Soy un viejo teatrero, hijo de un novelista y de una pianista y padre de un músico y de un artista plástico. Estudié muy en serio y sigo estudiando y enseñando teatro, en la PUCP los lunes y cuando puedo el resto de la semana. Mis dramaturgos preferidos son Shakespeare, Ibsen, Miller y Becket.

Soy buen amigo de mis amigos, perdono pero no olvido, camino por las mañanas, me encanta la conversación inteligente, hago chistes y escribo obras sobre la muerte, trato de ser justo caiga quien caiga -con frecuencia el que cae soy yo- y en este blog diré lo que pienso.

He visto una obra maestra: Las brujas de Sálem

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Las obras maestras son obras maestras, y lo demás son vainas.  Acabo de llegar a mi casa (02/10/09, 23:55) después de ver Las brujas de Salem, del inmenso Arthur Miller, en La Plaza ISIL. Todavía estoy bajo su influjo.  Es una obra maestra del teatro universal, puesta en escena por Juan Carlos Fisher con un elenco de primera línea maravillosamente repartido.  El montaje es también una obra maestra.  ¿Y a qué le debemos este espléndido regalo ?  Al respeto, amigos.  Al respeto por el talento y, con mayor razón aún, por el genio ajeno.

El respeto por las obras maestras es algo que solamente los verdaderos talentos se atreven a tener y mostrar.  Los artistas menores tergiversan, deconstruyen y reconstruyen, tijeretean, actualizan y transponen por dos motivos: porque no perciben --y por tanto no les interesa expresar-- la genialidad del genio, o para ocultar su inferioridad frente al genio al usar la obra como material  --como si fuera vergüenza, ¡vágame Dios! sentirse y también ser inferior a Miller, Shakespeare, Sófocles, Ibsen. 

Los artistas mayores, los grandes talentos de verdad, saben reconocer la obra de un genio --en este caso Las brujas de Salem de Arthur Miller -- para servirla, traerla a la vida, hacerla brillar sobre el escenario tal como es, para que nosotros, los del público, podamos trascender nuestra pobre humanidad y nos sintamos tocados por la grandeza del autor.  En este caso representada por la grandeza moral de unos personajes tan cotidianos como heróicos.  Los héroes de Las brujas podrían ser nosotros, pero tenemos dudas de si nosotros seríamos capaces de portarnos así.  Y cuando ellos --estos personajes, representantes nuestros-- sí se comportan como héroes, aquello nos impacta de dos formas contradictorias: nos hace más pequeños (ellos son más grandes que nosotros) y nos hace más grandes (querremos emularlos, ser como ellos). 

Ilustración (1876) del juicio de Salem. La figura central es Mary Walcott,

La anéctoda de la obra es conocida y los hechos históricos que la inspiran están documentados.  Sucede en Sálem, una pequeña comunidad de puritanos, durante el siglo XVII, en aquel primitivo Estados Unidos todavía colonia británica. Unas niñas cometen una travesura muy transgresora y, para defenderse, hacen uso de las supersticiones de la gente y de los intereses creados de sus acusadores para mentir, diciendo que han sido poseídas por el demonio, encarnado por un gran número de ciudadanos.  Se desata entonces una caza de brujas.

Este el mejor montaje que ha presentado LA PLAZA en sus seis años de vida. Sé que ésta es la tercera o cuarta vez que digo esto mismo.  ¿Será porque cada vez son mejores sus montajes?  Es muy posible.  Tanto las instituciones como los artistas crecen y se perfeccionan, cuando son buenos.  El caso de Fisher es notorio.  Y el salto adelante que ha dado, al presentar una versión estrictamente interpretativa del gran texto --una versión limpia, sin manipulaciones ni apropiaciones personalista-- es importante. 

 

Uno jamás puede hacer una obra "tal cual es", porque aquello no existe.  Siempre tiene que haber una interpretación.  La distancia que media entre las letras sobre el papel (el libreto) y la vida real de la obra sobre el escenario, la cubren los actores y el director.  El libreto es como una semilla --seca y dura, aparentemente muerta-- pero sabemos que contiene vida.  El director y el elenco riegan esa semilla para que nazca y crezca la obra, esa planta que estaba allí latente.  El nacimiento de una obra es tan misterioso como el nacimiento de una planta.  Si el director y los actores no han hecho más que regarla con devoción, honestidad y cariño, la planta --que adivinábamos maravillosa-- nacerá y crecerá maravillosa.  Como ha pasado con esta Brujas de Sálem que Juan Carlos Fisher y La Plaza ISIL nos han regalado, para mayor lustre del ya ejemplar teatro peruano.

