Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.
Comprometido -como el INEI, el Indeci y el Banmat-, en un tráfico de beneficios para falsos damnificados, anda el alcalde de Chilca, PABLO NALDA.
El alcalde Pablo Nalda
nalda tiene que aclarar,
porque claro tiene toldo
y es un sol de claridad,
no lo traten de mal moldo
porque va a refunfuñar,
y a la sombra de un gran toldo
Nalda es pura obscuridad.
Qué tanto rajan de Nalda
y lo acusan de estafar,
cual si alguna cochinalda
se le pudiera achacar,
que su propia secretaria
resulte beneficiaria
es normal y a Pablo Nalda
en verdad, nalda lo escalda.
Que no sea muy decente
y de moral tenga poco
no importa porque la gente
de este asunto entiende poco,
y que, en fin, sus regidores
le den plata a sus parientes,
pues cosas mucho peores
aquí se ven normalmente.
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