Cuestiones del fin del mundo

Denisse Sotomayor

Soy periodista y fotógrafa independiente y espero seguir siéndolo toda la vida. Me apasionan las historias extrañas y las situaciones extremas. Tengo la convicción que para saber y aprender hay que vivirlo, por eso hoy estoy a 3mil 200 millas de casa, sufriendo y gozando lo que significa llegar al continente menos explorado del planeta tierra: La Antártida.

Este espacio es un gran nexo entre el Perú y la Base Científica Machu Picchu que opera desde 1989 en la Antártida. Hasta aquí llegan nuestros compatriotas todos los veranos australes para izar la bandera, realizar estudios científicos y labores de logística en nombre de la patria.

Por fin, mujeres

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Nunca pensé decir que preferiría compartir mi cuarto. Nunca pensé extrañar a personas que no conozco. Nunca pensé decir que necesitaba una conversación entre chicas y tampoco imaginé que convivir con un batallón de hombres del ejército podría hacerme añorar la civilización y sobretodo a los civiles.

Hablar es una de mis catarsis preferidas. Decir cualquier cosa, pensar en lo que sea y darle mil vueltas a lo mismo hasta llegar a solucionarlo, entenderlo o simplemente exteriorizarlo. Durante más de veinte días miraba a todos lados y encontraba tenientes, capitanes, mayores, técnicos, etc. Todos se tratan de usted -porque el grado no se pierde ni el ultimo rincón de la tierra- y ser llamada "señorita" dificulta la cercanía. 

Los ronquidos me volvían loca. A estas alturas y con la llegada de 10 hombres más eso se ha intensificado pero felizmente ahora tengo compañeras con quien quejarme de eso o conversar hasta que el sueño te vuelva sorda. 

Debo confesar que los últimos días antes de la llegada de los científicos estuve al borde del colapso. Las dos primeras semanas todo era nuevo y los chicos siempre se portaron muy bien conmigo -y lo siguen haciendo- pero los días pasaban y laboralmente yo no tenía novedad. La construcción avanzaba siempre en el mismo lugar y con las mismas 19 personas. Aprendí de electricidad, de tuberías, de soldadura y en las noches aprovechaba para ver una película. Traje casi 20, ya empezaba a repetirlas y no existía posibilidad de pedir prestada alguna. 

Les explico. Después de la cena se reúnen en la sala a ver una película con canchita y gaseosa. Al principio yo era la primera sumergida en el sillón hasta que advertí sus opciones visuales. "Conan I, II y III", "Duro de matar I y II", "Inframundo I y II y la venganza de no sé qué planeta", todos los capítulos de "Caballeros del Zodiaco", "Terminator", "Depredador", entre otros. 

Sangre, soldados, acción, secuestros, pistolas, fuego, explosiones y un largo y masculinísimo etcétera. No soy de las chicas que adoran las películas románticas y las historias chiclosas pero la ciencia ficción y la híper acción no son de mis géneros preferidos. Sin embargo, podría soportar una que otra, pero lo que las hace irresistibles (en todo el sentido negativo de la palabra) era escuchar a Bruce Willis ensangrentado seseando: "Hoztia tío, eztamoz en problemaz". Las películas dobladas le quitan toda seriedad a la trama, ridiculizan el guión e idiotizan a los actores. El movimiento de la boca nunca coincide con el sonido y a veces termina una escena y se sigue discutiendo en la siguiente como una voz en off.

Agradezco a todos los Apus que me gusta la cumbia, el huayno y el reggaetón porque sino sin duda se hubiese registrado el primer suicidio antártico. Cual Alfonsina Storni hubiese caminado mar adentro hasta morir ahogada o de hipotermia.  

El insomnio es mi mejor amigo desde la secundaria y, según yo, mi cuerpo funciona mejor durante la noche o mejor dicho, cuando todos duermen. He comprobado que aquí, a pesar de que no existe la oscuridad, invertir el horario es mi especialidad. 

De mitad en mitad fui acabando el blíster de Alprazolam que gentilmente una amiga me regaló y ya he cortado y escondido la mitad para las "noches de febrero". Por más que trato de acostumbrar a mi cuerpo a mantenerse en una rutina de trabajo normal y mortal, no lo consigo. Me despierto inesperadamente en las claras madrugadas, doy vueltas por la casa, me lavo los dientes, me hago tratamientos faciales, escribo o edito fotos -que nunca puedo colgar- y solo espero llegar a Lima para mostrárselas. 

Imaginen tener que delimitar el territorio donde vives. Salir a la puerta de tu casa y ver las fronteras del Perú dando solo una vuelta sobre el mismo punto. Entender que por seguridad no puedes salir sola y que tendrías que cruzar más de 20 minutos en un mar congelado para avistar nuevos rostros. (Previa coordinación con el jefe de la expedición, los motoristas y una sustentada justificación de la salida) 

Si en la ciudad necesitas un respiro puedes caminar por el malecón, ir a la bodega a hablar con la señora Katy, llamar a un amigo, comprar chicles en la esquina, leer los titulares del kiosco, ver las ofertas del grifo o sentarte en una banca de cualquier parque a ver como juegan los chibolos, como chapan las parejas, como cagan las palomas o como contaminan los cientos de carros que pasan frente a ti. Ese horrible claxon, ese Jirón de la Unión abarrotado de personas y de sonidos indistintos o ese rico Metropolitano a las seis de la tarde, son música para mis oídos. 

