Soy periodista y consultora de comunicación estratégica con visión de Responsabilidad Social. Pero ante todo, soy una buscadora eterna de la felicidad. Desde niña siempre escuché decir: “No hay felicidad completa”. Pero yo me rehúso a aceptar esa negación. Por eso, hace veinte años decidí convertirme en periodista, para investigar e intentar hallar la clave de un mundo feliz para todos.Desde este espacio, podremos reflexionar juntos sobre cómo alcanzar la felicidad personal y el bienestar social desde los diversos planos de la vida. Atrévete y acompáñame en este intento por descubrir cómo podemos ser 100% felices.
Recientes acontecimientos nacionales e internacionales han obligado a las centrales de riesgo a reportar que próximamente podría generarse una crisis mundial de amigos debido al incremento de la compra-venta de amistad en el mundo. Los especialistas advierten que la demanda de acciones de amistad por conveniencia se incrementó en más de 200% en el último año. En tanto, los valores de amistades verdaderas disminuyeron significativamente hasta en más de 80%.
Si hay algo que me pone realmente feliz en el invierno es una rica taza de chocolate caliente. Durante muchísimos años creí que preparar una buena taza era solo posible en manos de personas muy especiales,de chefs entrenados o de aquellas buenas señoras que escondían bajos sus faldas sus más dulces secretos.
La presión actual y el estrés excesivo que vivimos -y que de hecho se incrementará ante la crisis económica anunciada-- siempre terminan afectándonos el ánimo y cuando esto ocurre son los neurotransmisores -que trabajan en nuestro cuerpo-- los que más sufren y serán ellos los que, tarde o temprano, acabarán por pasarnos la factura, al extremo de paralizarnos o li-qui-dar-nos.
Estaba sentada frente a la tele Sony Trinitron de mis abuelitos, disfrutando de esa dulce sensación infantil que causaba en mí ese pedacito de ternura que siempre terminaba diciendo "...a la ca-mi-ta, a la ca-mi-ta" y siempre pidiendo ese besito de buenas noches antes de empezar a cantar "...hasta mañana, buenas noches, que descanses bien". Cómo me gustaba cuando decía "lo dije yo primero, lo dije yo primero"...
La corrupción es una enfermedad mortal que puede provocar descalabros económicos de países enteros. Y la Honestidad es la vacuna perfecta para lograr asegurar un mejor porvenir económico, social y ambiental de las futuras generaciones. La cura ya existe, lo que falta es una gran campaña masiva de vacunación para prevenir y combatir el avance de la corrupción y hoy es el momento de iniciarla.
Cada vez que se toca el tema de la Responsabilidad Social (RS) en los directorios o gerencias de las organizaciones, los líderes terminan rompiéndose la cabeza de cómo realizar acciones "responsables" sin tener que generar más costos o sobrecostos. Si bien algunos encuentran la fórmula, otros optan por dilatar el tema y priorizar otros asuntos considerados de mayor importancia.
Si vivimos solo para trabajar, descansamos poco y nos guardamos nuestras penas, tengamos en claro que toda esa energía negativa se convertirá en toxinas que dañarán nuestro organismo. Sin embargo, la buena noticia es que existe una milenaria medicina natural --100 por ciento gratuita y eficaz-- que cura cuerpo, mente y alma, llamada: Respiración adecuada y profunda.
Cuando el consumo de luz, agua u otros servicios se incrementan en nuestros hogares o empresas, nuestra reacción natural es adoptar medidas para reducirlo y, al hacerlo, no sólo gastamos menos sino también producimos menos calentamiento global y por ende afectamos menos al ambiente.
Este artículo está dedicado a todos los padres y madres que perdieron a sus hijos e hijas como consecuencia del "bullying" o acoso en sus colegios. Este tipo de violencia, que crece silenciosamente en las escuelas, afecta hasta al 65 por ciento de escolares en el mundo según UNICEF. En los casos más extremos, las víctimas han llegado a quitarse la vida o a cometer venganzas terribles contra su agresor.
Cuando era niña soñaba con un Perú donde nadie necesitara dinero para vivir, donde el trueque y el trabajo comunitario fueran el pilar de nuestra economía, permitiendo que todos tuviéramos comida y servicios básicos. Pero luego entendí que debía adaptarme al sistema en el que vivía, donde teníamos que trabajar y ganar dinero para solventar nuestros gastos. Y, que por todo lo que compráramos o ganáramos, el Estado retendría una parte del dinero para hacer obras y brindar servicios a los más pobres.