RSS

Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

La extravagancia

Compartir:

Tres hermanas se odian al punto de olvidar la existencia de su familia. Sin embargo, un dilema las martiriza: ¿se detestan porque una envidia a la otra o porque no soportan verse reflejadas entre sí como en un espejo?

afiche extravagancia-ed.jpg

Debe haber sido entre los años 1505 y 1510, aproximadamente. Hieronymus Bosch pintó siete escenas sobre una mesa circular de madera en las que se representaban los pecados capitales bíblicos. La vida se le iba acabando y el artista quería explicar cómo las ofensas a Dios salpicaban la vida cotidiana del hombre medieval casi de manera involuntaria.

Siglos después, El Bosco sería recordado como el delirante holandés que en nombre de la moralidad cristiana imaginó los demonios más angustiantes de la historia del arte.

Pero en este caso la pintura no recoge ninguna imagen infernal: por el contrario, son estampas de un día cualquiera en un mercado de la época o de un paseo en el bosque o en una cena adornadas con frases del tipo «Cuidado, Cristo todo lo ve». A partir de ese óleo hoy expuesto en el Museo del Prado, al dramaturgo argentino Rafael Spregelburd se le ocurrió proponer una heptalogía personal ─una serie compuesta de siete obras─ en la que retrata otros nuevos pecados en correlación con los anteriores, pero mucho más contemporáneos: más siglo XXI.

La extravagancia es uno de ellos.

 

                                                        *****

 

A un nivel muy simple, la historia transcurre así: tres hermanas nacen al mismo tiempo pero una fallece. La madre, que no se hace la idea de la pérdida, adopta un bebé. Las tres niñas crecen juntas, ignorantes de quién es la acogida: la madre también decide olvidarlo al quemar sus certificados de nacimiento. Llega un momento, ya adultas, en que ciertos recelos alejan a las trillizas hasta que reciben una noticia del padre al que nunca llaman padre: la madre sufre una enfermedad mortal que, definitivamente, heredarán las que comparten sus genes. Entonces se inicia una investigación ─con una mezcla de suspicacia, pavor y desconsuelo─ sobre la identidad de la única hija que sobrevivirá.

Eso llevará a las hermanas a compararse entre sí y a odiarse.

Cada una se redescubrirá en la otra.

Hasta allí transcurre la historia en su nivel más elemental y básico. Pero ese será el punto de partida de otra mucha más intrincada, compleja y sembrada de vacíos intencionales: una donde la extravagancia ─la multiplicidad de sentidos, la fragmentariedad de personalidades, los saltos en el tiempo y el espacio, la turbiedad de lo inconfesable─ se corresponde directamente con la envidia tal como lo entendía El Bosco.

 

                                                            *****

 

«El pecado es siempre una desviación: la línea recta es vigilada celosamente por una moral determinada. Pero el límite entre la recta y la curva es muy vago a veces. Todo pecado es la exacerbación de un instinto natural de supervivencia. Comer es necesario, pero hacerlo en exceso es pecaminoso. Admirar al prójimo es loable, pero envidiar es un desastre. Ganarse el pan es fundamental, pero acumular más es pecado. Y así con todos ─dijo alguna vez Rafael Spregelburd en una entrevista─. Estamos expuestos al pecado por nuestra propia naturaleza humana. Y la idea de control social que ofrece el pecado es útil, muy útil, a los poderes de turno. Pero es un sistema que hace aguas por todas partes».

La estupidez, el pánico, la paranoia, la inapetencia, la terquedad y la modestia son las otras transgresiones modernas que identifica el autor de La extravagancia.

Carlos Tolentino ─el director de la obra que no pierde de vista que el escenario del «pecado» es una familia donde cada uno de los integrantes se ha dispersado a su suerte─ explica que en la obra se plantea la incapacidad del ser humano para pertenecer a una familia y sentirse inadecuado ante cualquier voluntad que requiera manifestaciones de afectos.

─La experiencia de pertenecer y ser una familia es algo que, como en cualquier relación, exige un constante ejercicio de desapego. Poder evolucionar de manera sana en cualquier  familia implica que cada integrante sea aceptado por lo que es, sin tener que renunciar a su naturaleza de ente indivisible.

