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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

BAFICI 2012: Días 8 y 9 (música y otras hierbas)

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Dos días agitados en el festival. Pero frescos, no pesados, felizmente. Lo que más vi fueron documentales sobre música. Incluso entrevisté al gran director británico Grant Gee (eso irá en otro poste, más adelante). Lo demás ha sido un paseo por la Feria del Libro (más info sobre eso en el blog Lee por Gusto); un paseo por Florida, Palermo y Puerto Madero; carnes, pastas y vinos; y otras hierbas. Y aún nos quedan dos días en Buenos Aires.

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DÍA 8

Pero hablemos de las películas. De los documentales de Grant Gee se puede decir mucho. Porque es un director que realmente adquiere un tratamiento distinto, mucho más conceptual en su trabajo. Allí tenemos, por ejemplo, a Meeting People is Easy, que aborda a la banda Radiohead y al alto precio que le trajo la fama allá por 1988, mientras presentaban su aclamado álbum OK Computer. Gee los desnuda y los muestra frágiles ante un sistema de disqueras, giras, prensa y fanatismo que aplastaba su privacidad y autenticidad. Por eso ver el documental no es fácil. Resulta hasta incómodo. Pero no se ciñe a ser un videoclip de más de una hora, sino que extrae una esencia muy valiosa.

Esa misma habilidad, Gee la usa en Joy Division, que es el mejor acercamiento que se haya hecho en el cine a la banda del mismo nombre. ¿Por qué? Pues porque, a pesar de ser un grupo ya disuelto y un caso muy distinto al de Radiohead, también desentraña los traumas, al relación ambivalente del artista y su público, y los avatares del proceso creativo. Uno no se imagina a la banda de Ian Curtis sino en blanco y negro. Y así está grabado, casi en su totalidad, este documental. Y aun más importante: en blanco y negro también está el espíritu que deja ver en sus casi 90 minutos. Porque no es solo el retrato de una agrupación musical, sino de toda una época en el que la música era mucho más que un pasatiempo ligero.

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El tercer documental de Gee que se proyectó en el BAFICI fue Patience (After Sebald). Aunque en este caos no fue musical, también es un recorrido artístico sobre la obra del novelista alemán W. G. Sebald, a manera de exploración y reflexión sobre su persona, sus escritos, sus ideas, sus lugares. Por eso en la película se superponen, mezclan y traslucen imágenes abstractas, paisajes y letras. Por eso la narración de Jonathan Pryce mezcla lo escrito por Sebald y lo pensado por el cineasta durante el rodaje. Patience... es un gran ejemplo de madurez narrativa y simbólica, de traspasar los límites de la documentación objetiva y sumergirse en los espacios de la reflexión y el análisis.

DÍA 9

Dos películas de corte familiar, con resultados distintos, pero de gran valor. Primero, una ficción desde Chile: De jueves a domingo (Dominga Sotomayor). Cuando comienza, uno no puede evitar compararla con la peruana Las malas intenciones. Es la ópera prima de una joven cineasta, tiene de protagonista a una niña de casi la misma edad, e incluye la figura del hermano menor, padres en problemas, canciones de Jeannette. Pero allí acaba la similitud. Porque De jueves... solo sigue a una pareja y sus dos hijos menores a través de un viaje en auto a través de Chile. La película de Sotomayor es más de diálogos, gestos, y miradas tácitas. Es sutil, pero logra ser directa. No sería justo decir si es mejor que la película de Rosario García Montero, pero creo que, dentro de su estilo, es más eficiente al prescindir de cargas innecesarias y ambientaciones artificiales.

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La otra cinta familiar es la argentina Papirosen, de Gastón Solnicki, quien durante varios años se dedicó a grabar a su numerosa familia y decidió mezclar sus imágenes con el típico material casero que se guarda en casa. De allí que cuente la historia de sus bisabuelos, que lograron escapar de la Segunda Guerra Mundial, hasta las discusiones entre su hermana y su cuñado, y alguna que otra rabieta de sus sobrinos. Como Solnicki mismo afirma, el resultado es tan realista que a veces da la impresión de ahondar demasiado en la privacidad de su entorno. Pero en eso está, precisamente, su riqueza. Y en mostrar la cotidianeidad con todos sus claroscuros, sus buenos y malos momentos, sus contradicciones.

El viernes, cansado tras un largo paseo en la ciudad, lo cerré a la perfección con la frescura de Miroir Noir, documental sobre la extraordinaria banda canadiense Arcade Fire. El director es Vincent Morisset (el mismo de Inni, de Sigur Rós, que comenté por aquí) y en este caso se trata de un trabajo promocional del segundo álbum del grupo Neon Bible. La ruta que sigue es retratar a la banda en una serie de interpretaciones improvisadas: desde tocadas en un ascensor hasta ensayos con sinfónicas. Todo intercalado con testimonios telefónicos de sus fans (y otros no tan fans), con lo que arma un buen boceto de estos músicos tan divertidos como talentosos, tan creativos como espontáneos. Lo de Morisset está lejos, por ejemplo, de la consistencia y complejidad de Grant Gee; pero goza de una vitalidad apasionada que se disfruta al máximo. Un excelente trabajo.

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