16 comentarios

No hay nada de Arthur Miller que esté mal hecho. Comparto al ciento por ciento su opinión.

Me alegra mucho que a usted también le haya gustado BRUJAS DE SALEM. Sin embargo... debo reconocer que Miller no siempre acertó y sí tiene algunas obras que han pasado al olvido con rapidez. No son obras "mal hechas" por cierto --la técnica está ahí-- sino más bien obras sin mayor vuelo, por las que fue injusta y cruelmente criticado --y esto lo hizo comenzar a estrenar en Londres, donde siempre se lo consideró muchísimo. Nueva York puede ser un ambiente teatral muy cruel con demasiada frencuencia. No deje de leernos y escribirnos! AA

Totalmente de acuerdo, Alonso. No todo el que percibe la belleza puede transmitirla, pero felizmente aquí se dieron las dos cosas.
Gracias, Mariana, por tu comentario, que es el primero de este blog. Me alegro que coincidamos una vez más. AA

Apreciado don Alonso, leí el programa de mano de Las brujas. Me pareció un error, aunque me puedo equivocar, ¿dirigió usted La Muerte de un Viajante?, porque no figura. Solamente el estupendo montaje de don Edgar Saba.
Con relación a las Brujas de Fisher, me conmovió mucho ver como la propuesta de Miller se desenfocaba, como el amor obscuro y pasional que es el desencadenante de esta cacería pasa desapercibido y como nos centramos en el siglo XVII estáticos en una anecdota, cuando nuestro bien querido Mario VLL, nos ubica con su lucha permanente contra dos flagelos de este mundo que sufre el fanatismos y el miedo todos los días de la actualidad.

Reciba los respetos de un admirador ¿Cuándo vuelve a dirigir? Creo que La Plaza es su lugar y usted un director para ese lugar, se lo merecen.

Yo dirigí La muerte de un viajante el año 71, con Hernando Cortés como Willy Loman. Fue el primer montaje del Teatro Nacional Popular, que recién se iniciaba (bajo mi dirección duró hasta el 78). Bastante más tarde --hace unos años-- repuso la obra el CCPUCP en una muy equivocada versión de Edgar Saba. Las brujas de Sálem es una metáfora histórica, claro, pero a mí me parece que no por eso deja de tener impacto actual --a usted mismo lo ha hecho reflexionar sobre lo que pasa en nuestra época. Aunque esté ubicada en el siglo XVII, sigue siendo teatro político. Gracias por su cariñoso comentario. ¡Hasta pronto!

Estimado Alongo: Durante él fin de semana largo vi Las Brujas de Salem.

Esta obra maestra la lei hace años y el montaje que he visto me ha parecido grandioso; es el primer gran trabajo que le veo a mi contemporaneo JC Fisher y por ello mis felicitaciones. La razón: Es la primera vez que lo siento realmente enfocado en contarnos la historia, antes que preocupado por otros asuntos igualmente importantes, claro (espectacularidad, vestuario, sonido, luces) del montaje.

Sin ninguna mala intención, ni ánimo de "rajón", sus obras "El Hombre Almohada" y "Bicho" me parecieron una fotocopia de los montajes que vi en Argentina un par de años antes. "El Teniente de Inishmor" y "La Pulga en la Oreja" no me contaron ninguna historia, pero destaco su espectacularidad y otros detalles.

Mi duda, y espero puedas responderla es:

¿Que es lo que esencialmente define a un buen director?

Muchas gracias.

Jose.

Gracias por tu comentario. Coincidimos en gran parte. A mí siempre me ha parecido que Fisher cuenta muy bien la historia --que sea una historia más o menos interesante, es otra cosa, es cosa del autor. He escuchado, sí, el comentario de que sus montajes son derivados de montajes que él ha visto. Sobre esto no quiero opinar. Me resulta muy difícil definir qué es lo copiado, cuando dos montajes de una obra responden a la misma obra y a las mismas especificaciones del autor. ¿Qué define a un buen director? Pues... 1) tener respeto por la obra: no la usa para expresarse sino que la interpreta para expresar al autor, hacer que el autor le hable a este público en este momento; 2) tiene capacidad para hacer un buen casting y lograr buenas actuaciones; 3) tiene el coraje de escoger obras que lo sobrepasan, que le resultan misteriosas, que no sabe de antemano cómo son o funcionarán sobre el escenario; 4) tiene el coraje de decir "no sé", o a lo sumo "todavía no sé" cuando no sabe; y 5) cuenta la historia, sobre todo cuanta la historia para que todo el público sepa siempre, durante cada minuto de espectáculo, dónde ocurre la acción, cuándo ocurre la acción, y quiénes son los que están haciendo que ocurra la acción. Seguro hay muchas más virtudes, pero se me acaba el tiempo. Hasta pronto! AA

