Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

Camino a la libertad (2010)

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La nueva gran producción de Peter Weir, Camino a la libertad, es una película espléndida porque consigue derribarse varios clichés de las habituales cintas de escapismo, una temática interesante, claro, pero quizá algo desgastada.

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Como en tantas otras ocasiones, la traducción de su título desdibuja la idea del filme. Su original The Way Back -"el retorno" o similar- capta mejor la idea de regreso a la normalidad. Los personajes que inician su salida del gulag siberiano no concretan su huida cuando terminan de cruzar tres mil kilómetros hasta la India. Su periplo (en especial el del protagonista Jim Sturgess) es uno que no solo realiza un cruce geográfico, sino temporal, ideológico y político. Eso se resalta, claro, hacia el final del fime. Final que no contaré, claro.

Más allá de eso, Weir, desde el mismo inicio de la película, decide ahorrarse crudeza. Es una escena dura, dramática, y el espectador lo sabe. Pero por eso el director prescinde de la violencia innecesaria o el paroxismo emocional. Esa contención es, para mí, su primer acierto.

La secuencia de la prisión en ese campo de trabajos forzados es intensamente siberiana. Es, también, una torre de babel sin alturas que agrupa no solo razas, sino rasgos, conductas y hasta morales. Y todo, otra vez, sin dramatismos exagerados. En ese contexto en especial, toda la filmación es cerrada, oscura y helada. Los perfiles de los personajes se definen de manera concreta y anticipan bien lo que se viene.

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Hasta allí los primeros 20 minutos de la película que, luego, se abre hacia el "camino a la libertad" que, como ya expliqué, es en realidad el inicio de un retorno. Y cuando uno espera que los planos cerrados y claustrofóbicos se conviertan en las panorámicas espectaculares que promueve la National Geographic (una de las productoras del filme), otra vez Weir se modera para no caer en el paisajismo presuntuoso.

Porque la virtud de Camino a la libertad no está cerca, ni por asomo, de la exaltación de la belleza natural. Al menos yo no encontré ningún fotograma que pueda servir como cuadro de museo. Y eso ayuda a la apreciación de la ruta de supervivencia, a la interrelación de sus personajes, al aprendizaje y crecimiento de cada uno de ellos, y de su colectividad como grupo.

Del final, repito, no hablaré; pero destaca por méritos parecidos a los que ya dije.

Puntuación: 5/5



2 comentarios

Por fin vuelve este blog, Juan Carlos.

Gracias. En estos días comentaré 'Las malas intenciones'. Saludos.

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