¿Y ahora cómo me presento? Soy periodista, pero más soy una rata. Fui el autor de este blog hace más de un año atrás y ahora he regresado. La razón de mí vuelta es todo lo que tengo que decir y contar sobre el único tema que no entiendo y menos controlo: las mujeres.
Ahora a mis 34 años he decidido no hacer más hipótesis sobre ellas. Esta segunda temporada será corta. Será un ensayo literario de la ficción de mi vida. Está vez les contaré todo lo que deben hacer para no enamorarse. Tengan fe en mí. Sé que lo lograré. Tenga fe de hombres, fe de ratas…
Su último beso fue hirviente, jugoso e insondable. Su lengua se entregó con ligereza. Sus labios abrazaron mi boca con fervor. Fue un beso de despedida en la puerta de su trabajo, en medio de un cielo violeta de madrugada. Fue un beso extraño para ser de una puta.
Los instantes de mayor verdad de un hombre son los diez segundos después de un orgasmo. Cuando sudoroso, caes desnudo sobre la cama, miras el pálido techo y tomas aliento luego de tanta agitación.
La primera vez que supe que era momento de besar a una mujer tenía doce años. Estaba hablando con mi nuevo amigo Giorgio en la entrada de la librería de mi papá, en Salamanca, cuando él me interrogó: "¿No has besado a ninguna chica? Yo, en Ancón, no solo he chapado, sino que he hecho el amor".