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Plano Cerrado

Juan Carlos Fangacio

Juan Carlos Fangacio

Mi gusto por el cine se conecta con otras aficiones: los libros, la música, el periodismo. Cuando eso ocurre, la cinefilia puede sufrir dos cambios: o se vuelve poco rigurosa, o especialmente sensible a otras influencias. Y está bien, porque no creo que el cine se vea solo a través del intelecto.

El cine es también sensorial y emotivo. Por eso me gustan Tarkovski, Wall-E y los premios Oscar. Por eso el cine fue y sigue siendo, como diría Robles Godoy, un lenguaje misterioso. Y por eso me animo a escribir sobre un cine más ‘democrático’. Aunque eso provoque iras santas. Ahí vamos.

El mensajero (2009)

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El primer aspecto que llama la atención en El Mensajero (Oren Moverman, 2009) es que se trata de una película sobre la Guerra en Irak, pero no se desarrolla en este país. Toda la acción, en su integridad, acontece en los Estados Unidos. Y el Medio Oriente se cierne en la forma de una amenaza latente, de un recuerdo doloroso o un infierno perdido.

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Dos veteranos de guerra son asignados al equipo de notificación de bajas del Ejército. Es decir, son los encargados de buscar a los familiares de los caídos en combate para anunciarles su muerte. Ese paso de invasores a heraldos negros los obliga a encararse el uno al otro, marcándose algunas diferencias en la forma de desempeñar su labor.

Es así como el choque interpretativo entre Ben Foster y Woody Harrelson resulta notable y embarca la película en un mejor puerto. Sus fricciones terminan siendo una conexión por los puntos en común. Después de todo, sus personalidades no solo se igualan a través de un uniforme o de las cabezas rapadas. Existen ciertas cicatrices que pueden reflejarse en decepciones amorosas o en alcoholismo, pero cuyas heridas previas son más parecidas de lo que uno podría imaginar.

Así como la Guerra de Vietnam marcó el cine de los Estados Unidos entre los años sesenta y ochenta, la beligerancia tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 -en especial la invasión y guerra en Irak- también deja un rastro de horror muy perceptible. Películas como Zona de MiedoRedacted o Grace is Gone optan por la intensidad, en algunos casos, o en la emotivida, por otros. Pero siempre tratan de anteponer el hecho personal. Desde allí encontramos un común denominador para esta generación de películas que en unos cuantos lustros merecerá ser estudiada de forma particular y profunda.

Pero mientras veía la película, recordé otra cinta relativamente reciente: Up in the Air o Amor sin escalas, de Jason Reitman. El rasgo que trajo a mi memoria esta película es la labor que tenían unos empleados para anunciar el despido a los trabajadores de una empresa. Una tarea evidentemente compleja, pero que era un guiño a una momentánea ola de desempleo que afectó a EE.UU. durante la crisis financiera mundial.

Y aunque en esa cinta, la situación era narrada, en parte, en clave cómica, no pude dejar de relacionarla con lo visto en El Mensajero. En este caso, el contexto no es un descalabro económico sino una convulsión bélica, y las secuencias en que estos militares enfrentan a familiares sorprendidos y desgarrados se hace mucho más dramática. Desde la tensión e incertidumbre iniciales, hasta el desfogue emocional que alcanza a tocar fibras.

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El Mensajero comienza con una escena muy elocuente. Uno de los soldados se aplica gotas en uno de los ojos. Ese llanto artificial, esa lágrima inducida es una buena metáfora. Representa bien el papel de plañideros casuales que tienen ambos soldados, aunque en realidad deban mantener la ecuanimidad y ceñirse a las reglas de un manual.

Pero el trasfondo principal es la guerra y cómo esta trasciende los campos de batalla. La guerra persigue y acecha a quien se divirtió con ella, a quien consintió usarla como un vehículo de afrenta o defensa de sus intereses. Intereses propios o ajenos, privados o nacionales, pero intereses al fin. Y ahí está la cámara que sigue a sus personajes sin miedo, tambaleándose o participando de una comparsa inestable. Una cámara que sigue las miserias de unos hombres encargados de dar el pésame a propios y extraños, pero que se olvidaron de olear y sacramentar sus propias vidas, tan o más desechas que las de aquellos que, al menos, no tienen una tierra sobre la cual desvariar.

Puntaje: 4/5

1 comentarios

Otra película hecha desde el punto de vista del invasor, esa es su mayor falla al igual que Zona De Miedo, la autocritica sigue sin aparecer en el cine que trata sobre las dos ultimas guerras en las cuales esta enfrascado y empantanado Estados Unidos, Redacted sigue siendo la mejor en el tema, El Mensajero no es una mala película, pero prefiero verla como una película sobre el "daño colateral" mas que otra cosa, la salva la actuación de Woody Harrelson.
Esperare hasta ver películas hecha desde el punto de vista del invadido y estoy seguro que serian mas interesantes, con todo lo que se puede leer en Wikileaks sobre Afghanistan e Irak, le daria una mayor dimensión y relevancia al asunto.

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