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Pisco y bebidas del mundo

José Moquillaza y Ricardo Carpio

José Moquillaza y Ricardo Carpio

Las bebidas son parte de la vida de la sociedad y han acompañado sus momentos de gloria, de dolor y reflexión. Se obtienen de materias primas como uva, cereales, caña o frutas, y pueden ser fermentadas, destiladas o maceradas. Cosa curiosa, el flujo de estas bebidas tradicionales en tiempos de piratas y corsarios pudo sostenerse por una combinación balanceada de educación, pasión, ambición y organización.

Los peruanos hemos tenido el privilegio de heredar una bebida destilada con cuatro siglos de tradición productora: el pisco. Para que sea valorado, respetado y se convierta en fuente sustentable de riqueza e ilumine las decisiones de nuestros políticos y empresarios, es necesario conocer las singularidades, desarrollo y terruños de las bebidas más importantes del mundo.
Por eso nace Pisco y bebidas del mundo, espacio en el que Pepe analizará industrias y productos; Ricardo, sus usos, avances y retrocesos. Bebed (y leed).

Un encuentro telúrico con el pisco 77

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pisco77.jpgTras el Gobierno militar, los grandes piscos de Ica se replegaron a las haciendas. Siempre hubo buenos piscos pero los mejores ejemplares eran bebidos -en nombre de los patriarcas- en los cumpleaños y en los velorios.

Los cumpleaños de los 'troncos' familiares eran largas celebraciones que comenzaban antes del mediodía y terminaban al caer la noche. Había decenas de invitados -entre parientes y amigos del 'santo'- y el singular maridaje era a la iqueña: se bebía pisco antes, durante y después de la generosa comida preparada por la familia.

Los hombres tenían una forma tradicional de agasajar al 'santo': entregarle el mejor pisco de chacra conseguido antes de darle un cálido abrazo. Era también la oportunidad para que los 'conocidos' pasen a ser 'amigos' (algo difícil en una sociedad bastante cerrada), pero los gestos simbólicos cuentan y un gran gesto inequívoco era llegar a la celebración con un Pisco 77 en las manos.

El color ambarino y fulgurante del 77 venia de una cuba madre donde Don Carlos -un señor de señores muy culto y de finos modales- había depositado en 1977 todo el pisco que produjo un año antes, cuando ganara el primer lugar en la categoría 'Piscos' durante el XIII Festival Internacional de la Vendimia.

Su pisco adoptó el año del triunfo -77- como marca, lo plasmó orgullosamente en su etiqueta y, desde entonces, cada año Don Carlos depositaba en la cuba toda la producción obtenida y embotellaba una cifra menor: la cuba madre crecía año a año y producía el efecto de una solera jerezana, los piscos jóvenes recibían la influencia de todos los años previos... una complejidad increíble.

El 77 era vendido única y exclusivamente por Don Carlos en su casa de la calle Bolívar. Quería ver quiénes lo llevaban y para qué; no debía llegar a gente que no lo comprendiera. Doy fe de que a sus 46.5° GL tenía una suavidad, intensidad, frutosidad y persistencia tan rotundos que el toque de cuba en la boca no importaba pues cada 77 merecía salir en hombros y por la puerta grande. Sin discusiones era reconocido como el mejor, una especie de etiqueta azul en calidad-precio de la época.

Nunca olvidaré cuando cinco amigos que todo lo queríamos y muy poco teníamos (Witty, Martín, Pepe, Miguelito y Moqui, quien escribe), tras una desilusión amorosa, decidimos comprar un 77 para nosotros solitos. Por primera vez íbamos a evitar a potenciales suegros o cuñados; todo el 77 sería para nosotros. Por eso,  juntamos todos nuestros escasos recursos.

Tomó un par de horas pero reunimos, además del dinero, un galón de gasolina, una cajetilla de Winston rojo y, luego, nos fuimos a tocarle la puerta con gran orgullo a Don Carlos. "Un 77, por favor. Sí, para nosotros". Fuimos al patio de mi casa iqueña, nos pusimos cómodos y, antes de comenzar a beberla, tropecé con ella y la quebré. Nunca olvidaré el silencio sepulcral y los ojos tristes de mis hermanos y mi profundo pesar, nada lo sustituiría pues cada 77 consumido nos remitía a esa perdida, ese era el momentum.

Años después conocí a Luzmila Cresci, la noble y vigorosa sobrina predilecta de Don Carlos y Doña Zoila, quien había dejado una vida confortable en EE.UU. para continuar el sueño de Don Carlos. Todo marchaba bien hasta que les robaron el capitel del alambique, desde entonces, la cuba madre no creció y comenzó a descender.

En el 2007, Luzmi tuvo la gentileza de regalarme -no me la quiso cobrar nada pese a mi insistencia- la última botella de 77 que tenía. Esta botella se encuentra en un altar de mi pequeña casa pues simboliza una época, un estilo, una cultura, una tradición y refleja lo que un gran señor puede lograr con parras viejas de pie franco sumado a un temple de noble cuna.

En febrero tuve un encuentro que solo puedo definir como telúrico en la casa de Pedro Angulo, un buen abogado y mejor amigo. Me ofreció una sorpresa pisquera y acepté, pensando que, a estas alturas, ya nada me sorprendería. Sin embargo, Pedro me sorprendió pues tenía media botella de un 77 comprado en Ica en sus tiempos de magistrado. Bebí dos pequeñas copitas -una para cada ojo- que fueron suficientes para cerrar los ojos y regresar a mis tiempos de juventud, anhelos, ilusiones, amistad y respeto a las tradiciones.

El 77 estuvo en mi paladar, pero también en mi mente y mi alma. Como siempre, el 77 volvió a mi dándolo todo y ratificándome que un gran pisco solo lo puede ser elaborado por un gran hombre... y Don Carlos lo fue.

Salud por él, pero a mis amigos Witty, Martín, Miguelito y Pepe quiero decirles que esta botella de 77 es para compartirla con ellos. El día que nazca mi primer nieto estará en nuestras manos, pero esta vez nada la romperá pues seremos inquebrantables.

4 comentarios

Hola José. Es un poco injusto contar esa anécdota y dejarnos sin la posibilidad de saborear esa maravilla que describes. Hay alguine, que tu conozcas, que esté elaborando y vendiendo pisco en condiciones similares a las que manejaba don Pedro?

Que buen marketing para esa marca, pero lo cierto es que a la fecha hay un sin numero de marcas de pisco que son muy superiores al "77" en la ciudad de ica.

Doy fé de la calidad del Pisco 77, tengo la fortuna de poseer botellitas que las guardo para momentos especiales

Una magnífica historia. Tiene todos los ingredientes, como el buen pisco, para disfrutarla. He tenido la fortuna de leer este artículo y lo llevaré en mi mente y corazón para compartirlo con los buenos amigos que aún quedan.

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