Soy un viejo teatrero, hijo de un novelista y de una pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio y sigo estudiando y enseñando teatro, en la PUCP los lunes y cuando puedo el resto de la semana. Mis dramaturgos preferidos son Shakespeare, Ibsen, Miller y Becket.
Soy buen amigo de mis amigos, perdono pero no olvido, camino por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago chistes y escribo obras sobre la muerte, trato de ser justo caiga quien caiga -con frecuencia el que cae soy yo- y en este blog diré lo que pienso.
CONCURSO SIN PREMIO:
COMPLETANTO EL CHISTE ESCÉNICO
El siguiente chiste --que aquí cito totalmente de memoria-- es contado enterito, en toda su extensión, durante una de las escenas de la obra DÍAS CONTADOS, que se está dando en el CCPUCP. Lo cuenta un ex-yerno a pedido de su ex-suegra, quien está en el hospital. El ex-yerno hace memoria y se lo cuenta. La suegra se ríe y la escena sigue su serpenteante camino hacia más o menos ninguna parte--este chiste es una digresión dentro de una obra que es, de por si, una larga digresión.
UNA Fuente muy confiable me dice que este chiste ha circulado por Internet, pero no podría asegurar si esto sucedió antes o después de la escritura de la obra.
En mi opinión el chiste es malo, apto solamente para una mala serie cómico-dramática de la televisión.
Pero lo peor del chiste es que no tiene final.
Y es por esto que aquí se da la largada a un pequeño concurso (sin premio) cuyo tema es TERMINANDO EL CHISTE DE DÍAS CONTADOS.
Y dice:
UN SACERDOTE está en su iglesia cuando se desata una gran tormenta con mucha lluvia. Todos sus feligreses se ponen a salvo pero él decide no abandonar su iglesia. El agua ya ha subido casi medio metro cuando llegan unos rescatistas en una gran camioneta 4 x 4 anfibia. Le piden al padre que los acompañe y se salve, pero el sacerdote dice --No, no, vayan no más, Dios me va a socorrer.
Sigue lloviendo, el agua sigue subiendo y el sacerdote sube también hasta llegar al campanario. Aparece una lancha con los rescatistas, que lo divisan y se le acercan inemediatamente. Una vez más le piden que los acompañe, que se salve, pero el sacerdote dice nuevamente --No, no, vayan no más, Dios me va a socorrer. Y la lancha sigue su camino, el agua sigue subiendo y el sacerdote no tiene más remedio que encaramarse en la punta de la cruz de la cúpula de su iglesia.
Allí está prendido, pidiéndole socorro a Dios cuando aparece un helicóptero con los rescatistas, que ahora se comunican con el padre por megáfono. Le ruegan que se suba al helicóptero con ellos, que si no se va a ahogar. Pero el sacerdote les responde --No, no, vayan no más, Dios me va a socorrer.
Pero el agua sigue subiendo, el sacerdote finalmente es cubierto por las aguas y se ahoga y llega al Cielo. Al encontrarse con Dios, el sacerdote le dice -¿Dios, por qué, por qué no me socorriste?
--¡Cómo que no te socorrí! ¡Te mandé una caminoneta 4 x 4, una lancha y un helicóptero y tú no quisiste salvarte!
*
Y ahí no más termina el chiste, tal como lo escuché sobre le escenario del CCPUCP, muy bien contado por Ricardo Velásquez, pero... ¿Acaso no parece que al chiste le falta el golpe final, el 'punchline', como se suele decir en inglés?
Atrévase, entonces, y escríbale el final a este chiste. Cualquiera que sea su final, un chiste siempre es mejor si es que termina.
* * *
PREGUNTA BONUS: ¿En qué otras obras aparecen chistes completitos, de comienzo a fin? Recuerdo por lo menos una obra, muy famosa y de un autor genial (ayudita: el tema del chiste es un pantalón).
DÍAS CONTADOS
EN EL CENTRO CULTURAL DE LA CATÓLICA
Igual que en la Alianza Francesa --que está dando aquello de esperar a que llueva-- un elenco brillante aparece en el no menos importante Centro Cultural de la Católica. Els Vandell, Ricardo Velásquez, Ana María Teruel y Javier Echevarría son los eficacísimos actores que, bajo la precisa dirección del debutante Marco Mületaler, le da forma a Días contados, pieza argentina muy mala. Sí, muy mala.