Hola,
Esperé todo el año para ver Las brujas de Salem y he regresado muy contento pero no completamente satisfecho como usted. Cuando acabó la escena en la habitación de Betty, sentí mucho entusiasmo y expectativa: actuaciones, escenario, movimientos en escena, etc., me gustaron (aunque no me gustó Parris, pues lo sentía más tonto que ambicioso y calculador). De inmediato, no me convencieron algunos detalles: la furia de Proctor estuvo tan bien trabajada que se dejó de lado el desconcierto en el que se encuentra como cristiano; el actor que hizo de Hathorne no transmitía su patética soberbia, sino que dejaba claro que el juez estaba equivocado (o sea, lo que el público, más bien, debía entender a partir del diálogo). Tengo otras observaciones mínimas (cuestiones de gusto sobre todo), pero hay dos puntos que sí no me gustaron: uno, desapareció la profundidad de la transformación del reverendo Hale y la culpa que siente; se suprimió un diálogo crucial entre él y Elizabeth en el que hace referencia a sus libros. Dos, se quitó la escena inicial del cuarto acto cuando -a través de Tituba, Sarah Good y la metáfora de las vacas, el demonio y Barbados- se da una visión más compleja de la crisis política y religiosa (lo mismo en ese contexto) en la que ha caído Salem.
Por último, aunque parezca un comentario tonto, el afiche no tenía por qué centrarse en Abby. Ese, quizá, sea un indicio de que a Fisher le llamó más la atención el adulterio y el deseo en sí mismos que la culpa y el perdón o la metáfora política de estos.

¡Me asombra su conocimiento de la obra, tan detallado y completo! Yo estaba consciente de que Fisher había cortado algunos pasajes --cosa normal en casi cualquier montaje-- pero no podía identificar totalmente cuáles eran --no recuerdo claramente los pasajes que usted señala y, la verdad sea dicha, a mí no me hicieron falta para percibir lo esencial de la obra, que es el dilema moral de Proctor, al fin y al cabo, que es también un dilema político. Su comentario me da pie a otro que puede resultar importante: ¿es posible ponerlo todo, todo en un montaje? ¿Abarcar todo lo que todos querrían y podrían ver o esperar, en todas sus connotaciones? En fin, lo importante aquí, me parece, es que usted salió contento del teatro. No tanto como yo, pero contento al fin. Y eso es bueno y también, cómo no, relativamente infrecuente. ¡No deje de escribirnos tan bien informados y bien pensados comentarios! AA

"Uno jamás puede hacer una obra 'tal cual es', porque aquello no existe".

Las brujas de Salem es una obra maestra sin dudarlo, y a la vez muy dificil de representar, porque la información de las acotaciones son otro factor dramático que se desvanece en la escena. Pero la puesta en escena de Fisher no es lo máximo, cojea, se salva por N. Martinez, H. Romero, G. Ponce y P.Vega. El director al cortar parte de la obra, pues nos deja un tanto decepcionados a quienes la hemos leido. La interpretación del director no me gusto del todo, Abigail no trasciende y Giles Corey ni existe. Lo bueno es que con ello, Elizabeth Proctor adopta una luz magnifica...y si este era el fin se cumplió. Saludos.

Muy interesante su comentario, que denota una percepción detallada y conocedora del texto. Le comentaré que no hace falta siempre poner todo el texto en el montaje, para de esa forma cubrir todos los aspectos de la obra. Es legítimo que el director priorice ciertos aspectos y deje de lado otros, así como prioriza algunos personajes y deja de lado otros que pueden, o no, ser nuestros favoritos. Otro punto importante es que la labor prioritaria del director no es diseñar luces o plantear movimiento escénico, es guiar la interpretación de los actores, de la que es responsable porque es a través de esa interpretación que el director expresa su concepción de la pieza (los actores no establecen por su cuenta los puntos de vista, actitudes y voluntades de los personajes). De modo que si todos los principales están bien, como usted señala, pues la dirección también está bien, por supuesto. Gracias por su comentario y no deje de escribirnos! AA

Quisiera dejar un comentario querido Alonso sobre un tema que parece ha disgustado a más de uno de tus lectores. Cortar pasajes de la obra es crucial para un texto. A veces hace dinámica la obra y a veces el resultado resulta confuso pues un dramaturgo suele colocar algunas pistas sobre algunas cosas dentro de textos.
Por último, quien otorga los derechos puede prohibir que su obra maestra se toque o sea cortada.

