex Armagedon) y César Moran (bajo, ex Necropsya) le han dado solidez y contundencia a esa base rítmica thrashera ochentera. Arrancaron con Vengeance, tema que le da el título a su nuevo álbum, demostrando que Sepulcro no ha perdido la esencia que lo ha caracterizado siempre, buenos riffs, temas largos, pogueros, que rozan el crossover por la voz de Miguel Huamán. Tocaron canciones de sus primeros demos como The Final Sweet y Sepulcro. 

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El pico más alto de la noche llegó con M.A.S.A.C.R.E, tanto por la respuesta del público como por la performance de la banda. Los pioneros del heavy metal en el Perú arrollaron desde que pisaron el escenario. Destilaron con fluidez y contundencia Hasta el final, Sombras de la Humanidad, Tiempos Oscuros, Morir de Pie, En el Infierno, rematando con el himno del heavy metal local: Fuego en el Alma. Los headbangers se entregaron totalmente. Luego de su presentación, una parte del público se retiró del local inexplicablemente. 
Llegó el turno del único exponente de provincias: Mandrágora. La banda de Nuevo Chimbote sufrió una inesperada y sensible baja a último momento. Su vocalista Fátima ingresó de emergencia al hospital y su lugar fue ocupado por Maria Orithya (Strogena), quien ensayó dos horas antes con la banda, y en base a actitud y talento, supo sacar el show adelante. Mandrágora, capitaneados por el bajista, demostraron que no se achican ante la adversidad y nos entregaron una buena dosis de heavy metal. De su corto, pero contundente setlist, destacó el tema Siren. 

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Posteriormente, tocó Blizzard Hunter. Otra banda de la nueva generación que derrocha talento y que demuestra que se pueden hacer las cosas de manera profesional. Óptima puesta en escena, buena técnica, feeling e interpretación, aunque para mi gusto el vocalista -que tiene buen registro- exagera un poco con los saltos (a lo David Lee Roth) y sus movimientos de caderas y hombros. Coronaron su presentación con su tema himno Heavy metal to the vein. 

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Continuó Armagedon, que presentó oficialmente a Jouvet Lavado en el bajo en reemplazo de Giancarlo (ex Orgus). Arrancaron con su nuevo tema Despierta y luego tocaron las canciones de siempre como Armagedon ahora, Nunca digas nunca, Nacido en el pecado y el clásico Déjame Soñar. Buena noche de la banda de los hermanos Guizado, que siempre motivan al público a cantar sus canciones. Entrada la madrugada, subió Necropsya al escenario. Desde el inicio se le notó fastidiado y algo tomado a Gustavo Bermúdez (voz/guitarra). Tocaron temas como Destroyed Youth, Children of the grudge, Mass Suicide pero la cosa empeoró cuando lo conminaron a que tenía que acortar su setlist, y, tras tocar Black River, tiró la guitarra y se retiró del escenario mascullando su bronca. Tranquilo muñeco. 

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El público continuó retirándose del Festiva y Hadez tocó ante menos de 100 personas. Pese a ello, la banda liderada por John Capcha no se desanimó y desplegó una de las mejores performances que le he visto. Tanto Capcha como Luis Guillén volcaron toda la experiencia que dan los años de batalla y dieron un show brutal. Con Oscar Reátegui (Dios Hastío) en el bajo, atacaron con Sodoma y Gomorra, Hadez Attack, La Diosa del Averno y Altar of Sacrifice, deleitando a las pocas pero leales huestes que quedaron en pie. 

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Cuando ya solo quedaban 50 personas -a lo sumo-, se presentó Almas Inmortales. Pese a ello, su vocalista Eduardo Tamariz (también conocido como Lalo Plant) motivó a los sobrevivientes a cantar y a encender esa pasión que hay por su música. Tocaron Patraña Potestad, Falso Monasterio, la Maldición de la Pirámide, Lejos de ti, Gitana, cerrando con Siervo de la Inmundicia. Pese a la evidente falta de ensayo (porque Martín Bazán vive en Brasil y esa noche estaba bastante 'movido'), Almas derrochó esa energía positiva que lo caracteriza, esa aura especial, que junto a sus letras espirituales y positivas, siempre tocan una fibra íntima y conectan con el público. Un cierre muy emotivo e íntimo que me hacen pensar que, pese a la adversidad, seguimos de pie.
 

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