Soy poeta, novelista, dramaturgo, periodista, doctor en Literatura y, para colmo, peruano. Soy autor de veinte libros y miles de columnas periodísticas. He dirigido la centenaria revista Monos y Monadas y he sido condecorado con persecuciones, clausuras, bombas incendiarias, con una
condena a cuatro años de prisión por plagiarme a mí mismo y, desde hace una década, con la prohibición de publicar mi propia novela. Tengo 56 años, ocho corbatas y ningún remordimiento. Podría decirse, además, que soy un hombre anticuado: me gustan las mujeres.

El ex ministro de Salud de la cleptocracia y hoy vicepresidente del Congreso, ALEJANDRO AGUINAGA, ofreció clases de sinceridad al país.
Sabido es que la manía
se ha extendido del cinismo
y que viene a dar, hoy día,
lo mismo que el altruismo,
porque aquella antigüedad
de la honradez y decencia,
al igual que la verdad,
solo dan hoy pestilencia.
No produce beneficio
esa idiotez de vivir
sin practicar el oficio
de fingir y de mentir
con gran naturalidad,
sin hablar del gran prestigio
que hoy da la venalidad,
eso sí que es un prodigio.
Y de esta muy dulce plaga
no se podía salvar
don Alejandro Aguinaga,
que acaba de declarar
su sorpresa y su estupor,
pues creía que el amor
de la Satomi y el ladrón
era puro corazón.
UNA PERLA MAS.
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