La verdad no me parece que obras sean mutiladas o sacrificadas como en el caso de "Don Juan Regresa de la Guerra" y se venda como una obra de teatro (cuando es más una obra de teatro danza), además de anunciarse que es la representación de la obra. Aunque sabemos que no es cierto.

A veces duele que corten algunos momentos de una obra. Pero a veces se toma la decisión debido al punto de vista del Sr. Fisher. Si se equivocó o no, no hay que molestarse por los cortes. Hay que pensar en aquellos que ceden los derechos sin colocarle la clausula clave. No se vuelen el texto, sin consultar. O destruirlo integro sin preguntar. Y sobre todo, no le pongan el nombre de un dramaturgo a algo inventado por el director. Que pague pato quien tiene que pagarlo.

Alonso, te felicito por tu blog. No sólo es ameno sino interactivo. Que bueno que haya alguien de opinión sincera en nuestro pintoresco ambiente teatral.

Gracias por tu comentario. No creo que, a estas alturas, alguien esté en contra de los cortes como tales. Lo que mereció comentarios en este blog fue lo cortado como tal, las opciones tomadas para el corte. Hay maneras de cortar que no afectan el contenido ni el sentido de la obra, y cortar es un recurso perfectamente legítimo cuando se lo aplica con conocimiento y discreción. Hay directores que cortan escenas para aligerar la pieza --los públicos cambian constantemente-- o para aclarar el argumento, o por otras razones muy legítimas. Y hay directores que sencillamente cortan las escenas que les resultan difíciles o incomprensibles; de esa forma se deshacen de sus problemas sin siquiera intentar solucionarlos. Es una opción fácil --y cobarde, claro... Gracias por su interesante contribución. ¡Hasta pronto! AA

Antes que todo mi mas cordial saludo Sr. Alegría.
El sábado que pasó tuve la oportunidad de acudir a la obra "Las Brujas de Salem" y es la 2da obra que logra que vaya corriendo al texto, sé que se han cortado pasajes pero considero que es inevitable (lástima que se cortó esa parte del reverendo Hale y la profundidad del mismo, creo que la interpretacion de Rómulo Assereto hubiera sido aún mejor).
Me pareció increíble la obra desde todo punto de vista, el mejor estreno del año definitivamente y sin duda alguna, pero no concuerdo que sea la mejor obra de la Plaza (aún considero que "El beso de la mujer araña" es superlativa).
Un último comentario: creo que Paul Vega debe estar entre los 3 o 4 mejores actores de teatro del medio, ¿no cree?
Bueno me despido, mil gracias una vez mas por el blog
MSEA

Gracias, Miguel, por la opinión! Voy a tener que releer "Las brujas..." especialmente por aquello del reverendo Hale, ya que a mí me pareció que no le faltaba nada. Y claro, por supuesto que Paul Vega es uno de los... dos o tres mejores y más completos actores peruanos --que es decir un montón, porque le cuento, doctor, que los actores peruanos son de los mejores de habla hispana (y esto es un hecho empíricamente demostrado). Gracias por escribirnos! Hasta pronto!

Estimado Sr. Alonso,

Estoy completamente de acuerdo con Ud. sobre Las Brujas de Salem, realmente es una obra maestra, sali impactada de todo. Me da mucho gusto que haya tan buenas obras en el Perú.
Sobre el Director no tengo mas que elogios, es una tarea dificil poder hacer todo. Como Ud. pone en respuesta a un comentario de "Como se define a un buen Director" creo que Juan Carlos Fisher cumple todos los requisitos.
Esperemos que siga haciendo obras como estas y las anteriores, como El Hombre Almohada, Kabul.
El elenco me parecio excelente. Produccion de primera.
Muchas gracias por su criticas del teatro.

Margarita

Gracias, estimada lectora, por este amable y generoso comentario --se nota que usted sigue la estupenda carrera de Juan Carlos Fisher, y por ello la felicito, porque está usted viendo mucho del mejor teatro que tenemos. Kabul también fue un montaje extraordinario. No deje de escribirnos con sus opiniones y comentarios. ¡Y hasta pronto! AA

Solo porque no puedo con mi genio, comento a la volada:

No me gustó la obra de Miller, fue demasiado moralista y directa para mi gusto. No importa cual sea el mensaje, si es muy explícito, la obra me empieza a saber a propaganda. Como decía un director de teatro amigo, "no traemos mensajes, no somos carteros".

