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Francisco Arbaiza

Este es un blog acerca de publicidad, branding, marketing digital y todos aquellos nuevos escenarios sobre los que se desenvuelve la comunicación comercial hoy en día. Eso sí, siempre con una buena dosis de creatividad.
Francisco Arbaiza es comunicador, publicista, consultor, profesor e investigador en el ámbito de las nuevas tendencias del marketing contemporáneo. PhD en Comunicaciones de Marketing en la Universidad de Navarra (España). Actualmente director del Área Académica de Comunicaciones de Marketing de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura.

Anatomía del hipster: Un hijo de su tiempo... y del marketing

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Tratando intencionalmente de pasar desapercibidos, o de aparentar que quieren pasar desapercibidos, una "nueva" tribu apareció hace algún tiempo en el panorama de las ciudades más cosmopolitas del mundo. Su perfil postmoderno ha sido poco estudiado, a pesar que sus expresiones han inundado el panorama cultural y mediático, y de que cuentan con una enorme de cantidad de wannabes en diversas partes del mundo, procurando ser parte de su particular círculo y adoptando algunos de sus cautivadores usos y costumbres.


Orígenes

A comienzos del 2000 en el sector de Williamsburg de Brooklyn, New York, apareció un grupo de jóvenes que retomaban la costumbre de usar zapatillas caña alta y pantalones pitillo. A simple vista parecía que el estilo punk estaba de vuelta, sin embargo, el resto de su look evidenciaba que no se trataba de miembros de aquella contracorriente londinense de los años ochenta. 

Desde una perspectiva comercial, estos raros especímenes se volcaban en torno a una especie de consumo paralelo al mercado de las grandes masas, principalmente siendo fanáticos de la ropa usada y el look retro -graciosamente denominada vintage-. Estos sujetos procuran usar anteojos de pasta estilo Wayfarer -muchas veces sin necesitarlos-, portan un bolso cruzado sobre el hombro, y de vez en cuando, llevan consigo una cámara Lomo. Suelen movilizarse a pie o en una bicicleta antigua -vintage otra vez- y buscan vivir en departamentos céntricos -amoblados gracias al fino auspicio de Ikea-. Escuchan música indie con audífonos enormes -más grandes que el reproductor de música- y son aficionados al cine independiente. Leen revistas de moda y diseño y publicaciones culturales en general. Usualmente son bastante flacos y, normalmente, fuman. En síntesis, un grupo bastante compacto y particular.

Al parecer a alguien se le ocurrió desempolvar la etiqueta de "hipster" para referirse a esta tribu y la interconectividad tecnológica se encargó de diseminarla por todo el globo. Decimos desempolvar porque, etimológicamente, el término hipster apareció en la década de los cuarenta en Norteamérica, haciendo referencia directa a jóvenes adultos urbanos de clase media y alta con un punto de vista liberal, y con mucho interés por la moda y la estética cultural. Algunos años después, la denominación -y el estilo de vida que precede- ganó relevancia -y se popularizó- gracias a su vinculación con escritores representantes de la Beat Generation, como Jack Kerouac y William Burroughs, que romantizaron la decadencia entre sus contemporáneos durante los cincuenta. 

El hipster contemporáneo

El hipster de hoy no es para nada el de aquel entonces. El de hoy viene descafeinado. Es menos rebelde, aunque más cool. Su distancia con el sistema está calculada para ser marginal, o mejor dicho, para parecerlo. Es un nuevo engendro cultural, un ferviente consumidor de cultura alternativa, sofisticado, instruido y conocedor de las últimas tendencias independientes y de vanguardia. En otras palabras, una especie de yuppie intelectual que, a diferencia de los bohemios de antaño, no reniega de la cultura popular y sus expresiones pedestres. Al contrario, es tolerante, tal vez debido a su convivencia con gustos disímiles producto de aquel intenso proceso de globalización del que fue testigo durante los años noventa.

Bajo un enfoque sociológico, son parte de una subcultura contradictoria y de gustos eclécticos: son early-adopters pero, a la vez, no están dispuestos a esforzarse mucho por comprar ropa cara y objetos de diseño. Asimismo, son despreocupados e irónicos ante la vida y los prejuicios. Se autoproclaman "de mente abierta" u "open-minded". 

Sus tendencias profesionales se orientan hacia las comunicaciones, diseño gráfico, publicidad, periodismo, fotografía, artes plásticas, artes visuales, música, literatura y carreras humanistas de diversa índole. Estas profesiones les garantizan estar al tanto de las tendencias estéticas y de involucrarse en pleno a la sociedad de consumo -de la que supuestamente reniegan-. Ganar grandes cantidades de dinero no está en sus planes, principalmente porque muchos de ellos tienen padres con generosas fortunas.

Una tribu seguida y odiada a la vez

Hoy en día existen innumerables críticas que les dan con palo, bajo sentencias que los tildan de anacrónicos y pasados de moda, de ser un fenómeno social trasnochado y, sobre todo, de ser mercenarios de modas alternativas. Así pues, la figura del hipster es para ciertos sectores, tan irritante por su falta de ideología como por su eterna pose. Sus detractores denuncian que no se alinean ante una ideología, marco teórico o postura social crítica -como suele ocurrir con las tribus urbanas-; y que constantemente corrompen lo cool y prostituyen movimientos contraculturales que en su momento fueron consistentes como el punk o el hippie

En realidad, siendo justos, esta crítica es más atribuible al pelotón de adolescentes y jóvenes de 18 y 34 años de todo el mundo que ven atractiva la tendencia y, haciendo turismo social y cultural, imitan sus poses con aún menos consistencia que los auténticos miembros del  aquel compacto grupo.

Una contracultura prefabricada por el marketing

El hipster es un sujeto que forma parte de la primera contracultura postmoderna que se desarrolló bajo el patrocinio del marketing. Se encuentra constantemente bajo la lupa de los cool-hunters, que analizan su comportamiento, recogen información y se la venden a las grandes marcas para estas prefabriquen y difundan nuevas propuestas a todos sus entusiastas wannabes -que en su momento creerán que están inventando o descubriendo un estilo-. Consecuencia de ello, es una corriente que se ha llenado de individuos que forman parte de un grupo de consumo, sin rebeldía, y que consume lo cool, pero no lo genera. 

Quizás por todo esto es que incluso ahora podemos encontrar hipsters que reniegan de su condición. Para algunos su figura ha dejado de ser algo por lo que se puedan sentir orgullosos. Muy por el contrario, actualmente en algunos lugares ser tildado de tal ha alcanzado una profunda connotación peyorativa. A pesar de ello, sus entusiastas wannabes, -sin ser, ni saber mucho de ellos- no hacen más que multiplicarse por todo el mundo. Y es que siempre habrá jóvenes "cazadores" de lo cool, y marcas dispuestas a ofrecerles aquello que buscan.

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