Tengo 29 años y pertenezco a una generación de transición, que pasó de piratear música caleta en casettes a bajarse colecciones enteras por Internet. Soy periodista y dj. Mezclo música en una disco y en fiestas clandestinas. Colecciono sombreros y vinilos.
Del privilegio de haber convivido desde chico con la música de grupos alternativos locales, de haber escuchado en vivo a muchos de ellos y de presenciar el nacimiento y desarrollo de nuevos proyectos independientes de gran calidad, es que nace esta estación clandestina.
Alan Parsons alguna vez dijo que
luego de la experiencia con Pink Floyd, se dedicaría a producir bandas pop. Pop,
un género que muchas veces es estigmatizado como poco elaborado, superficial y
comercial. A pesar de eso, Cristián Heyne, músico y productor chileno, hizo lo propio... sin ningún Pink Floyd
de por medio. Él es el hombre detrás de esta nueva movida musical proveniente del país del sur, que en
los últimos años ha develado nombres como el de Javiera Mena, Denver, Gepe o
Pánico. Conversamos con él, a propósito de su última visita a nuestra capital.
Por Fernando Alayo O.,
UN "LADO B" ABSOLUTO
Heyne no siempre fue productor. Al
final de la dictadura de Pinochet, se encargó del bajo y las letras de la banda
CHRISTIANES, que se hizo conocida gracias a su sencillo "Mírame solo una vez"
(1995), y que terminó disolviéndose en 1997. Paralelamente, integró uno de los proyectos más interesantes de la movida noventera chilena: Shogún. Armado de un portaestudio, una mini consola de audio de 4 canales que utilizó para grabarse, inició este proyecto a mediados de 1993, logrando una suerte de noise electrónico que estaba fuera de todo parámetro comercial en ese entonces.
Al nacer como una propuesta
prácticamente casera (las grabaciones se hicieron en cassetes mezclados por él mismo), los primeros temas aparecieron en
compilaciones independientes como es el caso de "Encuentros Cercanos"
(Background, 1995). Luego, aparecería el primer LP titulado "Disconegro"
(Background, 1996), reeditado posteriormente por el sello EMI, al que vendió
todos los masters originales para regresar a la senda independiente.
Una de las influencias musicales más importantes de Shogún fue la banda chilena Electrodomésticos, grupo que revolucionó la movida sureña de los años ochenta. Al escuchar ambas propuestas se revela esta necesidad por crear lo que uno quiere crear, ya que Heyne se mantuvo ciertamente alejado de la escena creada entonces por La Ley o Los Tres. Integró instrumentos poco convencionales como el Stick y experimentó con sonidos electrónicos, e inició así su carrera como productor musical.
No los vemos en el escenario, pero están ahí. El trabajo del productor es y será fundamental en cada canción, en cada álbum. Heyne lo supo desde que se encargó de producir el material de Shogún, aunque defina esa experiencia como "bastante mala". Tras ese primer momento, se unió a Koko Stambuk para darle vida a Packman, una dupla productiva que lanzó a los conocidos tríos vocales Supernova y Stereo 3. Ya en los últimos años, Heyne se ha convertido en el artífice del nuevo sonido indie pop chileno y es innegable que el país vecino cuenta con una escena independiente por demás interesante con artistas como Javiera Mena, Glup! o Denver. Y él ha estado detrás de ellos, produciéndolos.
LA GASTRONOMÍA DEL SONIDO
Si Perú y Chile y el resto de países latinoamericanos tienen algo en común, es la tendencia a consumir la música que los medios tradicionales promocionan. Aunque la movida independiente va en aumento gracias a la Internet, aún no existe una cultura masiva por consumir producción autogestionada. Esto puede ocasionar que las propuestas innovadoras y experimentales sean muchas veces rechazadas. Heyne siente que la mejor manera de metaforizar el asunto es con la gastronomía peruana. Para él, la fusión es natural en la producción musical y las nuevas generaciones están lanzando propuestas cada vez más creativas y atrevidas. Él no se ha quedado atrás, claro está.
Su última travesura ha sido bautizada como Petro, nombre del perro de su hija. En este proyecto, el animal se encarga de las vocales. Sí, un perro cantante, acompañado de secuencias creadas por Cristián. Una primera canción ha sido editada en un compilado del sello argentino-alemán Cómeme, que además lanzará un EP con tres covers de Joy Division interpretados por la mascota.
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