Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

Con la ilusión de que su poder lo acompañe en faenas más personales -y fortuitas-, SILVIO BERLUSCONI podría dirigir un puericultorio.
Berlusconi, papachito,
chibolero revenido,
que no quiere ser cochito
y a la vejez le ha venido
a entretener la morriña
y a disparar el obús,
la pasión por cierta niña
con riesgo de un patatús.
Qué tal vejete atorrante,
comprando, como sabéis,
con un collar de diamantes
a un ángel de dieciséis
añitos recién cumplidos
que hoy se va por los dieciocho,
ángel que ha correspondido
y al cocho lo tiene chocho.
Oh caprichos del dinero,
oh deliquios del poder,
cuando está muy viejo el cuero
quiere rejuvenecer
completando la familia
con caricias de alquiler,
mendrugos de pedofilia
disfrazados de mujer.
Que el chocho patético se divierta con las niñas sólo merece una buena carcajada yeroviana, pero cuando éstas llegan a sus bacanales utilizando aviones de la Fuerza Armada que los empobrecidos italianos estamos obligados a pagar, allí sí la risa se me congela en una mueca de rabia.
Escribir un comentario