Ronie Bautista, 24 años, es más ‘fichero’ que ‘consolero’ y prefiere los juegos de pelea y aventura que otros géneros. Gino Alva también tiene 24, es adicto a los videojuegos, fanático del cine de terror adolescente, apasionado por el anime y el manga. Con 22 años, Gustavo Kanashiro estudia Comunicaciones,
bloguea y es vicioso hasta
la médula. Pedro Rivas Ugaz cumplió 34. Tuvo un Max Play, luego un Sega Genesis, ahora un PS3. A diferencia de los tres primeros, él sí jugó Asteroids en un 'pinball' del Centro de Lima. En lo que sí coinciden los cuatro es que aseguran ganarse la vida como periodistas.
Sé que alguna vez dije que el catálogo de la Nintendo Wii estaba conformado en su mayoría por títulos malos (en realidad, esa no fue la palabra que utilicé). Ahora prefiero emplear el adjetivo 'malos'; antes que los nintendo-wii-fan-boys me caigan con palo. En fin.
Luego de terminar con una serie de compromisos laborales -un seminario de periodismo del trabajo- y familiares -mi abuelo materno falleció la semana pasada-, recién tengo un rato libre para jugar un rato. Como el dinero no me alcanza para comprar discos nuevos qué novedad, me puse a bucear por la PSN y encontré algunos demos interesantes. Creo que ajustaré (aún más) mi dinero para ver si compro alguno de estos títulos.
La idea de la competencia con otros seres humanos gamers la llevo interiorizada desde hace muchos años. Podría decirse desde la época en que competía en Top Gear y Super Mario Kart en el Súper con mis brothers, pero retrocedería demasiado en el tiempo. Tomaré más bien el punto de inicio de la competencia wireless... la época del Local Area Network.
Como cada agosto, se lleva a cabo en Alemania la Gamescom. No es una expo tan atractiva para la prensa especializada en el ocio electrónico como lo son la E3 y la Tokyo Game Show, pero de cuando en cuando hacen uno que otro anuncio que genera titulares para montones de blogs y webs. Aquí un breve recuento de lo que llamó mi atención.
Desde hace algunas semanas acudo con frecuencia -al menos una vez a la
semana- a jugar Nintendo Wii en Galerías Brasil. Ya casi me había
olvidado de decirle al dueño del local la última carrerita, pe, causa y de maldecir mentalmente a los sapos que no dejan de mirar mi pantalla para comentar,
entre susurros, mis equivocaciones.
La noticia de la salida del nuevo Worms Reloaded hizo que me ponga a pensar en lo que significa ser un vicioso empedernido, un master en un videojuego al punto de ser considerado un hardcore gamer.
Los comentarios de dos de nuestros lectores me hicieron pensar si el gusto por los juegos de rol se incrementa conforme los gamers maduran (o envejecen según corresponda). En todo caso, este finde comprobé cuán distinto jugamos los RPG mi sobrino y yo.
El domingo conseguí Scarcraft II y -mientras Andy intentaba superar mi récord en Nazi zombies- tuve mis primeras horas de rebelde junto a Jim Raynor y sus amigos mercenarios. He pasado eran diez hace unas horas doce misiones y hasta ahora no tengo de qué quejarme. La trama es bastante envolvente y todo lo nuevo, que tampoco es demasiado, encaja a la perfección.
Hagamos un cálculo sencillo. El 2005, Satoru Iwata, CEO de Nintendo, le mostró al mundo el terreno que dominaría la nueva consola de la empresa: la detección del movimiento. El PS3 y el Xbox 360 decidieron enfocarse en procesadores veloces y gráficos increíbles, pero parece que no les bastó. El 2009, anunciaron que le harían la competencia con sus propios "motion sensors", pero no me terminan de convencer, menos cuando han sido tan impuntuales.