Ronie Bautista, 24 años, es más ‘fichero’ que ‘consolero’ y prefiere los juegos de pelea y aventura que otros géneros. Gino Alva también tiene 24, es adicto a los videojuegos, fanático del cine de terror adolescente, apasionado por el anime y el manga. Con 22 años, Gustavo Kanashiro estudia Comunicaciones,
bloguea y es vicioso hasta la médula. Pedro Rivas Ugaz cumplió 34. Tuvo un Max Play, luego un Sega Genesis, ahora un PS3. A diferencia de los tres primeros, él sí jugó Asteroids en un 'pinball' del Centro de Lima. En lo que sí coinciden los cuatro es que aseguran ganarse la vida como periodistas.

Cuando mis amigos o mis familiares me dicen para jugar un videojuego de fútbol, yo les respondo con un categórico NO. Llámenme rara avis, pero prefiero entrarle a cualquier versión de Super Mario Bros antes que un título de soccer virtual. Sé que soy un fijo candidato para un callejón oscuro en línea, estimado lector, pero déjeme darle un porqué.
Eran tiempos de crisis. El NES de Jonathan se malograba tres veces por semana y su mamá estaba harta de mandarlo a reparar. Mi Super Nintendo estaba decomisado Debí haberle tomado la palabra a mi amigo Iván, cuando le pedí prestado Sonic the Hedgehog para PS3 y me advirtió que no iba a gustarme. Después de jugarlo por varios días, solo puedo decir: "¿Qué @%$/ le hicieron al erizo azul?"
Franklin era dueño del mejor vicio de Breña. Su local estaba siempre limpio, tenía varios televisores grandes y cuadraba a los abusivos que querían jugar gratis con el dinero de los más pequeños. Sin embargo, yo -a los 12 años- gastaba mis propinas ahí por otra razón: me enamoré perdidamente de su hija desde la primera vez que la vi.
El sábado pasado estuve cuasi inmovilizado en casa debido a que me había doblado el pie la noche anterior. Así que decidí aprovechar el tiempo y me puse a jugar en mi PS3. A la hora de escribir este post ya podía caminar pero me dolían los dedos y ambas muñecas de tanto apretar el mando. El causante: ¡Ninja Gaiden Sigma!