RSS

Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

BAFICI 2012: Día 4 (cuentos, parodias y más animales)

Compartir:
Como todas las grandes ciudades del mundo, Buenos Aires es cosmopolita. Es muy común toparse con turistas o extranjeros residentes, aunque aquí, en los alrededores del Abasto (la zona BAFICI), peruanos y judíos son los de mayor presencia. A los primeros se les reconoce por su forma de hablar, por sus polos Marca Perú, por su nostalgia gastronómica. A los otros, por sus kipas, sus sacos negros, y hasta por tener un McDonalds Kosher, especial para la comunidad hebrea.

francine.jpg

BAFICI también recoge esa gran variedad internacional. Prueba de ello es que hoy pude ver, así, de casualidad, una película estadounidense, una francesa y otra filipina. Empiezo comentado Francine, de Brian Cassidy y Melanie Shatzky, que sigue a la protagonista (Melissa Leo) tras su salida de un centro de reclusión y su intento de reinsertarse en el entorno. La soberbia actuación de Leo permite ver su derrumbamiento social, su dificultad para conectar con el resto de personas, y, al contrario, su acercamiento hacia los animales. Francine se rodea de perros y gatos, se recluye y bordea la desesperación y la locura. Sin embargo, el relato no se ciñe a un retrato simplón del white trash norteamericano, sino que es cruda pero en un tono sobrio, respetuoso, y hasta tierno.

Y al igual que Francine, la francesa La Maladie Blanche utiliza a los animales como un componente gravitante en su historia. (Una tendencia extraña, que ya había visto ayer con el zoológico de Bestiaire y con Panahi y su iguana. ¿Se habrá desgastado la figura humana?) Dirigida por la artista y cineasta francesa Christelle Lheureux, este mediometraje de 44 minutos resulta inclasificable, pero es a la vez audaz y hermoso. Desde su locación, en una pequeña villa francesa, hasta su gente -niños que juegan, jóvenes que se divierten-, La Maladie Blanche se parece por momentos a un cuento sobrenatural, por otros a un documental costumbrista. Filmada en un blanco y negro digital, de pronto deriva en la historia de un padre, su pequeña hija y un jabalí. Tratar de explicar más resulta inútil. Su magia está expresa en las imágenes. Y su extrañísima historia también se explica, en parte, en los créditos finales, que lista al tailandés Apichatpong Weerasethakul como uno de los colaboradores. Una realizadora para no perder de vista.

maladie.jpg
El cierre del día no fue de lo mejor. The Woman in the Septic Tank, del filipino Marlon Rivera, es una comedia que parodia el cine festivalero de su país (el de Brillante Mendoza o Raya Martin, para citar los nombres más sonados). Así, la propuesta seduce, es traviesa y provocativa. Pero puesta en práctica falla estrepitosamente. Porque su humor es común, sus chistes son poco originales, y su puesta en escena es simplemente fea. Pienso en un caso similar de parodia sobre el cine, como el caso de la chilena Efectos especiales (ganadora del último FIACID de Lima), y resulta abismal la diferencia por su enorme creatividad, su ácido sentido del humor, y su puesta en escena con solo cinco personas. The Woman... carece de todo ello y pierde aún más cuerpo mientras avanza.

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.