Soy periodista, blogger, melómano, chalaco y ex fumador. Me gusta el cebiche, las ‘chelas‘, el ají de gallina, escribir, conversar, preguntar, la buena compañía, la soledad, la consecuencia, caminar de noche y dar la contra. Soy el encargado de esta travesía, pero acepto rutas alternas.
Esta es una agenda nada disciplinada de actividades culturales que -debido a su carácter inestable, reflexivo y transgresor- quizás no figuren en medios oficiales. Una aventura por laberintos propios y ajenos, un paseo por el arte con vocación transformadora. Quedan invitados.
En los años 30, una peruana con lentes grandes y tabaco en los labios acostumbraba llamar a las cosas por su nombre, provocando el escándalo de nuestra mojigata sociedad. Le gustaba pensar que los caballos brindaban a las mujeres pasión y sexo a raudales, por eso los erguía y hasta les daba otro cerebro. Sus jaques mates eran perpetuos y siempre contaban algo de su vida. Incluso desde prisión, en donde impartió clases de arte. Y, por si fuera poco, fue una artista imprescindible. ¡Con ustedes: Cristina Gálvez!