Falta poco para tener a mi bebé en mis brazos. Estoy nerviosa, tratando de respirar lo suficiente para calmarme y oxigenar a mi pequeño. Trabajo a medio tiempo pero siento que mis energías disminuyen y se me hinchan los pies de vez en cuando. El doctor me advierte que debo descansar con los pies arriba, comer alimentos bajos en sal y tomar líquido.
"Señora, su bebito está en muy buenas condiciones". ¿Bebito?, pregunté incrédula mirando atenta la pantalla del ecógrafo. "Sí, señora, es hombre. Allí está su..." ¿Su pipilí doctor? "Sí, señora, allí está mire", insistió agrandando la imagen mientras yo observaba estupefacta. Y así comenzó la historia de mi relación con el nuevo hombre de mi vida.
En estos tiempos en que la mayoría nos concentramos en trabajar antes que pasar más momentos disfrutando en el hogar con la familia, tal vez sean muy pocos los instantes en que nos detenemos a observar nuestra casa y todo aquello que hemos acumulado en su interior por tantos años.
Once kilos y medio es lo máximo que una mujer con sobrepeso puede agregar a su cuerpo durante los nueve meses de embarazo. Y si fuera obesa, el tope sería siete kilos. Tremendo reto, si tomamos en cuenta que teniendo un peso normal podría subir hasta dieciséis kilogramos. Así me lo advirtieron claramente dos expertas nutricionistas a quienes consulté sobre el tema pensando en aquellas mamis, que como yo, hoy se encuentran iniciando su embarazo y lidiando con sus "antojitos" para no pasarse de calorías.
Recientemente sostuve una conversación de lo más risible con un hombre de negocios peruano, recién llegado al Perú después de veinte años, huyendo de la crisis española.En medio de nuestro diálogo, conversamos sobre las mujeres embarazadas y siendo genérico en sus apreciaciones comentó que él y su socio ecuatoriano, opinaban que las empresas no deberían contratar gestantes porque ponen en riesgo la productividad de los negocios.
Estaba sentada frente a la tele Sony Trinitron de mis abuelitos, disfrutando de esa dulce sensación infantil que causaba en mí ese pedacito de ternura que siempre terminaba diciendo "...a la ca-mi-ta, a la ca-mi-ta" y siempre pidiendo ese besito de buenas noches antes de empezar a cantar "...hasta mañana, buenas noches, que descanses bien". Cómo me gustaba cuando decía "lo dije yo primero, lo dije yo primero"...