Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

Engalanando aún más la galería de ilustres e inolvidables padres de la patria, el congresista ANÍBAL HUERTA vino, sediento, a consulta.
No creo que sea cierta
la denuncia difundida
contra don Aníbal Huerta
-persona desconocida
y mudo parlamentario,
auque suene incongruente-,
quien vive bien del erario
y vive bien de la gente.
Son ganas de difamar
al parco huanuqueñito,
¿cómo podría robar
un montón de agua el mudito,
si en tres años de función
no ha robado este hombre nada,
ni siquiera la atención
con su boca bien cerrada?
Si tal delito y tal yerro
Huerta hubiera cometido,
habría algún "mataperro",
un "robaluz" y un "uñero
remojado y percudido"
en el Congreso metidos,
y eso nunca ha sucedido
pues ya se hubiera sabido.
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