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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

'El abogado del crimen' ('The Counselor'), de Ridley Scott

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Y si el mal puede durar mil años
es que no necesita a nadie que lo maneje.
-Cormac McCarthy, 'Meridiano de sangre'

Podríamos decir que 'El abogado del crimen' es una película burda y tosca, pero esos adjetivos parecerían denostarla, tirarla abajo. Todo lo contrario. Lo nuevo de Ridley Scott llega a lo más alto, precisamente porque genera incomodidades exasperantes. Paradoja o no, ese es su atributo.

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Uno de los grandes responsables, qué duda cabe, es el autor del guión, Cormac McCarthy, novelista feroz, indómito, rudo. Y eso se nota en el filme: los diálogos discurren con pesadez literaria, son recargados y no esconden su complejidad. Pero qué más da. La dupla Scott-McCarthy no le tiene miedo a ese vuelo verbal, a tratar de definir la crueldad con palabras, aunque su entendimiento resulte inalcanzable.

Allí está lo 'burdo'. Y está también en la sucesión de alegorías evidentes, en los contrastes que saltan a la vista: las chitas desencadenadas y la mujer-felina, hambrienta; la contraposición entre el paraje árido e hirviente de México, y la frialdad elegante europea; la ternura emotiva de la novia contra el erotismo salvaje de la amante.

Scott es desinhibido al plasmar esos símbolos. Es explícito.

Pero detrás de todo eso, los enigmas. ¿Cuán pura puede ser la maldad para arrasar sin compasión a sus personajes? ¿Qué motivaciones pueden tener un hombre o una mujer para zurrarse en cualquier parámetro moral, incluso cuando ni el dinero ni el poder son ejes de sus vidas?

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Los protagonistas de 'El abogado del crimen' viven más en soledad que acompañados, se cruzan solo ocasionalmente; y es más lo que callan y esconden, que lo que revelan. Sus conversaciones llevan siempre un velo, un irónico 'recato' que les impide confesar sus instintos, sus fijaciones y sus miedos, pese a que -o precisamente debido a ello- parecen ineludiblemente podridos por el entorno. "Ya no hay marcha atrás" en el camino que escogieron (o que los escogió a ellos).

Y en ese juego de mentiras y ocultamientos, en ese mundo cáustico y grotesco, no hay lugar para la justicia. La realidad es ya demasiado dura para los hombres, para sus propios creadores, y los últimos intentos por comprenderla se escapan como arena entre los dedos.

Dentro de ese contexto, las reflexiones, las metáforas y la abstracción de los pensamientos están justificadas. Porque si incluso la esperanza ha sido devorada por la violencia, la única e inevitable salvación tiene el nombre de la muerte.

Puntaje: 5/5

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