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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

'Invasión', de Hugo Santiago

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Cuando tienes de mentores a Jorge Luis Borges y a Robert Bresson, puedes declararte un artista afortunado o un esclavo de las influencias. Hugo Santiago equilibró esa dicotomía de estilos (y genialidades) y filmó una de las mejores películas del cine argentino.

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'Invasión' (1969), de Hugo Santiago, debe de ser una de las películas más apasionantes de la historia del cine en Argentina. No solo por lo visto en sus dos horas de duración -en las que abundan los detalles precisos y varios aspectos a analizar-, sino, además, por su concepción y las muchas interpretaciones que pueden surgir en torno a ella. No se ha escrito lo suficiente sobre esta cinta que, por cierto, estuvo desaparecida varios años desde su estreno en el Festival de Cannes de 1969. 

'Invasión' es la historia de Aquilea, una ciudad ficticia a punto de ser tomada por invasores anónimos y que debe ser defendida por un grupo de héroes, que no son más que ciudadanos comunes. En esa premisa simple, donde se mezclan la fantasía (de una presencia ¿fantasmal? ¿extraterrestre?) y lo urbano-tradicional (la del bonaerense de los bares y el mate), salen a la luz rasgos muy interesantes y uno, en especial, que no se puede soslayar: la influencia magistral y afortunada que tuvieron sobre su director dos personajes: Jorge Luis Borges, con quien escribió el argumento y el guión; y Robert Bresson, su mentor cinematográfico y junto a quien trabajó en 'El proceso de Juana de Arco'. De sus particulares y distintos procedimientos de trabajo nace una cinta que se ocupa de trabajar muy bien la forma y el fondo por separado, que funcionan a la perfección en su conjunto.

I

Primero conviene dar una mirada a los elementos formales de la película, que incluyen su técnica de filmación y edición, y en los que existe una característica bastante singular y que está por encima de las otras: el sonido. Sobre esto, el francés Robert Bresson escribió en su libro 'Notas sobre el cinematógrafo': "Asegúrate de haber agotado todo lo que se comunica por medio de la inmovilidad y el silencio". 'Invasión' fue el primer largometraje de Hugo Santiago, y se filmó seis años después de que este trabajara como asistente de dirección de Bresson. De esa experiencia es que Santiago recoge algunos de los preceptos más claros respecto a su juego con los ruidos de la película, que, si bien distan del minimalismo extremo del francés, sí recogen sus rasgos contenidos y precisos. Hay, pues, una herencia interesante cuando vemos esos desplazamientos del sonido (entiéndase diálogos, ruidos, música, etc.) respecto a la imagen.

El propio Hugo Santiago habla hasta de cinco planos sonoros dentro del filme. Desde los sincrónicos (que se 'ven' dentro el encuadre), hasta la música de acompañamiento. Pero hay un plano específico que es aún más interesante e innovador. Una secuencia de sonido que sigue, más o menos, este orden: un hombre dentro de una habitación enciende un cigarrillo, se levanta, cierra una puerta, baja las escaleras, taconea y corre. Esta sola construcción, en particular, se añade al largometraje, y se repite, aisladamente, durante toda la película. Todo narrado solo con sonidos, fuera del encuadre, subrayando así el concepto de huida ante la invasión.

Hay también un ingrediente enigmático de sonidos ambientales que no tienen una explicación clara en la película. A lo largo de la historia, se oyen graznidos, aviones, y hasta el barritar de un elefante o monstruo afín. Todo lo oído es delicado y calculado. En ese aspecto es donde más surge la sombra de Bresson y donde esa misma influencia se aísla y desaparece con la irrupción de tangos típicos del criollismo argentino. Hay una influencia, pero nunca una devoción.