 

                                                             *****

 

Una de las hermanas es una lingüista que noche a noche luce sus conocimientos en un programa cultural de televisión. La otra es una reconocida escritora de libros de ficción que en la más absoluta soledad elucubra sobre el destino de sus personajes. La tercera es una femme fatale que intenta demostrar que nadie le interesa.

Cada una intenta mostrarse muy segura de sí misma, aunque por momentos afloren en ellas otras personalidades que ─curiosamente─ coinciden con las de sus hermanas. O quizá esto último no sea casualidad.

En una escena, el personaje de una mujer tullida y enfermiza que habla con voz lúgubre y quebrada se convierte por instantes en una mujer seductora y radiante que deja atrás todos sus achaques.

Un ligero rasgo de neurosis se percibe en esas transformaciones.

─Y allí está la gran pregunta: ¿ese personaje que surge de la nada es su subconsciente o alguna de sus hermanas? ─agrega Norma Berrade.

La directora adjunta de la obra explica que es como cuando te encuentras en una clase de teatro y te preguntan cómo quieres que te vea el público y cómo crees que te ve el público ─dos cosas muy distintas─, y cómo te sientes ante los resultados.

─Algo similar ocurre con ella: el que crea saber cómo la ven o cómo quisiera que la vieran no es más que el reflejo y el producto simbólico de la convivencia con sus otras dos hermanas.

 

                                                           *****

 

Ni siquiera la agonía de la madre será tan importante como la rivalidad que las hermanas sienten por ser como son.

─Para mí está claro que la transformación de una en otra es cómo quisiera que los demás la asuman ─dice Cécica Bernasconi─. Pero yo no creo que todo esté tanto en la cabeza de la escritora como sí de la femme fatale.

La actriz encarna a los tres personajes que se cruzan de manera alternada todo el tiempo.

«Mi mundo es fragmentario porque los individuos somos fragmentarios: somos un cúmulo de cosas diferentes», ha explicado Rafael Spregelburd en otra entrevista sobre el porqué de sus protagonistas ambiguos. Tal vez por eso no existe un único hilo conductor en su obra: solo guiños al espectador en los que una hermana pasa a vestir lo de otra pero sigue siendo ella y al mismo tiempo se anula, por ejemplo.

La tercera hermana, la presentadora de televisión, aparece como un coro griego que desde la pantalla matiza la emotividad de la situación con dosis de una lógica hermética y desconcertante.

─Es obvio que cada una de las tres mujeres sufre cierta neurosis ─dice Cécica Bernasconi─. Y es así porque las tres por separado están buscando saber quiénes son, primero consigo mismas, y luego ante el mundo.

Los movimientos de las hermanas recuerdan esas capas superpuestas que las personas se colocan para desenvolverse en familia, con la pareja o en la oficina, y que en ciertos instantes las limitan tanto al punto de hacerlas estallar.

A veces las identidades se convierten en camisas de fuerza.

 

                                                            *****

 

            ¿Qué envidian realmente estas tres hermanas?

            ─No lo sé realmente ─dice Norma Berrade─. ¿Su salud? ¿Su belleza? ¿Su bondad? Quizá sea el hecho de no comunicarse nunca lo suficiente entre ellas. O de considerar que no son lo suficientemente importantes ante los demás.

            Es posible que estemos frente a envidias mucho más profundas vinculadas a la relación con la familia, agrega: tal vez porque papá prefería a alguien de pequeña. O porque mamá deseó proteger a una en especial de las otras dos.

─Creo que se trata más de una envidia no tanto material como simbólica: la envidia del ser del otro, la envidia del concepto que tienen las otras hermanas sobre quién es ella ─finaliza la directora adjunta.

Una envidia que casi lleva a devorar a la otra. A desear su desaparición.


 

La extravagancia de Rafael Spregelburd.

 

Dirección: Carlos Tolentino.

Dirección adjunta: Norma Berrade.

Producción: Asociación Cultural Artistas Unidos - Teatro de Lucía.

Elenco: Cécica Bernasconi.

Lugar: Teatro de Lucía (Bellavista 512, Miraflores, frente al Británico).

Horario: De jueves a lunes a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.

Entradas: En Teleticket de Wong y Metro y en boletería de la sala.

Temporada: Del 16 de febrero al 6 de marzo de 2017.

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.