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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

BAFICI 2012: Día 1 (milagros y fantasmas)

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Aquí empieza una cobertura diaria del 14° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI 2012), que va del 11 al 22 de abril. La cantidad de películas en exhibición es oceánica, por lo tanto, la cobertura siempre será, en cantidad, mínima; y por cuestiones de tiempo, breve. Pero se hace lo que se puede.

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Buenos Aires es bastante grande. Pero también cara, elegante, injusta, culta. Está llena de matices. Sobre todo eso. En todo caso, me quedo con lo de culta por sus teatros, sus librerías, su cine; como el BAFICI, este festival de cine independiente enorme, probablemente la mejor opción que hay en todo el año y en toda Sudamérica para disfrutar de las películas más nuevas e interesantes del mundo.

Lo primero que he visto ha sido La casa, de Gustavo Fontán, una mirada medio abstracta, medio contemplativa sobre, bueno, una casa. Lo de Fontán es cine digital que alcanza tal belleza en sus imágenes que refuerza esa idea de que resistirse al formato ya no tiene sentido. Sus personajes anónimos apenas se asoman entre los reflejos del vidrio y del agua, entre las sombras y las nebulosas. Hasta allí muy bien, pero su segunda mitad es, casi en forma íntegra, la demolición del refugio. Quizá se busca el contraste adrede, pero la aspereza del ladrillo y el hormigón no resultan igual de inspiradores. Literalmente, en esta parte La casa se va derrumbando.

El documental La chica del sur (José Luis García) fue una mejor sorpresa porque cruza con gran destreza material histórico, humor, periodismo político y sensibilidad humana. Es la historia de una mujer que desde los años 80 creyó en la unidad de las dos Coreas, aunque solo luchó por ello en su juventud. Esa historia de activismo político, García la presenta gracias a los videos que grabó en su visita a la dictadura norcoreana hace tres décadas. Pero luego la protagonista es devorada por la historia y parece oculta del seguimiento mediático. La sociedad prefiere mantenerla en silencio. Y ella prefiere, ahora, mantenerse en silencio dentro de la sociedad. En medio se cruzan traumas personales y la exploración del documentalista por aclarar su historia. Un choque de culturas que deriva en un relato divertido, emotivo y de gran riqueza histórico.

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Pero esta primera fecha de películas se cerró con dos consagrados: primero, el francés Bruno Dumont y Hors Satan, que así como mantiene el estilo crudo y realista, también conserva un nivel por sobre el promedio en el panorama del cine europeo. Aquí hay mucho de la trascendencia dreyeriana y tarkovskiana, con momentos que automáticamente nos llevan a Ordet o Nostalgia. Pero Dumont persiste en sus personajes atribulados y contenidos, que de alguna manera se transforman a través de mohínes simples y sutiles -que mágicamente van de la belleza a la fealdad física, y viceversa- y reflejan los misterios metafísicos y milagrosos a su alrededor.

La otra obra maestra es Keyhole, de Guy Maddin. Quienes se sorprendieron con la ganadora del último Oscar, El artista (y su 'innovador' uso del blanco y negro y el cine mudo), deberían seguir la carrera de este director, que lleva toda una filmografía de referencias visuales de principios del siglo XX. Aún así, esta última película -una historia de cine negro dentro de una casa embrujada- lo ratifica como uno de los cineastas más frescos y libres de su generación, gracias a su extraordinario uso del subconsciente, los sueños y otros temas recurrentes. Una prueba de que la audacia también puede tener una apariencia clásica.

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