RSS

Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

Raúl del Busto: "'El espacio entre las cosas' no es una película para intelectuales"

Compartir:
El estreno en las salas peruanas de 'El espacio entre las cosas' -en cartelera desde ayer- debe de ser una de las mejores noticias que ha recibido el cine peruano en los últimos años. Porque le abre las puertas a una propuesta arriesgada, diferente, audaz. Su director, Raúl del Busto, habla un poco de su obra en esta entrevista.

espacio1.jpg

Por Renzo Rodríguez

La historia del cine peruano empieza a existir. Durante los últimos años, destacables filmes nacionales han demostrado que, a pesar de que hacer cine en el Perú es como cazar narval en el desierto, por difícil no es imposible. El talento y la voluntad de gesta han dado valientes y notables resultados.

Este es uno de ellos. 'El espacio entre las cosas' es única, al ser una de las películas peruanas más arriesgadas y la primera de su tipo en llegar a los multicines. Suena increíble, pero es tan cierto como que la pueden ir a ver hoy mismo, y subirse a un filme que es un viaje, una ruptura con todos los modelos cinematográficos que el público nacional está acostumbrado a ver. 

Sobre ella, el ganador de la Palma de Oro en Cannes, Apichatpong Weerasethakul, dijo: "Por momentos sentí que mis sueños saltaban a la pantalla. Es un bello poema de un director joven". La cinta se hizo con una mención honrosa en la competencia internacional del festival Lima Independiente. Además, su estreno en el circuito comercial habría sido imposible sin el premio del Concurso de Proyectos para Distribución del Ministerio de Cultura, en el que resultó ganadora.

Razones sobran para ver 'El espacio entre las cosas', y su director, Raúl del Busto, habló un poco de ellas.

Podemos decir que, literalmente, 'El espacio entre las cosas' nace de las 'Cenizas', aquella película truncada por la absurda dificultad de hacer cine en el circuito oficial del Perú. Para comprenderla es necesario conocer su origen. Cuéntanos un poco sobre ello.
Ahora que lo veo a la distancia, tiene un sentido. El guion de 'Cenizas' que se estaba moviendo de una forma tan positiva, en un momento se comenzó a quedar, y ante esa desesperación es que surge la reacción de hacer esta película. Yo me metí en el cine por el asunto de estar con una cámara, no tanto de pasar tiempo frente a un papel. Estaba perdiendo esa fascinación que me había llevado al cine. Si existiera 'Cenizas', no existiría 'El espacio entre las cosas'. Esta película nace de la frustración del circuito oficial, de festivales y concursos que te van condicionando: correcciones de guion, cómo tiene que ser el tratamiento, y creo que eso mina mucho la visión de un director, que no tiene que ser sustentada de forma racional. Su génesis es mucho más visceral, primigenia, va mucho más allá de la intelectualidad, y creo que 'El espacio entre las cosas' me ha despertado el deseo de enfrentarme a mi oficio como director, sin meterme en líos mentales, vaciándome un poco la cabeza y  sorprendiéndome con todo.

Como director, en contraste a tu trabajo anterior, esta película supone una ruptura radical. ¿Este cambio tiene una motivación personal o es un grito de anarquía contra los modelos del cine y las admiraciones personales? 
Valoro mucho los escritos de Bresson y sus películas, pero en este instante siento que ese es un encorsetamiento. Ser prisionero de una creencia es un límite muy fuerte. De alguna forma, este sistema del circuito oficial y festivales te obliga a tener un orden y parámetros rígidos, y eso le quita una vida muy grande al trabajo, impide el nacimiento del caos. ¿Qué libertad puede haber en el orden? Si ya tienes una idea de qué va a ser tu película, sigue siendo un remolque de lo que es la literatura o el teatro, es un trabajo que ilustra; yo no soy nadie para condenar, pero mi visión no es ilustrar, sino penetrar, vivir la novedad, la sorpresa.
El propósito de este estreno es poner la sala de cine como una cabina de avión, que sea un espacio para llevar al espectador hacia otro lugar, a ese mundo onírico, inconsciente, de las emociones, donde se dejan atrás los condicionamientos. Todas estas creencias: los dogmas del cine, la religión y la filosofía son condicionamientos que aprisionan, porque estás mirando el prisma de otra persona. Hay que vivir las cosas por experiencia directa, llegar a nuestras propias conjeturas: buenas, malas, pero nuestras. Y creo que eso es lo más importante: no ceder ante la creencias de otros. Todo el mundo viene solo, y hay que hacerse responsable de interpretar esta vida, el arte es parte de eso. 