Si, en cambio, Santiago evocara fielmente a Bresson, no incluiría aspectos como una milonga completa a mitad de la película. O los diálogos teatralizados de personajes también teatralizados. Es en el guión en el que se aleja más de Bresson y, como es lógico, donde se acerca más a Borges. Es en ese afán decimonónico de la literatura en el que los personajes sacan a relucir una épica poco sutil. El argumento de 'Invasión' se realizó entre Santiago, Borges y Adolfo Bioy Casares, pero semanas después la participación de Bioy se truncó por su viaje a Francia, y fueron los dos primeros quienes se embarcaron en la elaboración del guión. De esa dupla creativa surge un conflicto, un juego de dar y recibir en el que Borges debe ceder a su gusto por la prosa elaborada. Cuenta Santiago, por ejemplo, que Borges soltaba alguna frase o parlamento para uno de los personajes, y luego preguntaba "¿Nadie habla así?". "Es preciosa la frase, pero nadie habla así", respondía el director. Un freno a la pomposidad y un paso hacia la palabra más natural.

El crítico David Oubiña afirma en su ensayo 'El espectador ciego' que el escritor sufría una "miopía voluntaria", un defecto que no le permitía ver el cine en una clave que no fuera la literaria. Con 'Invasión' hay un aligeramiento del verbo de Borges. Es, en suma, un punto a favor de Santiago y de su película.

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Borges y Hugo Santiago.


II

Además de los aspectos formales mencionados (el énfasis en el tema del sonido y el guión es mío), 'Invasión' tiene una fuerza especial en su concepto como película. Hugo Santiago presentó la idea de la ciudad invadida a Borges y Bioy por el prestigio que estos tenían en la literatura fantástica, por un lado, y la del mundo criollo, de 'compadritos' y 'cuchilleros', por el otro (el cuento 'El Sur', de Borges, es el mejor representante de esa síntesis). Pero de todas las interpretaciones sobre el significado de la película, me permitiré subrayar una, la del concepto del héroe. Y de las dos visiones del héroe que tuvieron, otra vez, los dos maestros detrás de Santiago.

Primero, con Bresson, que entiende la heroicidad como una lucha espiritual, ascética y de liberación más interior que exterior. En su libro 'Robert Bresson', el escritor Michel Estève apunta que "los héroes [del director] se salvan a sí mismos aceptando sus responsabilidades existenciales: en base a su propia vocación, logran dominar sus vidas a través de la voluntad, la libertad y la gracia". Y eso es, justamente, lo que logran los siete aquileanos que luchan contra los invasores en la película.

En ese aspecto (la idea de heroicidad), Borges no está tan lejos de Bresson en su esencia, pero, como manda su estilo, es más briosa y decidida. En Tema del traidor y del héroe, uno de sus mejores cuentos, "la acción [también] transcurre en un país oprimido y tenaz". Para Borges, pues, las razones personales que mueven al héroe no bastan. El componente externo pende y pesa sobre él. Hay un cosmos importante, un motor que lleva a sus personajes a una salvación global. "La ciudad es más que la gente", se oye en una parte de la película, destacando la trascendencia del pueblo de Aquilea y la necesidad de su salvación.

También los personajes se diseñan, uno a uno, con características propias: el ciego, el cobarde y sacrificado, el galante, el líder. Son arquetípicos y todos desarrollan sus comportamientos encarando a la muerte. Como verdaderos héroes. Y como tales, encaran el error. El intelectual peruano Marco Aurelio Denegri recalca el distanciamiento entre instinto e inteligencia, pero no muy a favor de lo segundo. "Desinstintivizado como está, este ser pensante que llamamos hombre se ha convertido en el campeón del desacierto. Sin el instinto como rector de su conducta, el yerro es inevitable", dice. Así, los personajes de 'Invasión' actúan por convicciones derivadas de su inteligencia y no de su instinto. Y eso los lleva a la tragedia. Y esto conduce al tono elegíaco. Los invasores, en cambio, con sus trajes grises y uniformizados, no albergan ningún tipo de individualización y parece ser la intuición la que los conduce en su tarea.

