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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Pájaros en llamas

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Dos accidentes de aviación dejan desconsolados a los familiares de las víctimas pero, al mismo tiempo, los obliga a cambiar su visión del mundo. ¿Es necesario que alguien fallezca para que los demás aprendan a vivir?

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           La mujer no tenía forma de saber pero lo intuía: una pena enorme de pronto la asfixiaba y hacía llorar frente al hombre a quien perdería unos días después.
           En otro instante creyó adivinar una despedida definitiva: la mañana en que su novio salió rumbo al aeropuerto e hizo algo que nunca hacía: le entregó una copia de las llaves del auto.
           Por todos lados aparecían señales de una muerte que más de veinte años después todavía recordaría. O más aún: que le daría forma al resto de su vida.

                                                         *****

─Por su carácter testimonial, esta obra me resulta como asistir a una fiesta de disfraces en Halloween vestido de mí mismo y saber que de todas maneras es un disfraz.
           Fernando Verano agrega:
           ─Es como actuar lo que fui en algún momento de mi vida y traer al presente algunos recuerdos y sensaciones.
           En escena, el actor describe no una pérdida suya sino ajena: la de su padre, cuya esposa e hijos fallecieron en un accidente de aviación en 1971 en la selva peruana. Pero hubo algo de esa adversidad que sí le tocó a él varios años después, al nacer de la segunda esposa: fue bautizado con el nombre del hermano desaparecido.
           Fernando Verano nunca supo si Fernando Verano realmente había muerto para su padre.
           Solo sabe que, en cierto modo, ese acto de homonimia forzada ─y el volverse a casar─ le permitió a su progenitor continuar sus días con cierta serenidad.
           El señor falleció cuando el actor tenía una edad en que aún no estaba preparado para preguntarle muchas cosas.
           Hoy el hijo dice:
           ─Para mí, narrar esta historia es una suerte de ficcionalización personal para poder estar contento de quien soy.

                                                          *****

En la obra nada es inventado salvo que uno empiece a desconfiar de lo que se recuerda.
           Mariana de Althaus convocó a Marisol Palacios y Fernando Verano para que participaran de un proyecto de teatro testimonial: cada uno debía describir en público sus experiencias reales a partir de las dos tragedias que ─directa o indirectamente─ debieron vivir.
           Ese era el punto de partida pero no la razón del montaje.
           ─Desde los ensayos postulamos que la obra fuese una especie de ritual, una ofrenda a nuestros familiares fallecidos pero con una carga celebratoria ─dice la directora.
           Solo con esa perspectiva es que podían superar ese temor de hablar de algo tan delicado para cualquiera: la muerte de las personas a quienes más se quiso alguna vez.
          ─Quería que lo narrado llevara al público a un lugar desde donde también pudiera observar sus experiencias de pérdidas personales, pero de una manera constructiva.
           Y luego Mariana de Althaus confiesa que en el proceso tuvo que dejar mucho de lado: detalles que en los relatos simplemente resultaban indecibles.
           Si los dejaba en la obra, corría el riesgo de que el espectador quedara envuelto en su propio dolor.