¿Por qué me parece tan mala? Pues porque es una colección inconexa de escenas que pretende, sin lograrlo, tener una continuidad argumental. Porque los temas que trata son tan cotidianos y banales que para nada nos llaman la atención. Porrque hemos visto ya muchas obras acerca del divorcio, de los celos de la divorciada por la nueva esposa del ex-marido, de los problemas de tener una madre con falta de memoria, de los problemas de tener una hija adolescente. Porque hemos visto mil veces estos temitas en telenovelas y series de televisión. Pero no sólo los temitas son propios de la televisión. También el texto, que con frecuencia se pierde en la pura y simple conversación (que es algo muy distinto al diálogo). Se pierde en la conversa cotidiana a tal punto que el ex-marido Agustín (Ricardo Velásquez), en una de tantas escenas intrascendentes cuenta un chiste que para nada viene al caso --ni al tema de la obra, ni a la situación del momento, ni a ningún personaje, ni a nada. El chiste es larguísimo y Agustín lo cuenta completo. La única que se ríe es su ex-suegra, quien le pidió el viejo chiste del 'cura prendido de la cruz' porque sí, porque está en la clínica, por recordar viejos tiempos, ¡vaya usted a saber por qué, o para qué le pide el chiste! ¿Por qué nadie se ríe de ese chiste? Porque el chiste no termina, no contiene la gracia final, lo que desata la risa, eso que en inglés se llama "punchline" (ver entrada aparte titulada TERMINAR EL CHISTE DE AGUSTÍN --no se necesita haber visto la obra para participar).
Ana (Els Vandell) es una dramaturga, madre y ama de casa cincuentona que le 'cuenta' al público lo que le pasa durante algunos 'días' de su vida (de este 'contar' unos 'días' se deriva el título --miren ustedes qué ingenioso-- ya que nada ni nadie en la obra 'tiene los días contados'). Pero todo lo que vemos que le pasa a Ana, y que luego ella le comenta al público, no causa un dilema ni suscita ninguna reflexión ni toma de conciencia, ni en ella ni mucho menos en nosotros. Las muchas escenas sucesivas fueron escritas por Óscar Martínez, actor cómico de éxito en Buenos Aires (esta es su segunda obra) con algún ingenio y mucho desenfado. Dos amigos míos vieron la obra en Buenos Aires y me dicen que les pareció buena. Quizás haya sido el montaje, el elenco, sabe Dios qué.
A mí personalmente me asombra que el CCPUCP esté presentando este espanto escrito como para la televisión en el mismísimo escenario donde hace un tiempo nos maravillábamos con textos magistrales como La prueba o Matrimonio de Boston. ¿No hay mejores obras presentables en ese famoso escenario? Recientemente he leído varias de alumnos míos que lo son.
COMENTARIO SOBRE LA OBRA
QUE SE PRESENTA EN LA ALIANZA FRANCESA
Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia
de
Jean-Luc Lagarce
La Alianza Francesa, uno de nuestros más importantes escenarios, presenta Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia de Jean-Luc Lagarce, el autor francés más famoso actualmente en Francia y en todo el mundo --según nos dice el vendedor programa. Aunque la verdad es que, si acaso lo mejor del teatro francés actual es este autor, hace falta dudar de la vigencia dramática del teatro frncés, que parece haber entrado en una etapa de aburrimiento voluntario que pasa por calidad y fineza intelectual. Esta pieza me hizo recordar la efímera, e igualmente lerda 'nueva novela' (Robbe-Grillet, Sarraute, Duras), que quiso cambiar la novelística mundial y acabó aburriendo a todo el mundo y desapareciendo.
Yasmina Reza, autora de Art es francesa y ella sí que es dramaturga y sí que es conocida en todo el mundo. Pero es de estirpe judía y sangre rusa, iraní y húngara, sin gota de sangre francesa en sus venas. ¿Será por esto, y porque Yasmina no ha muerto de SIDA, que no es señalada aquí como "el autor francés de fines del siglo XX actualmente más traducido y representado en el mundo"? Porque ella sí que lo es. Claro que lo es.
Montaje argentino de Apenas el fin del mundo, donde otro hermano / hijo
llega a casa, pero no se pone a morir sino a anunciar su propia muerte.
Esta obra de título largo -como todas las de Lagarce-- es oscura, discursiva y narrada, vale decir que tiene un narrador --en este caso narradoras-- que van haciendo largos apartes al público, por lo general descriptivos, que se intercalan con escenas a veces explosivas pero cuyos motivos y propósitos no compartimos, quizás porque, en medio de tantas palabras, casi no los conocemos. Cuando los personajes dialogan, sus parlamentos a veces son inverosimilmente largos, aunque están bien escritos en un estilo que se podría llamar 'prosa poética' y que contiene, de cuando en cuando, alguna frase brillante y pertinente.
El texto va informándonos del pasado, la personalidad y la relación entre cinco mujeres. Abuela, madre y tres hijas han pasado años esperando al hermano menor, quien partió muy peleado con su padre. Acaba de volver, al llegar se ha desmayado, y ahora duerme en su cuarto de siempre. Las mujeres vaticinan que pronto morirá, se reconcilian poco a poco con ese futuro suceso y ahí termina la pieza -después de unos 80 minutos de... ¿de arte dramático? No, para nada. Esto es el arte de ilustrar escénicamente un texto literario.
