Los petroaudios y la rica wiki

Si Matilde Pinchi Pinchi se hubiera peleado con Montesinos no en el año 2000, sino en el 2009, podría haberse ahorrado la intermediación de Patriotas y Popis. Le hubiera bastado con ir a la cabina más cercana y subir el vladivideo de su preferencia a... olvídense de YouTube, que es censurable. Matilde hubiera tenido que entrar a Wikileaks.org.
Como ya todos saben, los 86 audios entregados a la justicia esta
semana por Pablo O'Brien, también están disponibles en Internet; para
más señas, en un portal llamado
Wikileaks del que pocos en Perú habían escuchado hablar hasta esta semana.
Las pruebas del
chuponeo del gobierno de Hugo Chávez, los correos electrónicos de
Sarah Palin, audios de
CEOs norteamericanos, documentos secretos de la
Cienciología (la religión de moda en Hollywood),
corrupción en Kenia,
censura en
China... Wikileaks aloja un millón 200 mil archivos que hubiera sido
imposible publicar en otros lados. Perdón, quiero decir: Wikileaks
aloja un millón 200 mil 86 archivos imposibles de publicar en otro
lado.
Wikileaks se llama a sí misma "una versión no censurable de la
Wikipedia", pero eso no es exacto. Es cierto que en su corta historia
ha triunfado sobre intentos de censura de enemigos diversos como el
Pentágono, la Oficina de Seguridad Pública China y la Iglesia de los
Santos de los Últimos Días.
También es cierto que ninguna de sus fuentes ha podido ser
identificada, gracias a diversos softwares que borran todo rastro
humano de los documentos que publican. Pero no es como Wikipedia, esa
enciclopedia digital que cualquiera puede manipular a su antojo. No, no
funciona así y para entendernos mejor retrocedamos al lunes de esta
semana, 24 horas antes de
la publicación de los 86 audios.
Como en cualquier medio periodístico, para publicar un material
primero hay que convencer a los editores. En Wikileaks, el comité
editorial sesiona en un chat. Uno puede subir cualquier cosa a
Wikileaks, pero no será publicada sino tiene su aprobación. Esa noche
del lunes, el chat de Wikileaks era atendido por "office" y "s".
Ninguno parecía tener más rango que el otro. Al parecer, ambos estaban
en distintos lugares del mundo. Uno de ellos, en Suecia (o eso
dijo). Mi chapa era "pennyworth".
Primero hablamos del procedimiento y la seguridad. Preguntaron qué
tipo de documentación era (audios y transcripciones), si habían sido
publicados antes (no), por qué no publicarlo en otro lado (algunos
periodistas habían sido despedidos por publicar material similar),
quiénes estaban involucrados (políticos y autoridades), cuál era el
interés público (corrupción) y cuál era la audiencia (un país de
Sudamérica). Preguntaron hasta tres veces si el material procedía de
inteligencia norteamericana o involucraba a oficiales de inteligencia
gringos. No, ¿por qué? Porque, dijeron, la mayoría de comunicaciones
electrónicas entre Suecia y Sudamérica pasan por los Estados Unidos y
podían ser interceptadas. Si hubiese sido ese el caso, me hubieran
enviado, con un link, a un sitio especial para subir ese tipo de de
documentación sin riesgo. Habrá que creerles.
Finalmente les expliqué de qué trataba el tema. Pidieron alguna
forma de corroborar la historia, de preferencia con enlaces a artículos
en inglés. Gracias, corresponsales extranjeros. A "office" le empezó a
gustar el caso.De todas formas, dijo "s", iban a tener que corroborar
la pertinencia de los audios y transcripciones con los miembros
hispanohablantes del staff de Wikileaks. Aguanta allí. ¿Y si alguno es
un peruano que se apropia de la información? No, uno es venezolano y el
otro, guatemalteco y son de extrema confianza. Nuevamente, habrá que
creerles.
Con una hora de chat, ambos lados estábamos convencidos. Hora de
empezar a subir el material a la red. De todas formas -advirtió "s"-
borrar todos los rastros, ordenar la información, clasificarla y
conseguir la aprobación oficial podía demorar un día completo.
Perfecto. A veces la principal virtud del Internet no es la inmediatez.
("la rica wiki" is TM & copyright of César Hildebrandt)
Enlaces externos:
-
Diego Peralta, co-blogger.21 y profesor de periodismo en la PUCP, comenta el uso de Wikileaks.
-
Un abogado de Blawyer dice que no tenemos derecho a saber.
- Más información sobre los
petroaudios en el blog de
O'Brien, de
José Alejandro Godoy y en el de
Johnny Pacheco.
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