G² & P

Ronie Bautista, 24 años, es más ‘fichero’ que ‘consolero’ y prefiere los juegos de pelea y aventura que otros géneros. Gino Alva también tiene 24, es adicto a los videojuegos, fanático del cine de terror adolescente, apasionado por el anime y el manga. Con 23 años, Gustavo Kanashiro estudió Comunicaciones,

bloguea y es vicioso hasta la médula. Pedro Rivas Ugaz tuvo un Max Play, luego un Sega Genesis, ahora un PS3. A diferencia de los tres primeros, él sí jugó Asteroids en un 'pinball' del Centro de Lima. En lo que sí coinciden los cuatro es que aseguran ganarse la vida como periodistas.

Archivos Mayo 2010

El peor agente encubierto del mundo

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Si me dieran a escoger, sería Terminator antes que James Bond. Mi personalidad -bastante más cercana a lo impulsivo que a lo racional -se refleja en muchas de las cosas que hago, entre ellas, en mi forma de jugar. He intentado en un sinnúmero de ocasiones ser frío y calculador, pero no puedo. Las ganas de arrasar con todo antes de preguntar son más fuertes que yo y eso me pide ser un buen espía o cumplir misiones de infiltración.

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El amor y Bloody Roar

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La relación siempre fue tan extraña como intensa. Desde el comienzo anduvimos escondiéndonos de su novio y de mi pareja ocasional. Bastó vernos una sola vez para engancharnos -aunque no lo crean, ella dio la iniciativa- y empezar la historia. Pese a que vivíamos en diferentes países, nos las ingeniamos para llevar una vida de "esposos".

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Los 'pinballs' en mi vida

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Creo que la primera vez que entré a un 'pinbol' fue a los 6 años. Comprenderán que en 1983 no habían muchos pinballs en Lima. [Inserta aquí tu frase: "uyyyy, ya estás bien viejo"]


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Así llegó mi Super Nintendo

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Fue el último cumpleaños antes de que mis padres se separen. Vivíamos en una habitación dentro de la bodega de mi abuela. Yo pasaba los fines de semana viendo dibujos animados y comiendo golosinas que cogía de la tiendita. Por las tardes jugaba fulbito con mis amigos y en la noche llegaban las jornadas de escondidas, guerrita u ocho locos. Años más tarde -cuando notamos la existencia de las chicas- dejamos todo por la botella borracha.

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Están prohibidos los juegos para 'raritos'

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Sandro siempre fue diferente a nosotros, nunca encajó en nuestro grupo. Mientras que preferíamos competir -apuesta incluida- para ver quién era el más bravo en los juegos de pelea, él se pasaba varias horas descifrando códigos, resolviendo acertijos o buscando objetos ocultos en títulos de rol o aventura. A los vagos solo los saludaba alzando las cejas. Conmigo era un poco más extrovertido, aunque terminaba siendo muy reservado.

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