El elenco es estupendo, la dirección de Gustavo López impecable y la escenografía es bella y expresiva. Margarita León y Mónica Rossi, recién saliditas del taller Aranwa, hacen un memorable debut luciendo un estilo natural y eficaz. Particularmente se luce Mónica Rossi en su monólogo inicial que logró resultarme emocionante. Lo tomé como un prólogo, un anticipo de todo lo dramático y argumental que vendría luego. Pero lo que vino fue más de lo mismo, más descripción, más palabras, más 'poesía', más preguntas sinrespuesta y más emotividad que no podemos compartir. Las actrices ponen todo de sí, por supuesto, derrochando toda la verdad que pueden encontrar en el texto y acaban, por supuesto, dándole al montaje el relativo interés que adquiere de rato en rato.
Están en escena también, por supuesto, la siempre maravillosa Grapa y la no menos convincentes Lorena Pastor y Alejandra Saba. Pero... ¿es legítimo ponerse al servicio de montar un evento literario y hacerlo pasar por teatro? Por supuesto que es legítimo, chamba es chamba. Lo que pasa es que esta obra no debió ser escogida por la Alianza Francesa de Lima para celebrar sus 120 años de vida. Mejor suerte con mejor gusto dramatúrgico es lo que su excelente escenario merece.
Carolina Barrantes y Mario Ballón
ALGO ES ALGO ganó el PREMIO DEL PÚBLICO
en el FESTIVAL SALIENDO DE LA CAJA
Felicitaciones a Carolina Barrantes y a Mario Ballón por su éxito, que no sólo los honra a ellos sino también al público, que ha sabido escoger un montaje de altísima calidad pero difícil y nadita convencional.
Creo que el éxito y el impacto general de ALGO ES ALGO se debe a la total convicción, a la profunda verdad. Con ella los dos actores han asumido sus personajes, y con ella impregnan todas y cada una de las situaciones en que los ponen.
Confrontados con esto, nosotros del público nos vemos jalados, atraídos y finalmente comprometidos totalmente con su deseo -no estoy seguro de que sea esto lo que están buscando, pero lo parece--de encontrar ese 'algo' que no sabemos qué es pero que todos, al fin y al cabo, nos pasamos la vida buscando.
¿Reminiscencias de Esperando a Godot? Por supuesto: la incertidumbre natural al ser humano no se ha resuelto, y estos dos jóvenes actores son gente de su tiempo. ¿La misma significación filosófica? A ratos, sí. ¿Merecido el premio? Por supuesto.
Y el público también se merece un premio, por supuesto, por haber escogido una obra de arte profundamente significativa pero difícil.

Título Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho
Autor Gerardo Mancebo del Castillo (México, 1970-2000)
Director Alberto Isola
Temporada 11 de marzo - 18 de abril (6 semanas)
LINDO MONTAJE CON GAZPACHO ABSURDISTA
Alonso Alegría
Alberto Ísola acaba de estrenar un lindo espectáculo en El Olivar de San Isidro. Se titula Las tremendas aventuras de la capitana Gazpacho, o cómo los elefantes aprendieron a jugar a las canicas y es del mexicano Gerardo Mancebo. En esta obra no aparecen elefantes ni canicas, pero igual es un desenfadado y exitoso desafío a la coherencia narrativa que logra deleitarnos tanto, o más, que La cantante calva (obra que, curiosamente, será el próximo estreno de El Olivar).
La capitana Gazpacho, navega parche al ojo con un grumete que la adora pero a quien desprecia. Van al centro del escenario en un barco pirata de juguete y en plan de componer el mundo. En espacios laterales moran, de un lado, una pareja de hermanas anglófilas que toman el té a las cinco de la tarde, y del otro un marido machista que abusa de su amorosa esposa.
La Gazpacho y su grumete pasan de uno a otro ambiente trastocando tiempo y lugar en un frenesí de libertad narrativa que se me antoja el mayor mérito de la obra: las fascinantes interacciones entre los diversos personajes me importan mucho más que cómo así llegaron donde ocurren las divertidas y expresivas escenas. Al final, los seis personajes están juntos sobre el barco y nuestro deleite es total.
Ísola logra una puesta en escena sencilla y bella y actuaciones estupendas. Los actores son del taller de Bruno Odar y están iniciando sus experiencias profesionales. Su estilo de actuación es natural y totalmente verosímil pese a que camina, igual que la obra, entre lo real y lo fantástico, entre la coherencia emotiva y el despropósito.
Expresar esta combinación con total verdad es, por supuesto, el mayor logro de un montaje y unas actuaciones ejemplarmente logradas.