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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

La doble vida de Walter (2011)

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Mel Gibson es Walter Black, un padre de familia y empresario que sufre una depresión profunda y cuyo destino parece que terminará, inevitablemente, con el suicidio. Hasta que encuentra un castor. Bueno, una marioneta de castor. Y su vida toma un nuevo rumbo.

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La doble vida de Walter, debo confesarlo, se me hace una película rarísima. Básicamente, por esa propuesta agridulce y por momentos extrema. Que se balancea entre la comedia fina (silenciosa, hermética, por ratos a lo Buster Keaton, por ratos "a la europea") y el drama más duro, que gira en torno a la depresión de un hombre cuyo matrimonio se ha debilitado y sus dos hijos se muestran totalmente distanciados por diferentes motivos.

Gibson ofrece una gran actuación. Y Jodie Foster, quien también actúa, dirige con madurez su tercer largometraje. Hay un estilo y lo tiene claro. Incluso se anima a crear dos historias paralelas: la del padre y su marioneta que utiliza como terapia psicológica, y la del hijo que intenta ser lo más distinto posible de su progenitor, aunque los rasgos en común sean ineludibles.

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Esta segunda historia también es interesante y cuenta en la bella y talentosa Jennifer Lawrence un elemento que la fortalece. La habíamos visto en Winter's Bone, y aquí confirma una capacidad que, esperemos, mantenga en adelante. Pero, decía, esta segunda historia también se desarrolla con interés en tanto sirve como un referente a las posibles raíces de la disfuncional familia.

Y si la película llega a caer es, desafortunadamente, porque esas dos historias paralelas comienzan a acercarse más y más, pero a través de una fórmula mucho más convencional, edulcorada, y con un tramo final, a mi gusto, olvidable. La doble vida de Walter brilla en sus instantes más irreverentes y no desentona en sus momentos de mayor fibra dramática. Esa fuerza justifica toda la película. Vale la pena.

Puntuación: 3/5

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