Me dedico a entrevistar a variopintos personajes: escritores, artistas, cocineros, actores y demás. También me dedico a viajar y a comer, dos de mis placeres favoritos, porque estoy convencido de que es mejor conocer el mundo, comiendo. Y para contar todas estas experiencias decidí crear un blog.
Mi inspiración nace, sobre todo, de la sensibilidad que, desde niño, mis abuelas instalaron en mí. Por eso, no me pidan orden, que me centre en un tema, yo escribo de lo que me conmueve, de lo que amo y también de lo que odio, de lo que he vivido y de lo que me han contado... y si eso les resulta picante, mejor.
Era 14 de febrero, una fecha cliché. Estaba solo en una discoteca. Yo, que detesto esta fecha, había sucumbido a la tentación y le había dicho "sí" a una chica a quien este día le parecía "tan bonito, tan romántico, ideal para pasarlo contigo". Y tan bonito le parecía que nunca llegó a nuestra cita.
Acabo de pasar una
semana en uno de los lugares más hermosos del país: Tarapoto y sus
alrededores. Con parte de mi familia y viendo la inmensidad de la Laguna
Azul y la belleza de Lago Lindo me di cuenta de que ser feliz no es tan difícil,
solo hay que rodearse de quien uno quiere.
"¿Lo hacemos?", le
pregunta, sonriente, Virgilio Martínez a Pía, su novia y jefa de cocina de
Central, su restaurante. "¡Lo hacemos!, le responde ella, con el rostro hecho
luz y travesura.
El mejor rally del mundo, el Dakar, tenía que pasar por las tierras del mejor destilado del mundo. Desde hoy, los más audaces pilotos recorren los agrestes desiertos de la costa sur peruana, aquellos donde tan bien ha sabido crecer, desarrollarse y potenciarse -en aroma y sabor- la vid, aquella materia prima maravillosa de la que se obtiene el pisco.
Bambino
fue mi primer amigo. Nos conocimos al nacer y, aunque no nos vemos hace años,
el cariño perdura. Con él compartí juegos y peleas infantiles, aventuras y
pasiones adolescentes, y el amor juvenil y alocado por Mora y por Jhovi.
A raíz de lo ocurrido en Conga, muchos de mis paisanos cajamarquinos han sacado a flote todos sus complejos y taras, aquel racismo y clasismo que nos tiene condenados a la pobreza y, sobre todo, a la incomprensión.
Desde hace 24 años mis navidades son tristes. Ya no está mi abuela Olga, la única persona que ha logrado hacerme sentir que sentarme a la mesa era purita felicidad... y más aún, en Navidad.
Amo Cusco, pero no viviría allí. No por falta de afecto, sino porque no quiero llenar mi estancia de cotidianidad, aquella circunstancia que transforma el amor en costumbre. Y yo prefiero buscar un amor todos los días que acostumbrarme a 'tu' presencia. Para afectos eternos, tengo la amistad.