Vivo entre ollas y sartenes hace más de 10 años. Siempre he trabajado en cocinas profesionales y siempre los comensales me han preguntado si les podía enseñar alguna receta. Sin embargo, la cocina de una casa y la de un restaurante son mundos distintos… que me he propuesto acercar.
Para muchos, cocinar bien es hoy un mundo cerrado, lleno de ‘estrellas’ o extraterrestres, cuando cualquier mortal –con una pizca de ganas y un chorrito de sentido común– puede hacerlo. Por eso se me ocurrió crear este espacio ameno y divertido, donde cualquier persona pueda transformarse en un sibarita.
Siempre me he sentido atraído por los productos de la sierra, donde la trucha es uno de sus símbolos estrella.
Seguimos con el rollito de las pastas, pero en esta ocasión con un bistek relleno. A esta elaboración le tengo cariño,ya que me la enseñó un gran amigo con el que trabajábamos juntos en un restaurante. ¡Santa paciencia nos tenían!
Las pastas y yo hemos congeniado de manera brutal. No hay nada más sencillo y placentero que comerse una pastita con tan solo un poco de aceite de oliva, ajo, sal pimienta y orégano.
Como lo bueno siempre se hace esperar, nos tomamos nuestro tiempo para poner online la segunda temporada de Kon tus propias manos, el videoblog que te enseña a cocinar (y, de paso, te da calle, barrio, sabor).
Bueno la versativilidad de las pasta es increíble, con un sinfín de salsas variadas - al pesto, tomate, huancaína.....- es mas, incluso con solo un chorro de aceite de oliva, ajo, sal y pimienta que son ingredientes básicos, quedan estupendas.
Sobre todo las pastas rellenas se presentan a un más atrevidas, por así decirlo, ya que podemos rellenarlas de nuestro calentadito del día anterior, si nos sobre un seco, un ají de gallina, un locro...en fin las posibilidades son muchas solo requiere buen gusto y hambre...¡¡¡
Por eso en esta ocasión me decante por unos ravioles rellenos de espinaca con requesón, algo de frutos secos y demostrar que con casi nada de inversión creamos un plato digno de una trattoria. Con ustedes los RAVIOLES DE POPEYE.
El jurel, la caballa y el bonito son peces que a mí siempre me han despertado gusto. Humildes pero de gran sabor si saben usar bien. Tienen por sí solos personalidad.
En mi casa el pollo no ha sido mucho santo de nuestra devoción, más que nada porque, por regla general, a mi madre no le gustaba, y como ella era la que marcaba la pauta en la cocina, disponía de nuestros gustos, evidentemente tirando siempre para su lado.