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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

BAFICI 2012: Día 3 (dictaduras (y) animales)

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This is Not a Film es un ensayo más en donde el iraní Jafar Panahi pone a prueba su propia creatividad y los límites en donde el cine de ficción se rompe y se mezcla con la realidad. Y es que ni siquiera es un documental común, sino el testimonio del cineasta, que purga prisión domiciliaria y tiene prohibido filmar por 30 años, debido a la dictadura de su país.

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Aun así, me equivoqué con la idea previa que tenía de la película. Pensaba toparme con un filme contenido, doloroso, apesadumbrado; nada de eso, porque Panahi no necesita subrayar la dureza que debe significarle el encierro. Entonces solo opta por contar con entereza algunas ideas dentro de su día, limitado por las paredes de su casa. Mira sus propias películas, reflexiona, vuelve sobre sí mismo, se graba, pide que otros lo graben, graba a otros... Y con todos los (pocos) elementos que tiene a la mano, consigue un resultado extraordinario y un manifiesto sobre la libertad.

Otra película sobre la opresión de un régimen es Barbara (Christian Petzold), ambientada en la Alemania oriental durante los 80. Aunque, si bien es cierto, el trasfondo político no es el de mayor peso dentro de la obra. Lo más destacado aquí es la intriga que marcan los dos personajes principales (sobre todo ella) y los aspectos de su vida que se mantienen con un velo hasta el final. No negaré que, por momentos, la sensación de déjà vu se hacía más fuerte y su hermética trama me despistaba por segundos. Pero creo que a algo de eso juega intencionalmente.

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Las otras dos películas que vi en el día -pertenecientes a la sección Cine del Futuro- fueron la animación japonesa Midori-Ko y el documental franco-canadiense Bestiaire. La primera es una fábula algo febril, sobre unos raros seres medio humanos, medio animales, medio vegetales, dentro de una sociedad decadente y a todas luces perversa. Toda esa sensación se traduce de forma perfecta con una calidad de animación bellísima, con unos trazos que parecen finos grabados en sepia, siempre palpitantes.

Bestiaire, en cambio, tiene una clave más contemplativa en su incursión dentro del zoológico Parc Safari, en Québec. El director Denis Côté muestra el cautiverio en un estilo bastante personal y se coloca en medio de dos distintas miradas, que pueden variar dependiendo de cada espectador. Porque puede alcanzar gran belleza sin llegar a la parafernalia de la National Geographic; pero también puede ser sutilmente cruel al retratar al animal en su encierro, aunque evitando al sadismo de PETA o algo parecido. En esa delicada ambivalencia está su mayor mérito.

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