G² & P

Ronie Bautista, 24 años, es más ‘fichero’ que ‘consolero’ y prefiere los juegos de pelea y aventura que otros géneros. Gino Alva también tiene 24, es adicto a los videojuegos, fanático del cine de terror adolescente, apasionado por el anime y el manga. Con 23 años, Gustavo Kanashiro estudió Comunicaciones,

bloguea y es vicioso hasta la médula. Pedro Rivas Ugaz tuvo un Max Play, luego un Sega Genesis, ahora un PS3. A diferencia de los tres primeros, él sí jugó Asteroids en un 'pinball' del Centro de Lima. En lo que sí coinciden los cuatro es que aseguran ganarse la vida como periodistas.

Archivos Agosto 2011

Un pokémon llegó de Canadá

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"Querida tía: Sigo sacando buenas notas y estoy en el primer puesto del salón...", decían las primeras líneas de mi carta. Era la décima que le enviaba en menos de un año y no había respuesta. La hermana de mi madre vivía en Canadá y yo le pedía como loco un Game Boy Pocket Color. A cada sobre le adjuntaba una ruma de exámenes con buenas notas y ni así me hacían caso. Lo único que había recibido desde Toronto fue un Walkman y un cepillo de dientes un poco gay no, esto último no es broma.


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La Hora Discovery: explorando a la fauna gamer

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Ya que Gino regresó con muchas ganas de postear, no podía quedarme atrás y dejar que se quedara con todos los comentarios de este humilde blog (bienvenido de vuelta, mi estimado). Dicho aquello, paso a relatar algo que ha llamado mi atención en todos los años de frecuentar los mal llamados 'vicios': la presencia de ciertos seres que hacen de nuestra experiencia gamer más llevadera, o muy insufrible.

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No interrumpas mi partida, maldito

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Nunca me había pasado. Siempre doblaba en cuatro el periódico y lo colocaba en el bolsillo de mi casaca, no obstante, ese día algo extraño ocurrió. Sin si siquiera mirar intenté sacar mi La República, pero nada. "Miércoles. ¿Y ahora?" en realidad dije muchas lisuras, pero me las censura mi amigo Pedro Rivas, pensé. La paciencia no es una de mis mayores virtudes y escuchar cumbia en el micro por 45 minutos no es una actividad muy divertida. No me quedaba otra, a ejercitar los pulgares como en los viejos tiempos.



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Hay cosas que nunca cambian

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ADVERTENCIA: Este post contiene frases y anécdotas que podrían herir susceptibilidades. Si te molesta saber cómo pasaban su tiempo algunos escolares con las hormonas revueltas, por favor, revisa otras entradas de este blog. Mi compañero Pedro se persignó tres veces y me lanzó agua bendita al rostro cuando terminó de leer la historia que relato líneas abajo. Gracias por su comprensión. ¡No lo leeean!


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