Cuestiones del fin del mundo

Denisse Sotomayor

Soy periodista y fotógrafa independiente y espero seguir siéndolo toda la vida. Me apasionan las historias extrañas y las situaciones extremas. Tengo la convicción que para saber y aprender hay que vivirlo, por eso hoy estoy a 3mil 200 millas de casa, sufriendo y gozando lo que significa llegar al continente menos explorado del planeta tierra: La Antártida.

Este espacio es un gran nexo entre el Perú y la Base Científica Machu Picchu que opera desde 1989 en la Antártida. Hasta aquí llegan nuestros compatriotas todos los veranos australes para izar la bandera, realizar estudios científicos y labores de logística en nombre de la patria.

Hasta pronto, "Comandante Ferraz"

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Escribía lo que significa para todos regresar a la ciudad. Lo extraño que se siente ver un mar de personas caminando en toda dirección y lo torpe que se ve uno al pararse a pensar qué ademanes debe recordar para no toparse de hombros.  Relataba la increíble reacción  del grupo al ver un perro aduanero -después de dos meses- en la Patagonia Argentina. Escribía también del extraño -pero delicioso- sentimiento que te produce regresar a la civilización. Relataba todo esto cuando una noticia cambió el rumbo de este post. 

Era nuestro último día en Buenos Aires. Habíamos dejado la Antártida dos días atrás. Eran cerca de las 10 de la mañana cuando Liliana y yo fuimos a buscar a los chicos al "Hotel Recoleta". Queríamos ir de compras. En la recepción Percy Gallegos frente a la computadora nos esperaba con el anuncio. 

-Se incendió la estación Ferraz
-¿Qué?
-Se ha perdido el 70% de la base y hay dos desaparecidos.

Solo cinco días nos separaban de la última vez que estuvimos en la estación brasilera. Fue un domingo de fiesta en donde todo el "Comandante Ferraz" celebraba  el inicio del Carnaval en Río de Janeiro y todos los países de la Bahía Almirantazgo estaban invitados: Estados Unidos, Polonia y Perú. 

Cerveza conservada en nieve, feijoada, carnes y ensalada. La gente jugaba pin-pon, fulbito de mano, bailaban al ritmo de la samba o conversaban mientras un televisor pasaba en vivo el carnaval en Brasil. Sí, en vivo. 

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Es que Ferraz era una de las mejores bases antárticas. Fue inaugurada con un pequeño módulo en 1984 y al día de hoy ya tenía 2.600 metros cuadrados, un presupuesto de 8 millones de dólares al año y cinco ministerios interesados e involucrados: Relaciones Exteriores, Ciencia y Tecnología, Medio Ambiente, Energía y Minas y Defensa.
Gozaban de televisión, teléfono e internet. Los que tenían celular de la empresa telefónica "Oi" podían hablar con familiares y amigos como si estuviesen en su barrio y los que no, tenían acceso ilimitado y gratuito a las cabinas telefónicas de la misma empresa. Las biólogas hacían conferencias en vivo con escuelas de primaria en Río de Janeiro y todo el resto veía las noticias y estaban al tanto de lo que sucedía en su país. Poco faltaba para que les llegue O Globo. 

Sus laboratorios contaban con tecnología de primera para realizar sus estudios científicos sobre los ecosistemas marinos y costeros y su alteración con el cambio climático. Para ello tenían un acuario, congeladoras, biblioteca, etc. Para los visitantes instalaron computadoras extras y para la seguridad de todos su personal y el que requiera de ella, una enfermería equipadísima con máquina de rayos X, dos camillas, una sección de ortodoncia con silla de dentista y todo, y todos los artículos imaginables y necesarios para atender cualquier emergencia. 

Y no podía dejar de hablar de su gimnasio. Un mini "Sport Life" con corredoras digitales, distintas máquinas de pesas, un televisor pantalla plana, bicicletas y un largo etcétera. Todo un lujo que no tenían las bases aledañas. Para nosotros era tan increíble y lejano ese espacio que bromeábamos diciendo que tenían un holograma carioca de personal trainer. 

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En resumen, además de las comodidades, la estación brasilera era la más preparada para pasar un invierno austral, tenía toda la tecnología necesaria para finalizar sus investigaciones científicas y, desde afuera, su seguridad era envidiable. 

Todavía no se sabe exactamente qué ocurrió aquella madrugada del viernes 24 de febrero: solo se conoce que algo no funcionó como debía en el generador eléctrico, y eso originó una explosión. 

En Buenos Aires, horas después de lo ocurrido, los primeros reportes nos dejaron en shock, y la angustia crecía al no conocer la identidad de las víctimas. Los 32 peruanos que trabajamos este verano en la Antártida tenemos muchos amigos en esa estación y, por su cercanía, Brasil era el país que nos prestaba ayuda. 

Los mecánicos de Ferraz nos ayudaron con la reparación de un motor fuera de borda e irónicamente con nuestro generador de energía. A los meteorólogos les pasaban por radio el pronóstico del tiempo todos los días a las nueve de la noche. A mi me ayudaron inmensamente ofreciéndome el acceso a internet cada vez que iba por esos lares. También guardaban ciertos artículos nuestros en el invierno como por ejemplo mantuvieron por dos años una chata y un motor de 75 caballos que fueron recogidos los primeros días de la temporada y luego de utilizarlos -para no molestar- los dejamos la última semana en Polonia.  

-¿Qué habrá pasado?