                                                          *****

Los protagonistas no están solos en escena: los acompañan otros tres actores que, en el programa de mano, son descritos como sus «ángeles guardianes».
           ─Los acompañamos desde los ensayos hasta las funciones ─dice Lizet Chávez─. Los escuchamos, rescatamos y acogemos sus vivencias porque, al ser tan íntimo lo que narran, sabemos que pueden sentirse muy vulnerables.
           La actriz, al lado de Alberick García y Gabriel Iglesias, comparten los relatos de Fernando Verano y Marisol Palacios: la complementan y al mismo tiempo fungen como un espejo a partir del cual se fragmentan las historias.
           Sus voces corales ─lejanas y cercanas a la vez─ muchas veces anticipan lo que está por suceder en la obra y al mismo tiempo la des-dramatizan: de alguna manera son el destino de los personajes y también su soporte.
           ─Ellos son la extensión de mi voz ─dice Mariana de Althaus─. Es cierto que los protagonistas narran, pero yo también lo hago a través de los «ángeles» porque, al plantear el guion, le impuse a la obra múltiples lecturas y ángulos de abordaje.
           Y dice:
           ─Lo vital es que Fernando y Marisol tuviesen apoyo para recordar de forma contenida.
           Este es el porqué: basta pensar en que te ofrecen una pista para abrir una puerta en el pasado pero no te dicen cómo mirar ni te guían: la soledad resultaría demoledora.
           ─A veces, en plena función, los protagonistas se percatan de nuevos detalles que no notaron en su momento, y tienen ciertas reacciones interiores ─dice Lizet Chávez─. En esos casos nuestra tarea es traerlos a la realidad: no dejar que se ensimismen en sus pensamientos.

                                                          *****

─Sucede, sí: hay ciertos momentos durante la obra en que se abren ciertas grietas de tanto revisitar los recuerdos ─dice Fernando Verano.
           Revisitar: pensar, repensar y repetir en su mente las escenas de lo que vivieron antes. Y entonces, con asombro, descubrir nuevos sentidos.
           Quién sabe si también hay algo de involuntaria fantasía en ello.
           ─No lo dudo, es posible que agreguemos algo de ficción a nuestros recuerdos ─dice el actor─. La misma raíz de la palabra latina recordar es «pasar por el corazón»: si a tus experiencias le das una mirada personal, definitivamente le agregarás algo subjetivo.
           ─Sé que cuando uno reconstruye puede fantasear, y sí, esta obra, por muy testimonial que sea, también es una ficción: es una versión de hechos reales filtrada por una directora que decidió qué cosas van y omitió otras, y a la cual dio un orden de narración específico ─dice Mariana de Althaus─. Una acción así, por supuesto, distorsiona cualquier realidad.

                                                          *****

Algo en apariencia inofensivo como la música fue un dolor de cabeza para los productores de la obra: ninguna canción encajaba y no fue fácil localizar un instrumento que no conmoviera innecesariamente. Temas con sonidos de pianos y guitarras demasiado evidentes pronto quedaron desechados.
           Esa misma sobriedad se refleja en cada elemento de lo que se muestra en escena, y lo mismo sucede con los movimientos sigilosos de los actores: cualquier cosa no prevista chirriaría en el mundo de las confesiones.
           Es lo que exige el respeto por los seres queridos que ya no están aquí.
           ─Lo que encontramos en esta propuesta es que, una vez pasado el dolor, vives de manera más real ─dice Lizet Chávez─. Es decir, no es que te sobrepongas a la pérdida ni la dejes de lado: aprendes a vivir con ella y todo lo que eso implica.
           Mariana de Althaus, por su parte, asegura que no espera encontrar sentidos a la vida y la muerte: es una perfecta descreída. Pero lo que entiende de estas revelaciones es que la muerte, paradójicamente, permite ordenar nuestra escala de valores y comprender más la vida.
           ─Carlos Castaneda, al recordar las enseñanzas de su chamán, explicaba que la muerte está allí donde termina tu brazo extendido: cuanto más cerca esté de ti, más pronto te tocará ─dice Fernando Verano.
           Y entonces Lizet Chávez agrega:
           ─En cierto modo, tus seres queridos fallecen para que tú puedas reconciliarte con la vida. Y eso es un regalo.



           Pájaros en llamas
de Mariana de Althaus.
           Producción: Centro Cultural de la PUCP.
           Dirección: Mariana de Althaus.
           Elenco: Marisol Palacios, Fernando Verano, Lizet Chávez, Alberick García y Gabriel Iglesias.
           Lugar: Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075. San Isidro)
           Horario: De jueves a lunes a las 8 p.m.
           Entradas: S/. 55 (general) y S/. 25 (estudiantes). Lunes populares: S/. 40.
           Temporada: Hasta el 10 de julio de 2017.

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