Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

Con el fin de agregar la trémula lucecilla de sus palabras al festival de luminarias que ornan el ÁRBOL NAVIDEÑO, este analista pergeñó lo siguiente:
Enternece, es la verdad.
Se congrega la familia
y, siendo que es Navidad,
sus diferencias concilia.
¿Deja el ladrón de robar
o recula el codicioso
en su afán de acumular
un caudal estrepitoso?
¿El inútil se propone
servir bien al ciudadano
y de su escaño dispone
sin ensuciarse la mano?
¿Ya no cobra el corrompido
su soborno pertinente
y se muestra arrepentido
y decide ser decente?
¿El político no miente
aunque sea en estos días
y se ofrece, penitente,
a regalar alegrías?
Permitamos, esta vez,
la ilusión acariciar,
que un poco de candidez
viene bien para soñar.
Usted Sr. Yerovi, no deja de ser un personaje digno del protagonismo de una gran novela.
Digno de cargar con tal importante apellido...
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