Hay otro detalle elocuente en la concepción del héroe. El último de los sobrevivientes del grupo, Herrera, encara la muerte en una cancha de fútbol, la de La Bombonera. Poco tiempo después de la película, en Argentina se instauraría una dictadura cruenta que utilizó los estadios como sede de la violencia. Pero ese no sería el único vaticinio, pues al año siguiente de la filmación de 'Invasión', en la misma Bombonera, la selección argentina de fútbol sería eliminada del campeonato mundial de 1970 a manos de Perú. Fracaso trágico y nacional. La referencia futbolística, de más está decirlo, no es arbitraria. Está, al contrario, cargada de representación (el primer diálogo de la película también se refiere a este deporte).

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III

¿Es entonces, 'Invasión', una deuda compartida de Santiago con Borges y con Bresson? ¿O es, más bien, la historia de una traición a los opuestos preceptos de ambos? Hay un poco de ambas cosas. Lo cierto es que, por más radical o disciplinado (llámenlo como quieran) que sea Bresson, o por más estrictamente literario que pudo llegar a ser Borges, Hugo Santiago supo combinar lo mejor que obtuvo de sus enseñanzas para equilibrarlas en una película que sorprende por su vanguardia.

Ahora bien, vale señalar que, por el lado del cineasta francés, también existen reminiscencias literarias. Siete años después de haber trabajado con Santiago, emprendió la filmación de 'Una Mujer Dulce', y luego 'Cuatro Noches de un Soñador', sendas adaptaciones (aunque libres) de Fedor Dostoievsky. Y Borges, por su parte, supo ceder en sus intenciones de un guión recargado -adecuándose al formato cinematográfico- no solo de forma forzada, sino también voluntaria. En aquellos años, el autor de 'Ficciones' retomaba su labor poética después de tres décadas, y comenzaba, así, una inclinación hacia la simpleza y la pureza del lenguaje que, según confesó en varias entrevistas, pudo conseguir con la llegada de la vejez y la experiencia.

La de Santiago es la película de un autor que encuentra en la expresión artística refinada una forma de contar una historia eminentemente social, el relato de una resistencia que es argentina, bonaerense, pero que se proyecta hacia un socialismo básico, alejado de tintes políticos que pudiesen trabar su esencia. Los héroes de Aquilea, que se mantienen férreos ante la entrada de unos conquistadores foráneos, no tienen partido, no tienen bandera. Por eso es que la ciudad es ficticia, y no es ni Buenos Aires, ni Cataluña, ni Hong Kong.

Ya en el epílogo del filme, los jóvenes toman la posta en la tarea de defensa de la ciudad. Recogen la misión de los caídos. "Ahora nos toca a nosotros, pero tendrá que ser de otra manera", dice, vehemente, uno de los muchachos. ¿De qué otra manera? He ahí una de las incógnitas mayores de la película. Los jóvenes hablan de un método distinto. ¿Pero distinto de qué? Si las armas ya estaban tomadas, si la lucha por Aquilea ya estaba abierta, y si la dialéctica era, ya de hace tiempo, inútil, repito, ¿distinto de qué es ese método? El "tendrá que ser de otra manera" llama a una ambigüedad creciente, enigmática, y se abre más allá del final de la película. Una búsqueda, una nueva posibilidad de lucha para los hombres que, quizá, aún no ha sido encontrada y se mantiene como un ideal.

Porque, de alguna manera, son justamente los ideales de libertad de sus personajes los mismos que los del Fontaine de 'Un condenado a muerte se ha escapado', o los de 'Funes el memorioso', que lucha contra un cuerpo paralizado y una mente dolorosamente ilimitada. Ideales que están tan próximos a alcanzarse, como prestos a fracasar. No es el azar. Es la falibilidad del hombre. Hugo Santiago también desafió el error, y emprendió un ambicioso proyecto con menos de treinta años y a la sombra de dos genios detrás. Pero supo imponer su libertad creativa como los héroes de las más grandes épicas. E 'Invasión' es su extraordinario resultado.

(Artículo aparecido originalmente en la revista Godard!)

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