Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

Después de que varios de los gobiernos nipones fueran cómplices del ratero volador, vino a Lima el primer ministro japonés, TARO ASO.
Qué bueno que ferizmente
no se le ocurrió a García
habrarme a mí en japoné,
como, ridícuramente,
habró en chino er otro día
y nadie supo qué fue
lo que dijo...¡papelón,
qué habrá dicho este panzón!
Yo no puero rajar mucho
del gordo y su papelón
porque también tengo roche
y además un anticucho,
por proteger al ladrón
durante años, día y noche,
ojalá narie se acuerde,
la conciencia me remuerde.
De pasarela yo aclaro
que me llamo Taro Aso
y que no he siro azotaro
ni menos azotarazo,
aunque algo de masoquismo
con gran tendencia al fracaso,
fue proteger con cinismo
a tremendo raterazo.
Estoy condenado a leer tus elucubraciones, porque lo serio de nuestra política me resulta tan chistoso, que lo chistoso de tu "columna" me resulta muy serio.
Escribir un comentario