¿Y ahora cómo me presento? Soy periodista, pero más soy una rata. Fui el autor de este blog hace más de un año atrás y ahora he regresado. La razón de mí vuelta es todo lo que tengo que decir y contar sobre el único tema que no entiendo y menos controlo: las mujeres.
Ahora a mis 34 años he decidido no hacer más hipótesis sobre ellas. Esta segunda temporada será corta. Será un ensayo literario de la ficción de mi vida. Está vez les contaré todo lo que deben hacer para no enamorarse. Tengan fe en mí. Sé que lo lograré. Tenga fe de hombres, fe de ratas…
Los dos, una mesa y una botella de cerveza. Era como todas nuestras salidas. Un preludio inocente para el sexo. Una conversación de eufemismos para ir a la cama. Un cúmulo de gestos lúdicos para demostrar lo tanto que nos deseábamos. Pero esta vez yo no quería sexo y esa vez ella quería algo más sexo. Tenía que acabar con esta situación. Tenía que terminar con ella.
Mis parpados se despegan y veo la luz al final de mis ojos. No sé donde estoy, pero estoy acostado. Sé quien soy, pero no sé quienes están detrás de esa puerta blanca. Mi brazo derecho está congelado y casi no puedo moverlo. Intento sentarme y un mareo me devuelve a la cama. Mi lengua está tan dura como una tabla de picar y mi columna tan doblada como un espiral. No recuerdo nada.