Los constantes likes en Facebook, el spam en gmail, las insistentes llamadas de alguna persona no grata, las pésimas noticias de los noticieros, los virales y hasta los virus ahora me harían sonreír. Aquí no tenemos internet, no existe la señal de televisión, tampoco de radio, no llega ningún periódico y solo tenemos cinco minutos a la semana para hablar con nuestros familiares vía teléfono satelital. Así que tú eliges si los repartes en 42,85 segundos diarios o como gustes. 

Han pasado casi 30 días antes que mis queridas roomates, las biólogas Liliana Ayala y Paola Garate, llegaran. Estoy segura que de los 20 expedicionarios que estuvimos aquí desde el 28 de diciembre del año pasado fui la más feliz con la llegada de esas 11 personas que arribaron a alterar la rutina en la que nos encontrábamos. 

En estos días me levanto por la mañana y pregunto qué hará cada especialista. A veces me provoca salir con todos. En términos periodísticos, las comisiones se cruzan pero para mí esto es una buena noticia. 

El cartógrafo establece puntos geodésicos para crear un mapa del Perú antártico, el ambientalista va midiendo diariamente los rayos UV B, que aquí se disparan, los meteorólogos registran minuto a minuto el cambiante viento y las bajísimas temperaturas. A lo lejos, en los zodiaks, los biólogos extraen muestras del fondo marino y en la orilla mis queridas roomates biólogas observan durante horas los cuatro nidos de gaviotín que están frente a la Estación. Los cuidan con un recelo propios de una madre. No dejan que nadie se acerque, han logrado cambiar la ruta por donde transitaba nuestra única camioneta y se molestan si alguno de nosotros incumple esas reglas ya que los padres gaviotines se ponen nerviosos con la presencia humana y en el peor de los casos podrían abandonar el nido. 

Mi lente de 300mm no me alcanza. Como periodista siento impotencia por no poder conseguir una mejor toma pero rápidamente me acuerdo de unas líneas que el jefe científico, Rogelio Villanueva, escribió de la expedición pasada (2009) en el libro de visitas donde todo el que pasa por aquí deja un recuerdo por escrito. 

"La Antártida es el único lugar de la tierra donde no nos cuesta reconocer que somos intrusos. De pronto se nos quita la soberbia porque es evidente que el hombre no es la especie que domina el planeta. Aquí aflora nuestra enorme falta de conocimiento y nuestra insignificancia frente a la naturaleza" 

Lo entiendo y estoy feliz por todo lo vivido y aprendido. Aquí icé por primera vez mi bandera. Aquí canté el Himno completo con unas ganas de que en Perú me escuchen. Aquí valoré el agua, el pan, una fruta y hasta una buena conversación.

Estoy feliz también porque los científicos arribaron por fin y tengo harta chamba que me mantiene alejada del insomnio y que me brinda nuevas historias que contar. Ahora ando a la espera de que los medios se interesen cada vez más en difundir y conocer a estos anónimos compatriotas que en el Polo Sur superan toda adversidad con el único objetivo de cumplir una misión en nombre de la patria.  

Con todo los altibajos que aquí se producen nunca cambiaría esta experiencia de vida. Desde el primer momento en el que tuve delante estas montañas antárticas y estos irregulares témpanos sigo pensando que es el lugar más hermoso donde alguna vez estuve. Espero tener la fortuna de repetirlo pero la próxima vez traería más películas, un boom y hartas chelas (aquí no hay). 


8 comentarios

Cuando te hartes de la rutina (que espero no sea pronto) encontrarás por aquí el festival de sonidos, humos, smock, metropolitanos para que te relajes. Slds!

Hace tiempo que no me paso por peru21 y me encuentro con esto , que buena idea contactar una estacion peruana en el continente mas inclinado en el mundo. Francamente la aventura ahi debe ser excintante conocer un ecosistema unico y extremo en el mundo pocos pueden llegar ahi .

A medida que leia me emocionaba, realmente eres afortunada para experimentar este tipo de situaciones aun cuando extrañes otras, pero estas cosas enriquecen la vida, le da un sabor distinto. Creeme Denisse que recien hoy he leido este blog y esta buenazo. Animo que se vienen mas aventuras y tendras que contarlo y no te afanes tanto de las cosas de aca que a veces hay que hacer tripas corazon para no desmayar en ser optimista y seguir adelante.

Es cierto lo que dices Denisse, esta experiencia por mas dura que sea en el aspecto de tener que dejar a tu gente y aislarte de todo, te marcará y enseñara cosas que ya nosotros quisiéramos saber.
Aprovecha esta soledad y escribe, como lo vienes haciendo, quien sabe y logres sacar una pequeña enciclopedia de esta gran aventura, en un futuro próximo.
Eso sí para una próxima vez, surtete de mas pelas y unos buenos libros que en estos momentos no te
caerían nada mal.
Saludos y exitosss.=)

buena primaaaaaaaa

Genial testimonio Denise, tambien senti mucho de ello cuando estuve por alla, un casi completo intruso

he reido y emosionado hasta el llanto... para saber debes experimentar... que bueno que a tu corta edad te des cuenta... sigue escribiendo xf... seguiré leyendo y llorando... desde Tortugas tu tío el mas lindo.

Que envidia el saber que puedas disfrutar de estas experiencias que nunca se olvidarán. Espero con ansias que nuevamente nos cuentes nuevas aventuras.Sabemos que es bastante difícil el poder ir a una estación y escribir y enviarnos tu columna y estas bellas fotos más seguido y transportarnos con la imaginación hasta donde estás, y percibir como tu que la verdad es la naturaleza quien domina esta parte del mundo y nosotros somos unos simples intrusos.. Saludos

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