Soy un viejo teatrero, hijo de un novelista y de una pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio y sigo estudiando y enseñando teatro, en la PUCP los lunes y cuando puedo el resto de la semana. Mis dramaturgos preferidos son Shakespeare, Ibsen, Miller y Becket.
Soy buen amigo de mis amigos, perdono pero no olvido, camino por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago chistes y escribo obras sobre la muerte, trato de ser justo caiga quien caiga -con frecuencia el que cae soy yo- y en este blog diré lo que pienso.
El lector CÉSAR BEDÓN nos escribe este bien escrito comentario que merece ser publicado aquí.
CÉSAR BEDÓN escribe:
Solo para decir que estuve en la función de hoy de "La sombra" y la he encontrado, efectivamente, llena de momentos de verdad, de oscuridad, de belleza. He aplaudido de pie al final.
Es complicado hablar con palabras acerca de aquello que está expresándose sobre las tablas en aquel "otro lenguaje", el de la poesía --hay una frase que atribuyen a Elvis Costello que, me parece, se aplica también aquí: "Escribir acerca de la música es como bailar acerca de la arquitectura"; vale decir, un despropósito... quizás muy bonito, pero despropósito al fin-- así que mencionaré solo que el coraje de Melania, de Kareen, de Mónica, de Sebastián y de Samuel es digno de toda admiración.
Oficio ENDEMONIADO, el del actor. Y entregarse de la manera como lo hacen ellos aquí los enaltece. Voy a contradecirme: mencionaré algunas cosas más (salí del teatro removido, apaleado; sabrás disculpar, Alonso).
Yo diría que el montaje, aunque pisa algunas notas falsas, alcanza varias cimas. Y el excelente diseño de luces ayuda a subrayarlas. Castrillón asume riesgos grandes --uno de ellos, el del exhibicionismo-- y los sortea con dignidad: aquí hay catarsis, pero encaminada, articulada. Dirigida.
El trabajo que sus actores han realizado para esta obra me ha hecho pensar, aunque en un registro muy distinto, sobre el trabajo de quienes hacen clown con seriedad y pasión: el de convertirse en buzos de sus propios, personales océanos. Y de cuando en cuando emerger con alguna cosa encontrada al fondo.
Hay cosas de este montaje que recordaré por mucho tiempo y, creo yo, de alguna manera me han modificado. Gracias. Ver a los actores saltar y desaparecer en la negrura del escenario al final, diciendo sus palabras últimas, ha sido uno de los momentos más conmovedores que he experimentado en una sala de teatro.
Gracias por la atención, y gracias por la recomendación. Casi me pierdo esta obra.
Me pasó algo desusado mirando La sombra, performance dirigida por Guillermo Castrillón que se acaba de estrenar en la Alianza Francesa. Sentí que no quería que terminara nunca. O por lo menos en un par de horas más. Creo que esta muy grata y rara sensación se debió a dos factores: a la belleza, verdad y expresividad de las actuaciones y del montaje, y a que el espectáculo es, muy simplemente, una sucesión de elementos -de escenas distintas, de momentos sucesivos--que se van encadenando en virtud de algo muy distinto a una relación de causa y efecto. La relación que los une es temática, pero sobre todo poética.
Pienso que será siempre un bello misterio cuál es la relación entre los elementos -la palabras, las imágenes-- que hace que algo que se parece a un poema -por su métrica, su temática, la disposición de sus palabras sobre la página--sea en un verdadero poema. Cualquier persona puede comprarse uno de esos jueguitos de palabras surtidas que se pegan a la refrigeradora, juntarlas de manera casi aleatoria y acabar confeccionando un falso poema. Lo mismo pueden hacer -y hacen--teatreros mediocres o inexpertos que se meten a juntar elementos escénicos y acaban confeccionando falsas 'performances' que no evocan, que no emocionan, que no comunican nada de aquello que la poesía comunica y que es inexplicable.
Ya lo he dicho y lo repito ahora con total convicción. Lo que hacen Guillermo Castrillón y los actores que lo acompañan es poner verdadera poesía en escena. No trataré de explicar ni describir La sombra, por respeto al género poético, que es inexplicable e indescriptible. Básteme asegurar que lo que realizan Castrillón y Karen Spano, Melania Urbina, Mónica Silva, Samuel Dávalos y Sebastián Rubio sobre el escenario de la Alianza Francesa es arte poética de verdad, y que bien vale la pena verlo para quizás, igual que yo, soñar con que nunca termine.