Aún se siguen investigando las razones exactas del siniestro pero ya la Marina de Guerra de ese país precisó que el fuego se inició en la sala de máquinas. Apenas me llegó esta noticia, lo primero que me vino a la mente fue el experimento con etanol que ellos realizaban para reducir el consumo de combustible y generar energía. Recuerdo un largo tanque relleno de un inflamable etanol muy cerca del generador por lo que cualquier corto circuito que desate una chispa podría desencadenar una fatal explosión como la que pasó hace unos días. Esa es mi hipótesis, una chispa al etanol, pero habrá que esperar el resultado oficial.

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Después de una larga caminata por Palermo regresé a la habitación que compartía con Liliana. Apenas llegué se acercó a mi. 

-Suboficial Vieira y Lopes dos Santos. ¿Los conoces?

Fue una sensación rara escuchar esos nombres. De pronto sentí un vacío en el estómago al confirmar que se trataba de los fallecidos pero también algo de alivio al no poder ser capaz de ubicar sus rostros. Ese viernes no quise saber más. 

Al día siguiente, en el avión de regreso a casa, nos repartieron "El Mercurio" de Chile, cuya portada era la tragedia brasilera en la Antártida. Todos los expedicionarios nos sumergimos en la lectura. 

¿Quién viaja hasta el último rincón del mundo a morir? ¿Quién muere caliente en el continente más frio de la tierra? ¿Quién arriesga su vida por salvar una base que nadie ve? ¿Quiénes son estas personas? Y sobretodo, ¿qué salió mal? 

Recién casi una semana después de regresar al Perú me animé a buscarlos por internet. Sabía que los reconocería. Eran solo 57 personas en la estación Ferraz. Tenía claro que me los había cruzado en alguna visita, que era alguno de los rostros anónimos al que les tomé una foto o algún tipo espontáneo que dejó un mensaje para mi cámara. Dicho y hecho, así fue: los reconocí. 

En un inicio se pensó que las dos victimas estaban trabajando en la sala de máquinas cuando ocurrió el desperfecto pero las noticias posteriores descubrieron su heroica labor. El suboficial Carlos Alberto Vieira y el sargento primero Roberto Lopes dos Santos murieron intentando rescatar al resto del personal atrapado por el fuego. Dieron su vida por la de otro. Sin dudar arriesgaron sus cuerpos a favor de su misión: proteger y resguardar la base científica brasilera que, en esos momentos, se encontraba en serios problemas. Eso es de valientes. Ahora sé quiénes son y lo que hicieron.

Familia austral

Cuando convives con otros países en el último lugar del mundo, donde no existen otras personas en varios metros a la redonda, Brasil, Polonia y Estados Unidos se convierten en tus vecinos, tus amigos, tus hermanos, tu familia y la base que te cobija de ese frío es sencillamente Tu Casa. 

Nunca antes en la historia antártica se registró un suceso de tal magnitud. La cooperación siempre había sido en circunstancias manejables, pero esta vez todos tuvieron que reaccionar rápido. Algunos heridos fueron evacuados a Artowski, la base polaca donde el doctor -de 24 años- tuvo que prestar los primeros auxilios. Luego todo el personal brasilero -menos 10 personas que se quedaron a apagar el incendio- fueron trasladados a Frei, la base chilena. Desde ahí,  el mismo avión hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina que nos llevó a todos los peruanos hasta Buenos Aires fue el encargado de repatriar los cuerpos y trasladar a los sobrevivientes del accidente. 

Argentina, Chile y Polonia agilizaron sus movimientos para el rescate. Perú, por su parte, había dejado la Antártida dos días antes por lo que no intervino directamente, pero apenas se supo la noticia la Cancillería peruana se comunicó con el Gobierno brasilero para ofrecerles nuestra base -que es la más próxima- en caso necesiten de un refugio. 

Una vez en Río la presidenta Dilma Rousseff hizo una ceremonia en memoria de estos héroes y anunció su "firme disposición" para reconstruir la nueva Estación "Comandante Ferraz". Se sabe que el próximo verano austral comenzarán con la construcción y para ello el personal de la Marina de Guerra instalará carpas y trabajará de acuerdo al diseño y el grupo científico pedirá a las otras estaciones antárticas apoyo en trabajo y alojamiento. 

Este episodio tiene que servir a todos países que laboran allá para prevenir y entrenar a su personal para estos escenarios. Es diferente enfrentar cualquier tipo de accidente en un continente extremo donde no hay bomberos y los extintores o la enfermería están dentro de la estación. El incendio fue a las 2 de la madrugada, la mayoría dormía y la calefacción hace que tu pijama sea un short y un polo suelto. Tal vez logres escapar del fuego pero una vez fuera podrías morir de una hipotermia. 

Los accidentes son tan fortuitos como la propia suerte, pueden presentarse en cualquier momento y tenemos que tener la capacidad de manejarlos. La Base Machu Picchu en la última semana de la expedición también nos dio un pequeño susto. Eran las 11 de la noche cuando empezó a oler a quemado cerca de nuestro cuarto (el de las chicas). Los que aún quedábamos despiertos fuimos a verificar nuestras habitaciones, los enchufes, los calefactores, el baño y todo rincón cercano al olor. Yo sin pensarlo dos veces hice una mochila con mis cámaras, mis discos duros y la computadora, pensando rescatar mi trabajo, pero al comentarlo con mis compañeros me di cuenta de que había olvidado el agua, los guantes, una casaca y zapatos. 

Los simulacros de evacuación en caso de desastre en esa fría zona deben ser tomados con más seriedad por los gobiernos y no solo concentrarse en la supervivencia en el mar, que es uno de los momentos de mayor riesgo, sino también en los peligros de la tierra y de la falla humana. 

Este post va dedicado a todos los héroes anonimos que existen en la tierra y sobre todo a esos dos rostros que alguna vez pasé por alto y que ahora se quedarán en mi memoria. 

Uno de los primero reportes que vi: (CNN Chile)

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