¿Y ahora cómo me presento? Soy periodista, pero más soy una rata. Fui el autor de este blog hace más de un año atrás y ahora he regresado. La razón de mí vuelta es todo lo que tengo que decir y contar sobre el único tema que no entiendo y menos controlo: las mujeres.
Ahora a mis 34 años he decidido no hacer más hipótesis sobre ellas. Esta segunda temporada será corta. Será un ensayo literario de la ficción de mi vida. Está vez les contaré todo lo que deben hacer para no enamorarse. Tengan fe en mí. Sé que lo lograré. Tenga fe de hombres, fe de ratas…



"¿Es verdad todo lo que escribes?" Me preguntaste. Todos me interrogan sobre lo mismo. Para qué quieren saber la verdad. La verdad nos descubre, nos devela, nos conoce. No quería que me conocieras. Y sin embargo no solo te respondí, sino que me quedé. Seguí ahí: hablándote, mirándote y escrutándote. Tú siempre tenías una frase aguda y una pregunta sin respuesta. Siempre una oración inocente, pero sin pudor y un dicho sin vanidad pero con una belleza inquebrantable. Y por eso no me fuí, por que no te podía descifrar.

"Anda a comprar", me dijo. Yo no quería ir. Él me miró desde su cama y me pidió que me acerque. "Estoy bien Negrita", me susurró con esa voz que tanto extrañaba. "Solo quiero una CocaCola". Sonrió como la primera vez que lo vi en el bus. "Estoy bien. Yo siempre estaré aquí".
Este post no tendrá palabras complicadas ni rimas manidas. Tampoco tendrá exquisiteces narrativas. Solo es un post sincero. Señores, me voy. Me voy de este blog. Ya no tengo fe. Ya no soy tampoco una rata. Este será mi último post.
Esta es una carta abierta para ella. Ella, esa persona sin nombre que es una y es ninguna. Que es ella y que es muchas. Un mail que se lo debía. Una carta que jamás fue entregada. Una carta que ya no es carta sino una extraño y largo perdón Una carta que quizás sí es carta, pues sí tiene destino.
Una mañana cualquiera de un fin de semana cualquiera. Mi boca está seca, muy seca por las diez cervezas que me embutí en la noche. Siento un sabor rancio en mis labios. Mi cabeza es taladrada por los ecos nocturnos. Prendó la televisión, para intentar llenar el molesto silencio. Un partido de la Liga Premier acompaña mi sueño mañanero. Miró mi Blackberry. Veo la hora, los mails y las actualizaciones del Facebook. Nadie me escribe. Sigo durmiendo.