Pero las actuaciones me parecieron magistrales. Me encantó la primera escena... y luego todo fue bajando terriblemente. Pero las actuaciones perfectas desde el primer momento (con algunas excepciones brutales que prefiero no mencionar), y sostenidas hasta el final. Se nota, también, la mano del director para lograr trabajos tan geniales de parte de sus actores.

Una vez más, gracias por tan interesante comentario. Me llama la atención que a usted no le moleste, ni mencione en el correspondiente comentario, el 'mensaje' de LA ÓPERA DE TRES CENTAVOS, que es no solamente mucho más explícito que el de Miller en BRUJAS, sino que está dicho directamente al público y acompañado de una actitud mensajista sin roche (no hay teatro político sin 'mensaje', esta pieza de Brecht es teatro político y ese fue un montaje eminentemente político). ¿Nos haría el favor de explicarnos esta aparente contradicción en sus actitudes respecto al mensajismo de las dos obras? Se lo agradeceremos mucho. AA

No entiendo el entusiasmo de quienes han opinado antes porque yo encontré una obra atropellada en su primer acto y muy aburrida en el resto. La puesta en escena no solo es estática sino que la iluminación no aporta nada. Es decir, el escenario está alumbrado y no iluminado porque no hay ninguna expresividad en el diseño de luces.
Salvo Paul Vega, las actuaciones las encontré bastante frías y la obra no supo transmitir el caos y el descincierto de los personajes ante tanta arbitrariedad. Me molestó el tono monocorde y muy agudo de todas las actrices. Un recurso bastante ingenuo para demostrar la situación de la mujer en la época.
Todo está muy bien puesto pero, a mi humilde entender, faltó pasión y locura en la obra. .

Mmm... un interesante y bien planteado punto de vista, divergente del mío, por supuesto, y esto lo hace doblemente valioso. Me gusta mucho lo último, lo de la falta de pasión y locura... quizás, quizás, pero también depende de la función que haya visto --yo estuve en el estreno, que es siempre una función de por sí loca y apasionada. Trataré de volver a La Plaza para verla de nuevo. Gracias por el interesante comentario. Hasta pronto! AA

Mmmmmm no me parece que la obra haya sido tan buena, honestamente yo esperaba un poco más. El texto de Miller es más irracionalidad, más locura, MÁS ABIGAIL. Y en la obra de Fisher, se privilegia demasiado a Proctor cosa que no es mala si se mentiene el lugar de Abigail. Pero se le recortó mucho, y ésto, sumado a una discreta actuación de Melania Urbina, me parece que le quitó muchísimo a la puesta en escena;

Curioso e interesante que, en este mismo blog, otro espectador piense que hay demasiada Abigail, y señala que síntoma de esto es la imagen de ella en el afiche.
Abby queda como una loquita cualquiera, cuando debía ser prácticamente la encarnación de la locura de Salem y provocar temor.
Creo que estoy de acuerdo con esto, pero entiendo cómo Fisher puede haber querido enfatizar la irracionalidad de la casa de brujas haciendo que su causa sea, precisamente, una loquita cualquiera.
Creo que, sin quitarle la importancia a Abby, Fisher hubiera logrado algo más completo, porque Proctor no hubiera perdido su lugar: Paul Vega es muy muy bueno para que eso suceda. He quedado algo decepcionada al verla, sobre todo por el gran elenco que tenía.
Pena, siempre que una obra de teatro desilusiona, pero habrá otras mejores siempre! AA

Ame la obra, me encanto de principio a fin. Amé a Paul vega diciendo: ¡No les regales ni una lágrima! ¡Muéstrales honor, muéstrales un corazón de piedra y húndelos con él!
Es una obra tan auténtica y atemporal que verla interpretada de forma tan magistral fue como un regalo, Y el resultado es el aplauso agradecido del publico...