espacio2.jpg

Decía Godard que "el cine no es el arte que filma vida, sino que está entre la vida y el arte". ¿Podría ser este 'El espacio entre las cosas'?
Yo creo que 'El espacio entre las cosas' es la mente, subjetividad, la ventana de acá para afuera. Esta identidad que pretende interpretarlo todo, pero al final no controla nada. La película inicia con una frase de Nietzsche: "Las cosas vienen a nosotros deseosas de transformarse en símbolos". Es un juego de comunicación, un guiño. Se trata de mandar mensajes y que reboten, que esté bajo el prisma de cada quien, pero no hay un mensaje, tú lo encuentras. ¿Cómo una película puede pretender recrear la vida y busca un inicio, un fin y una solución? Eso no lo tiene la vida, así que yo me voy más a ese lado. Podrían decir "tu película es experimental", sí, porque la acción es antes que el verbo: primero vives la experiencia y luego la narras, no al revés. La vida es como un juego de ajedrez que no tiene contrincante, tablero ni fichas. Tú le vas a dar sentido, y eso a lo que apelo en esta película, de manera existencial uno le da sentido a las cosas, y parte de esta existencia es encontrar belleza en cada instante. De cualquier manera, yo siento que la película me hace enfrentarme a eso, es mi manera de existir.

Se podría decir que el espacio entre las cosas es ese momento o lugar donde nada ocurre, porque "las cosas" son el acontecimiento en sí mismo. Pero en tu película esta interpretación convencional es vencida. ¿La estructura antinarrativa de la cinta responde al verdadero sentido de este espacio?
'El espacio entre las cosas' es la presencia, pero para que algo suceda necesitas al observador, esa presencia que lo cuente todo. Lo demás es un pretexto. Mi forma de plantear la película es sentirte partícipe de la experiencia, el fenómeno del observador hace que tu construyas, entonces esta deconstrucción que estás volviendo armar es el espacio entre las cosas. No se trata de que el espectador irrumpa en mi mente, ese es un pretexto, porque en el fondo recurro a cosas más universales, como el miedo a la muerte, el no poder entender las cosas, el saber reaccionar, el miedo al fracaso, el dolor, la locura, el perder el sentido... creo que hay cosas mucho más fundamentales que seguir un arquetipo basado en el paradigma del logro, del triunfo. Yo creo que eso es completamente fútil, pasajero, hay que preguntarse cosas mucho más primigenias como ¡Qué demonios es esto de estar vivo! Estoy hablando contigo, a punto de estrenar una película, pero me doy cuenta de que es un juego, no hay nada serio, rígido. Todo fluye.

En el absurdo cósmico del universo pues nada tiene sentido...
Verlo de ese lado hace que todo sea un poco más fluido, menos serio. Entonces la intelectualidad sobra un poco, si me pudieran acusar de filosofía barata, ¿cuál es la filosofía cara? No sé, díganme.

El espacio es todo lo que existe, dónde todo ocurre y nunca deja de ocurrir, es indomable y hostil para el hombre y su lógica de patrones para sobrevivir. De esto parece haberse dado cuenta el japonés que decide vivir en el aeropuerto, si bien aparece brevemente. Su presencia es fundamental en la cinta. Llegaste incluso a conocerlo. Cuéntanos sobre él y de qué manera determinó el proyecto.
Yo seguí este caso que se dio en septiembre de 2008. Un día estaba en internet y de repente se da esta noticia: un japonés que se había quedado en el aeropuerto de Benito Juárez, en México D.F. En principio parecía igual a 'The Terminal', de Spielberg, donde el tipo está indocumentado y no puede salir, pero este caso iba más allá: el japonés se quedaba por voluntad propia. Tenía dinero, tenía pasaje, pero por ser un espacio público no lo podían botar. La gente le preguntaba "¿por qué te quedas?", y él respondía "porque estoy bien, me siento tranquilo". Esto me llamó mucho la atención, yo veía en este personaje algo del Sattori, el choque emocional o instintivo que lleva al descondicionamiento de la mente, lo que en el budismo llaman la iluminación. Pero la iluminación es instantánea y puede no quedarse ahí.

