Tengo 29 años y pertenezco a una generación de transición, que pasó de piratear música caleta en casettes a bajarse colecciones enteras por Internet. Soy periodista y dj. Mezclo música en una disco y en fiestas clandestinas. Colecciono sombreros y vinilos.
Del privilegio de haber convivido desde chico con la música de grupos alternativos locales, de haber escuchado en vivo a muchos de ellos y de presenciar el nacimiento y desarrollo de nuevos proyectos independientes de gran calidad, es que nace esta estación clandestina.
Luego de empeñar su alma en una cantina de barrio y recuperarla en una fiesta patronal, Fausto Orquesta, el combo musical formado por un grupo de amigos, trasladó todo su desvarío carnavalesco hasta la selva de Oxapampa. Antes de convertirse en la gran revelación del festival Selvámonos, conversamos con ellos, a orillas del río. Bienvenidos al aquelarre.
No sé bien qué pudo haber sido. Tal vez la selva y sus fiebres tropicales, quizá algún brebaje psicotrópico, las miles de personas apostadas frente al escenario o las chicas lindas que revoloteaban de un lado a otro como frágiles libélulas. Lo real es que, una vez trepados sobre la tarima del festival Selvámonos, Fausto Orquesta perpetró una descarga musical digna de Sodoma o Gomorra.
Tal vez la calle Ataúd tenga la culpa. Fue allí, en un hospedaje de la inagotable ciudad del Cuzco, que hace tres años, Lucas Rueckner y Juan Pablo Egúsquiza, a la sazón estudiantes de arte, tuvieron un encuentro con Mefistófeles quien los conminó a dejarse de liviandades (o cojudeces, como mejor prefieran) y armar una banda que no solo se preocupara en hacer música, sino que sirviera de caldero de bruja donde todo estuviera permitido: teatro, happening, impro, instalación, etc.
Tras despedirse de un par de alemanas, volvieron a Lima y de inmediato buscaron un lugar para elucubrar lo encomendado. La Fábrica, un espacio que servía de taller para artistas, fue el sitio elegido donde realizaron sus primeros ensayos. Poco tiempo después se unieron Paulo Novoa y Miguel Gistau, en el bajo y la batería respectivamente, y luego haría lo propio José Carlos Velayarse y Juan José Egúsquiza, hermano del guitarrista, en las percusiones.
Con esta formación, y luego de largas sesiones de ron e improvisación, entraron al estudio para grabar su primer disco, el cual aún se encuentra en proceso de edición ya que este año ingresaron a la banda Pedro Nejo, en el saxo, y Gyalpo Miñano, con su teclado Hammond. Es aquí que, en mi opinión, este combo encuentra el amalgama perfecto para el sonido que, en actitud, performa la banda. Una ecléctica y festiva musicalidad donde se mezcla la psicodelia más rockera con la salsa más dura, el desvarío circense con el jazz más elegante, el carnaval andino con el folk gitano de Europa del Este, etc.; es decir, una verdadera orquesta de estilo libre cuyo objetivo es el puro divertimento.
Como bien dice Miguel Gistau en nuestra entrevista, Fausto Orquesta no es una banda, es un grupo de amigos con ganas de joder, haciendo música. Y si bien no existe un antecendente directo en nuestro país, habría que anotar que el espíritu de la música fusión, en su concepto moderno, se puede rastrear desde bandas como El Polén en los 60's, pasando por los Black Sugar en los 70's, Psicosis en los 80's, El Guetto en los 90's y muchas otras más a partir del nuevo milenio. Todo un camino que va tomando forma de tradición.
... Es como el combinado 7 sabores del mercado, donde entra de todo. Es mucho para mi estómago, pero para otros ta' bien. Hasta incluso puede ser popular pero yo paso.
tio muy buena la propuesta de tu blog y el grupo va bien a veces es bueno mandar a la mierda muchas cosas (...) y simplemente lanzarse al ruedo sin importar nada
felicitaciones
solo un dato:
esas voces fingidas deberian dejarlas bien de lado seguramente asi estaria mejor la cosa
un saludo desde cusco
Ellos me parecen autenticos hasta feos salen en sus videos y no se paltean, pero de fondo tienen en la mente los swings explosivos de cada genero y lo saben mezclar redondamente...podrian llegar lejos.
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