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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

'Balada de un hombre común' ('Inside Llewyn Davis')

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No fue nominada como Mejor Película en los premios Oscar, pero 'Balada de un hombre común' supera claramente a todas las que sí compitieron. Es el mejor y más emocionante filme de la temporada.

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Los hermanos Coen parecen haber encontrado una clave: sus mejores películas son aquellas en las que le siguen la pista a un personaje central, cuando la historia gira en torno a un individuo, no a una colectividad. En ese grupo están 'Barton Fink''El hombre que nunca estuvo', la infravalorada 'A Serious Man', y esta, 'Inside Llewyn Davis', que pone el foco sobre un cantante de folk sin éxito.

Y como relato de un músico estadounidense en los años 60, la película no escapa de la fórmula del "sexo, drogas y rock n' roll". Pero le saca la vuelta. Y es que todos estos componentes se vuelcan hacia lo patético: la promiscuidad se convierte en un desesperado intento de aborto; la droga arremete como una ridícula sobredosis en un baño público; y la música le rehúye a este artista tan talentoso como perdedor.

Estamos ante una película mucho más madura dentro de la filmografía de los Coen, narrada en una clave baja en que las habituales cuotas de absurdo e imposibles se insertan de forma más "natural" (hasta donde valga el término en el imaginario de los hermanos directores). Una película donde el humor ya borró su delineamiento con la crueldad y la nostalgia. Por eso, 'Balada de un hombre común' es de las más amargas obras de sus creadores; pero al mismo tiempo una de las menos cínicas, porque no se despoja de humanidad y de esperanza.

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Entre sus diálogos entrampados y repletos de angustia, hay varias fugas, principalmente por medio de la música, con una banda sonora delicada y apasionante que juega como componente fundamental. Y hay también un muy logrado equilibro visual gracias a su soberbia fotografía, de un sepia tenue, de atmósferas vaporosas, de brumas que por momentos se rompen con luminosidades fugaces.

Hay, además, un elemento que parece accesorio, pero que resulta significativo en el desarrollo de la trama: el gato que se le escapa al protagonista es un McGuffin perfecto en la narración y una simbolización de la propia vida de Llewyn Davis en distintas etapas.

Porque primero huye de su hogar (como escapa Llewyn, en busca de nuevos aires); porque luego el supuesto gato reaparece, aunque no se trate del mismo (también como en su caso, hundido en una confusión de identidad); y porque después su figura vuelve como la de una mascota atropellada en plena carretera (en momentos en que nuestro errabundo protagonista alcanza un estado de muerte en vida).

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Finalmente el gato regresa a casa después de su largo periplo y descubrimos que se llama Ulises. Pero más que la evidente referencia al personaje homérico, lo que uno encuentra es una alegoría joyceana. Pues así como en la famosa novela del escritor irlandés -que narraba un día en la vida de sus personajes-, los Coen presentan un breve pasaje en la vida del músico -una semana-, una crónica cerrada y misteriosamente cíclica que dentro de su tedio parece repetirse de forma irreversible.

Y aun así, hay un resquicio de libertad que permite intervenir en ciertos detalles significativos (no dejar escapar al gato, por ejemplo) para que el personaje enfrente a su mundo con otra voluntad, con una renovada actitud. El músico, acostumbrado a lucir su arte frente a audiencias reducidas y rostros impávidos, se reencuentra con la emoción al tocar una canción frente a su padre con demencia senil. Esta es una de las mejores escenas de la película, porque la fuerza expresiva se alcanza a través de sutilezas gestuales.

'Balada de un hombre común' es un retrato ácido de la derrota. Pero también de los bríos emocionales que ayudan a contrarrestarla.

Puntuación: 5/5

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