Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

Buscando restañar su lastimadísimo prestigio, el Congreso aprobó una ley que envía a los CHOFERES EBRIOS A LA CÁRCEL.
Pero qué pasa, caracho,
con este loco Congreso,
que al que maneja borracho
ya lo quieren meter preso,
¿es que no piensa en la gente
o es que acaso se le pasa
que si llega a ser decente
la vida es aburridaza?
Nada hay más emocionante
que salir a trabajar
sin saber si por delante
un carro nos va a llevar,
es bonito, es divertido,
entretenido, muy sano,
nada tiene de aburrido
y viene a ser muy peruano.
Mas si se llega a encanar
a todo aquel que choborra
sale, chocho, a manejar,
moriremos de modorra
y de puro aburrimiento...
pensemos por un momento
que a todos nos interesa
morir, pero de sorpresa.
Nuestros iluminados congresistas no se han puesto a pensar que las cárceles ya están tugurizadas... Creo que debería compararse la legislación de otros países e implantar la obligación de servir horas comunitarias. Si no, cualquier vecino que se tome un par de copas de champán en una matrimonio acabará en una celda llena de delincuentazos.
Escribir un comentario