Entonces yo veía en este personaje algo de eso, sabía que quizá no se ajustaría a lo que yo buscaba, tenía que meter mano a este registro y cambiarlo. Así pasamos del documental a la ficción. 

espacio3.jpg

¿Podrías decir que la carencia de guion es un argumento en sí mismo que se construye sobre la marcha? Si es así, ¿cuál es la dificultad y el valor? ¿Qué aporta al cine?
Creo que parte a raíz de la frustración del guion. Cuando estaba filmando me pareció lindo el asunto de lo absurdo, lo inefable, encontrar algo que esté más allá de las palabras. ¿Cómo explicas el color azul o el agua caliente? No hay manera, es a través de la experiencia, y no se puede expresar solo con palabras porque la estás limitando, parcializando. Sabía que tenía que encontrar una manera distinta. Entonces, al inicio de la película ponemos esta suerte de mandala al que llamo AVNI -"audiovisual no identificado" -, y esa es la cuestión: ¿puede ser una ficción? Sí, pero no convencional; ¿puede ser un documental? Sí, pero un documental onírico; ¿puede ser un ensayo? Sí, pero sobre la mente. De esta manera el espectador está invitado a construir su propia historia, y su experiencia está condicionada a su estado de ánimo, a cómo se levantó esa mañana, etc. Lo que le da una mayor riqueza a la interpretación, y no solo una, sino muchas lecturas.

Estamos frente a una estructura narrativa rota. ¿Cómo crees que asimilará el público esta forma de hacer cine, esta novedad que rompe con todo lo convencional? 
La respuesta que tengo es bien simple: los sueños no tienen un inicio ni un final. Entras a la mitad de algo y te vas a la mitad de algo. Es un viaje al inconsciente, y ahí no dices si te gustó o no, solo pasa. Nos han enseñado que nosotros decidimos muchas cosas, pero el control, la seguridad son una ilusión, no te van a salvar de nada, porque aunque te acomodes no te vas a escapar de ningún lado, vas a tener que afrontar cosas bastante esenciales.

Por su naturaleza, infiero que la grabación de 'El espacio entre las cosas' no fue nada convencional. Todo director tiene ciertos vicios, maneras y rituales durante el rodaje. ¿Cuáles son los tuyos? ¿Influyeron de alguna manera en la cinta? 
Yo me di cuenta con esta película que la función de un director no es ser un controlador, sino ser permisivo. Si bien tú puedes idear algo, esquematizarlo, lo estas encuadrando, lo estás limitando y decidiendo un punto de vista. Pero una vez que ya tienes un cierto esbozo, tienes que permitir que entre el azar, la casualidad, que entre aquello de lo que la vida está construida: la novedad, aquello que pasa y no sabes explicar por qué. Hay cosas que no puedes manejar. Hay que saber agradecer y permitir que entre, capturar el momento. Eso hace que hasta el mismo "error" se transforme en poesía. Es parte de la aventura y es necesaria la aventura al crear. 

Tu película abre una importante puerta al cine "no narrativo", digamos, odiando la etiqueta "experimental". ¿Qué podrías decir para derribar la idea de que hacer cine no convencional es "arrojar todo a un saco y agitarlo a ver que sale"?
La gente se pule mucho en decir "yo soy bien capo porque lo he planificado todo, porque todo está en mi cabeza", de esta manera, como dices "tirarlo todo en un saco y a ver que sale". A mí no me da miedo, yo me he entrenado para reaccionar, no para planificar. Entonces yo salgo a la calle con la mente lo más despejada posible, y en esto sí me he entrenado y me sigo entrenando. Digamos que seré un 'champero' profesional, pero la champa no es tal. La cualidad está en saber cómo fluyes con las cosas, cómo te acomodas, porque una vez que tú trates de hacer fuerza las cosas te van a arrastrar. Si bien la película puede ser muy hermética para muchos, es hacerse líos en vano. Es una película que invita al espectador a que sienta, como cuando escuchas música: no necesitas tener una teoría sobre sonido o citar a Heidegger, lo único que tienes que hacer es sentarte y ver. Es un prejuicio decir "este cine es solamente para gente intelectual". Todo lo contrario: yo creo que está más cercano a una reacción, al hecho de meterte a la sala a soñar un rato, en el sentido más metafórico. Soñar como una especie de descarga, de catarsis. Estás todo el día bombardeado de publicidad y de deseos que te tratan de poner en la cabeza. Trata de divertirte un momento, desengancharte de las cosas, afrontarlas desde tu lado más auténtico. Y ninguna manera será mejor ni peor que la otra, porque será propia. Cuando quieres tratar de jerarquizar, de ver todo de manera vertical es cuando todo se va al diablo. 

Es invitar a la gente a ver algo diferente...
Es la novedad. ¿Por qué no vas a sorprenderte? ¿Por qué siempre jugar en lo predecible?  Es este asunto de no encorsetarse, de dejarse ir, porque no hay de donde juzgar. La palabra que está en la película es una capa más, es descriptiva. El resto es liberación. Este no es un cine para un cerebro frontal. Es para atrás, es para el hipotálamo. Cada quien la va a subjetivizar a su manera. Es tomar la sala como el mundo de los sueños. 

Y de eso también se trata el cine...
Exactamente.

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.