Gracias por este comprometido comentario. Ese momento de Paul Vega es de verdad emocionante, conmovedor, y además lleva a la reflexión. ¿Qué más se puede pedir de un momento teatral? ¡Gracias y hasta pronto! AA

Acabo de ver la obra y la verdad es totalmente irregular, desconcertante y finalmente decepcionante. La atmósfera puritana de los inmigrantes americanos no ha sido en lo más mínimo recreada, parecía casi una caricatura (un poquito más de investigación para la próxima). Los recortes al texto totalmente inconvenientes (Abigail es una sombra que pasó y se fue). Los debates éticos quedan artificialmente planteados, cuando debían haber surgido de la crisis matrimonial entre John y Elizabeth, la química entre ellos es desastrosa, y no por el adulterio sino principalmente debido al desastroso papel de Norma Martínez.. Es evidente que el texto de la obra se sostiene por sí mismo pero de ahí a calificar esta puesta de obra maestra... evidentemente discrepo. El texto de la obra de Miller es una gran sinfonía, los intérpretes indudablemente son buenos, sin embargo sólo hay dos notas afinadas en la obra: la de Vega y la de la chica que interpreta a Mary Warren, lo demás suena desafinado y eso lamentablemente es falla de director. No confundir un buen texto con una buena puesta.

Siempre es bueno sustentar los cargos, para que el comentario resulte siendo algo más que una inocua lista de gustos y disgustos. Hubiera sido interesante, por ejemplo, leer detalles de cómo eran en realidad los puritanos, o ver señaladas (y hasta mínimamente descritas) las escenas de Abigail que no debieron ser omitidas o acaso, finalmente, darme alguna clave de cómo hace usted para no confundir texto con puesta en escena al ver una obra: ¡es que he estado tratando de evitar este error desde hace cincuenta años! Gracias por escribir. AA

Ayer vi la última función del año de Las Brujas de Salem. Salí contento porque en su conjunto me pareció un buen montaje. Destacan con mucha fuerza, presencia y energía Paul Vega y Hernán Romero. Inmediatamente le sigue Norma Martínez con gran evolución de su personaje (sobre todo en el segundo acto) y algunos chispazos interesantes del resto del elenco.

Ya es gran merito de un director, poder “arrancarle” a los actores grandes momentos, que sin duda esta obra nos regala para deleite y conexión con el público. No me gustaría mencionar como positivo limpieza y orden del montaje, pues mínimamente un director debería garantizarnos esto.

Muy cierto, limpieza en el montaje debe ser algo tan automático como la buena ortografía en un escritor.
Más bien, si podría atreverme a resaltar la sobriedad, pues felizmente nada salta fuera del plato y nos lleva a concentrarnos directamente en la historia. Se nota que Fisher crea un tono y una atmósfera consecuente, con el espacio, las luces, la escenografía y las actuaciones.
Me gustó particularmente la escenografía, ese tejado está muy bien concebido y resuelto.
Sin embargo, el segundo acto supera al primero.
Si te refieres al montaje, es natural que así sea porque el material del drama es mejor. Miller va usando cada vez con más fuerza las circunstancias de la caza de brujas, que de por sí se van extremando cada vez más.
Por ejemplo, en la primera parte del primer acto, la crispación de todos los personajes no me dejaron ver matices claros entre ellos, con lo cual el texto lo sentí un poco denso, cuando creo que la puerta de la historia se debió abrir de a pocos. En general, el primer acto cae mucho en lo real y se apoya bastante en lo existente. En cambio, el segundo acto explota el espacio al máximo, juega mucho con el lenguaje teatral y permite al público complementar con la imaginación distintos lugares y situaciones. En este caso el contraste de los personajes es interesantísimo y logra un buen balance escena a escena.
"All's well that ends well", entonces.
Olvidaba mencionar la poca fuerza que vi en el personaje del Reverendo Parris que me parece pieza clave de la obra. Reconozco que la obra no la he leído, pero hasta ahora no sé exactamente cual es el motivo, si es que me perdí en la primera parte, si es que se debe al corte de algunos pasajes o a la propuesta del personaje. De hecho no es por el actor, Mario Velásquez es un actor excepcional, pero Parris sentí que empezó y no despegó.

De todas formas, me parece una buena obra que vale la pena ver, que afronta el reto de trabajar con un talentoso elenco y la dificultad de una obra maestra de Arthur Miller. No sé que tan vigente o válido sea mi comentario en una entrada a principios de octubre, pero no quería dejar de expresar mi opinión.

Nada que ver, un buen comentario es siempre bienvenido, ¡hasta cuando la obra ya ha cerrado!
Gracias Un abrazo
Otro abrazo! AA

Creo que nadie pudo contener las lágrimas en la escena final. Sensacional.

Revise los comentarios y verá que sí los hubo, pero igual, ese final es muy emocionante. Gracias! AA

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